Tres cartas a un hijo alumbran cómo cambiaron las cosas en cien años

1919

Adorado hijo:

Le envío estas líneas deseando que al recibirlas se encuentre sano, bien alimentado y disfrutando la oportunidad de continuar sus estudios. Sepa que en el hogar han ocurrido algunos cambios desde su partida.

Como usted también recibe noticias por sus compañeros, sabrá que el pueblo sigue creciendo. No cesan de llegar familias de inmigrantes que, además de sumarse al trabajo en el campo traen consigo numerosos niños, por lo que la población aumenta cada día.

¡Dios ha escuchado nuestros ruegos! La gran guerra finalmente ha terminado y al fin los pueblos recuperarán la concordia para siempre. Nada podía producirnos más alegría. Las cosechas prometen ser generosas este año y, con la ayuda del cielo, no tendremos plagas de langostas. Rezamos por ello.

Su querida madre lo extraña como el primer día y vive rogando porque vuelva a visitarnos, aunque comprende que estudiar en la ciudad es lo mejor para su futuro, y se resigna. También su hermana me ruega le envíe saludos.

Gracias a Dios la vemos crecer fuerte y sumisa, y debo enterarlo que finalmente se ha decidido su futuro. Fue aceptada por la congregación y en el próximo verano se incorporará como novicia, destinando su amor a Nuestro Señor.

Por mi parte, sigo orgulloso de usted; de su esfuerzo por sostener el estudio como un valor; por ello le auguro un futuro venturoso. Sin más, reciba un fuerte abrazo de

Su padre.

1946

Querido hijo:

¡Qué alegría nos dan tus cartas! Con tu madre pensamos cada día en vos, viviendo en una ciudad tan diferente al pueblo. Por la radio nos enteramos de los cambios políticos, las nuevas ideas… Y vos, en medio de eso… Debe ser emocionante.

¡Qué plato las anécdotas que contás sobre tus compañeros! ¡No dejes de escribir; tenés una pluma inspirada! Aquí los jóvenes siguen emigrando en masa, buscando trabajo en otros pueblos; como dicen, nadie es profeta en su tierra.

El trigo vino como nunca este año, pero sabrás que las ganancias quedan para los patrones, y nosotros igual… sudando la gota gorda. Tenemos esperanzas en el nuevo presidente, que habla de defender los derechos de los trabajadores, de la justicia social. Ojalá cumpla las promesas. El fin de la guerra nos tiene felices, aunque las noticias que recibimos son confusas; no sabemos de verdad cuánto horror hubo allá. Para alegría de la familia, tu hermana se ha comprometido con el novio de siempre.

Es un chico respetuoso y ya presentó a sus padres: ¡macanudos! Hablan de confites a fin de año, si lo confirman en la fábrica.

Hijo, estamos orgullosos de vos, y no vemos la hora de volver a abrazarte. Te extrañamos con el alma.

Mamá y Papá.

2017

¡Qué hacés, atorrante! …. ¡meses sin saber de vos! Al principio mandabas mensajes, ¡ahora nada! Te cuento que el pueblo cambió mucho; los chorros nos tienen rodeados y la droga está haciendo estragos. ¡Hasta pusimos rejas en casa! Se ven caras extrañas en el pueblo; ¡una pinta…!

El campo también cambió, y para peor. Los sojeros son imparables: arrasaron con todo y no dejan descansan la tierra; así no vemos futuro. Y mientras tanto el intendente no deja de echarle la culpa al gobierno anterior, al presidente, al despelote mundial… ¡puras excusas! ¡Si vieras el desastre que dejó la inundación!

Tu hermana blanqueó su pareja; vive con esa amiga del cole, con la que jugaban siempre ¿te acordás? Están pensando en casarse, y después quieren tener bebés.

¿Cómo andás con los estudios? ¡Qué berretín el tuyo, eso de quedarte en la ciudad para seguir estudiando! Como si otro título te asegurara un trabajo…

Bueno loco: escribí, mandá fotos o algo, para saber que estás vivo.

Un abrazo,

Tu viejo.

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