Comemos más, nos movemos menos: cómo evitar que el cuerpo se deteriore

Germán Laurora es licenciado en educación física y está convencido de que en cada persona hay un potencial que sólo puede ser desplegado si le dedicamos tiempo -y no demasiado esfuerzo- al ejercicio físico. “Nuestra plenitud está asociada al movimiento”, dice. Algunas de sus claves para replantear tus horas de cola en silla.
  • Tenemos poca conciencia sobre la necesidad imperiosa de movimiento del cuerpo humano: nuestro diseño genético no está preparado para una vida sedentaria. El homo sapiens pasó miles de años moviéndose para conseguir su alimento y solventar su existencia, y la vida actual, al menos la que llevamos en las grandes ciudades, nos permite incorporar energía sin realizar mucho esfuerzo.
  • Comemos más y nos movemos menos de lo que deberíamos: este desbalance nos lleva al sobrepeso y la obesidad y debido a ello nos movemos aún menos.
  • Cientos de artículos científicos muestran los beneficios de mantenernos activos: el entrenamiento de resistencia y su repercusión positiva sobre el control de la glucemia, la acumulación de grasa corporal y la hipertensión; el entrenamiento de la fuerza y su relación directa con el aumento de la masa muscular y la mineralización de los huesos, etc.

Nuestro cuerpo sin movimiento sufre un deterioro análogo al de un auto que es abandonado o una casa sin mantenimiento

  • Hiperactividad mental, sedentarismo físico: vivimos inmersos en un mar de actividades, pero pocas están relacionadas con la utilización de nuestros músculos. Pasamos de un asiento a otro asiento, de una computadora o del celular a la tele. En menos de 50 años, y junto al despegue de la tecnología, nuestro ritmo de vida cambió radicalmente. Computadoras, celulares, lavarropas, sillones, televisores, autos, consolas, compras sin moverse de casa, estrés, sedentarismo, alimentos procesados, gaseosas, dulces, arterias obstruidas, diabetes, enfermedades circulatorias… Este estilo de vida que no es compatible con nuestro diseño genético   germán laurora
  • Cómo empieza el cambio de hábitos: la idea es poder desconectarse un poco a través de la actividad física; dejar el celular y la pantalla a un costado y dedicarse a lo corporal al menos media hora por día. Salir del sedentarismo implica nada más que eso, media hora de actividad física por día bien pautada. Caminar, correr, nadar, andar en bicicleta, ejercicios de fuerza en forma de circuito, bailar… Elegimos cualquier actividad que nos guste y que podamos cumplir y nos comprometemos a hacerla durante treinta minutos todos los días: de esa manera nos alejamos a paso firme de las enfermedades cardiovasculares, que son primera causa de muerte en el mundo, y de la diabetes.
  • Hoy, para  alegría de los que cuentan con algunos kilos de más, la ciencia nos dice que entrenamientos más cortos y de alta intensidad son más efectivos a la hora de “quemar” combustible graso.

Cuando rompemos el trabajo rutinario de la bomba de nuestro sistema circulatorio a través de un estímulo, eso genera una adaptación del corazón haciéndolo más grande, fuerte y eficiente

  • Los avances en la medicina nos han permitido incrementar la expectativa de vida. Pero ¿qué vida queremos llevar? La ciencia nos muestra que a edades avanzadas vamos perdiendo masa cerebral y que esto está relacionado con un deterioro en la memoria de corto y largo plazo y con una pérdida en la velocidad de respuesta. La ciencia también nos muestra que si llevamos una vida activa, la masa cerebral se conserva en muy buena medida, al igual que las funciones cognitivas.

 

Por Germán Laurora, licenciado en Educación Física; coordinador de programas de entrenamiento en la red de clubes Megatlon; autor del libro “El personal trainer científico” (Editorial Siglo XXI) y director de Mitikas Fitness.

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