Por qué las amistades pueden ser más importantes que la familia a medida que envejecemos

Un nuevo estudio ha encontrado que las amistades pueden tener un impacto mucho mayor en nuestra salud general y en nuestra felicidad a medida que envejecemos que el que podrían tener nuestras familias, lo que sugiere que vale la pena invertir en esas relaciones ahora, por lo que estarán con nosotros por un largo período.

“Las amistades se hacen aún más importantes a medida que envejecemos”, dice el psicólogo William Chopik de la Universidad Estatal de Michigan.

“Mantener a unos cuantos muy buenos amigos puede significar una gran ayuda para nuestra salud y bienestar. Así que es inteligente invertir en las amistades que te hacen más feliz”.

Eso no quiere decir que uno debe abandonar su familia. Todos sabemos que las amistades pueden desmoronarse en algún momento. Pero la evidencia sugiere que debemos tener en cuenta que las relaciones que no elegimos pueden tener menos impacto en nuestras vidas a medida que envejecemos, que las que sí elegimos.

Para averiguar esto, Chopik analizó la información de una encuesta sobre relaciones y autoestima que nucleó a 271.053 participantes en todos los grupos de edad de casi 100 países de todo el mundo.

A continuación, comparó los resultados con una encuesta independiente sobre los vínculos, las tensiones en las relaciones y las enfermedades crónicas, que involucró a 7,481 adultos mayores (mediana de edad de 68 años) en los EE.UU.

La primera encuesta reveló que, en general, aquellos que valoraban tanto sus relaciones familiares como las de amistad, gozaban de mayor salud y mayor felicidad.

Entre los participantes mayores, valorar las amistades se convirtió en un predictor más fuerte de salud y felicidad que valorar a la familia

La segunda encuesta llevó aún más lejos esta noción al revelar que las amistades tienen una influencia mucho mayor en nuestro estado físico y emocional a medida que envejecemos que nuestras relaciones familiares.

Esto puede ser simultáneamente algo bueno y malo, porque si nuestras amistades son impresionantes y nos brindan apoyo, es más probable que estemos más felices y libres de problemas de salud que si obtenemos solo el apoyo de los miembros de su familia.

Pero esto también ocurre en el otro sentido, porque si las amistades se convierten en una fuente de estrés en una edad avanzada, es más probable que experimentemos enfermedades crónicas, como presión arterial alta, diabetes, cáncer o enfermedad coronaria.

Curiosamente, se encontró que las relaciones familiares con personas distintas de los cónyuges e hijos inmediatos tienen poca influencia sobre la salud y el bienestar de los individuos en la edad adulta mayor en ambas encuestas

“Las amistades son muy influyentes – cuando los amigos fueron la fuente de tensión, los participantes reportaron más enfermedades crónicas, cuando los amigos fueron la fuente de apoyo, los participantes fueron más felices”, informa Chopik en su estudio.

“Este hallazgo es consistente con la investigación anterior mostrando que la calidad de la amistad a menudo predice la salud más que la calidad de otras relaciones”.

Hay una serie de limitaciones importantes en este estudio, como el hecho de que las mediciones se basan en los auto-reporte de felicidad, lo que no es una medida objetiva. Por otro lado, a las distintas enfermedades se les dio el mismo valor. Para este estudio resultó tener el mismo peso una hipertensión que el cáncer.

Pero los resultados reflejan lo que muchos de nosotros probablemente ya experimentamos, incluso antes de llegar a la “vejez”, nos beneficiamos de nuestros amigos porque podemos elegir a los que nos hacen sentir más felices, mientras que la familia a menudo puede venir como un equipaje ineludible y un consecuente estrés.

El hallazgo apoya un estudio similar de 2005, que encontró que los australianos de 70 años de edad o más tendían a vivir mucho más tiempo si tenían amistades más fuertes.

Una red de buenos amigos estuvo vinculada a una reducción del 22 por ciento en el riesgo de morir durante el período de seguimiento de 10 años del estudio, en comparación con los lazos cercanos con niños o familiares

Por lo tanto, si bien estos estudios como estos no pueden predecir nuestro futuro como individuo,  proporcionan un consejo muy valioso: no dejemos de disfrutar de las relaciones de amistad, en ningún momento de la vida.

La familia siempre será nuestra sangre, pero las amistades que hacemos ahora podrían acabar siendo una inestimable inversión para la salud y la felicidad más tarde.

“Las amistades nos ayudan a evitar la soledad, pero a menudo son más difíciles de mantener a lo largo de la vida”, dice Chopik.

“Si una amistad ha sobrevivido a la prueba del tiempo, sabes que debe ser buena – una persona a quien recurrir para obtener ayuda y consejo a menudo y una persona que sin duda queremos que forme parte de nuestra vida”.

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