La nueva ley de dislexia llega para garantizar educación e integración para todos

Muchos temas vinculados a la salud pasan desapercibidos, y es una pena. Días atrás hubo un hecho transcendental para la educación de tu hijo, mi hijo o cualquier otro niño que pueda tener dislexia, porque se promulgó la Ley de Dislexia, que tenía media sanción desde hacía un año y no se trató hasta hace unos días, el día 20 de octubre.

Los que vivimos la salud como un hecho fundamental para el desarrollo de las personas, que son el motor de un país, celebramos estos hechos, ya que sin salud no hay un ningún pueblo que pueda progresar. Puede ser una visión miope pero ninguna persona sin salud puede generar ese valor agregado que se necesita para desarrollarse en una sociedad.

La dislexia es un trastorno incluido entre las Dificultades Específicas del Aprendizaje (DEA) y es considerado mundialmente la primera causa de fracaso escolar. El doctor Gustavo Abichacra, médico pediatra y presidente del Comité Científico de DISFAM, afirma que en la población entre un 10% y 15% es disléxico. Y define a la dislexia como un trastorno del lenguaje, de la comunicación de origen neurobiológico, hereditario, relacionado con una anomalía en la migración neuronal, caracterizado por la aparición en forma inesperada de una imposibilidad de una lectura fluida, exacta y automatizada.

Es una dificultad para decodificar un código auditivo en código visual. Por ello se debería reconocer este trastorno en edad temprana

Es fundamental que todo el personal educativo pueda tener la capacidad de alerta para su diagnóstico posterior por el médico. Obviamente, la familia, en el sentido amplio de la palabra, es el primer detector en muchos casos de esta patología.

Por ello, la Ley de Dislexia viene a reafirmar la ley vigente de Educación Nacional (26.206), que establece como principio rector la inclusión educativa y respeto por las diferencias de los sujetos del sistema educativo, brindando a las personas una propuesta pedagógica que permita el máximo desarrollo de las posibilidades de las personas, la integración y el pleno desarrollo de sus derechos.

Así, la Ley de Dislexia vino a garantizar y hacer efectivo el derecho a la educación de niñas, niños, adolescentes y adultos que presenten Dificultades Especificas del Aprendizaje (DEA).

 

La importancia de su detección

La falta de detección y la demora del diagnóstico adecuado trae aparejado una serie de consecuencias para las personas con DEA que lleva a estos niños a sufrir ansiedad, depresión, síntomas psicosomáticos y trastornos de conducta.

Estos trastornos relacionados a la dislexia hacen que se observe una incomprensión de los que lo rodean en el ámbito educacional y, muchas veces, en la propia casa, transmitiendo una sensación de fracaso a pesar del esfuerzo que hacen.

Esto llevaría a que la autoestima de los chicos se vea más vulnerada, teniendo la sensación de que son menos inteligentes o “vagos” –y que así son etiquetados, muchas veces, por sus docentes y aún por sus propios padres, que desconocen la verdadera causa del problema.

Por ello es indispensable dar a conocer el hecho de que los problemas de los disléxicos con la lengua escrita no son de origen intelectual, afectivo o motivacional, y que es indispensable tratarlos adecuadamente lo antes posible para evitar que tales problemas se transformen en retraso escolar, frustración y pérdida de confianza en sí mismo.

La dislexia no tratada adecuadamente está en la base de un círculo vicioso que hace que un problema que inicialmente podría estar limitado a la adquisición de la lengua escrita se transforme progresivamente en un problema que invade la vida entera del disléxico.

Por esto se propone en la nueva Ley, en su Artículo 6, la adaptación Curricular y la inclusión de ésta en el PMO (Programa Médico Obligatorio), lo que implica la cobertura de todos los procesos necesarios para su diagnóstico y su apoyo posterior por las Prepagas y Obras Sociales.(Leyes 23.660 y 23.661).

¿Cómo podemos ayudar a las personas con dislexia? Lo primero será reconocer que la Dificultades Específicas del Aprendizaje (DEA) está entre nosotros más frecuentemente de lo que pensamos y, segundo, sin etiquetar a nuestros hijos, pacientes o alumnos como vagos o faltos de interés por aprender.

Alejandro Risso Vázquez
Medico.

Referencias.
Proyecto de Ley (S-1680/15)

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