Hacer ejercicios solo el fin de semana podría ser tan efectivo como entrenarse regularmente 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que cualquier persona entre 18 y 64 años de edad debe hacer por lo menos 150 minutos de “actividad aeróbica de intensidad moderada” por semana, o al menos 75 minutos de “actividad aeróbica de intensidad vigorosa” a la semana.

Las constantes recomendaciones están dirigidas a mantener una rutina de ejercicios que se distribuya de forma pareja a lo largo de toda la semana y no concentrar en una sola jornada todo el esfuerzo, generalmente desmedido, para recuperar la práctica no hecha.

Pero ahora, según el informe de investigadores de la Universidad Loughborough del Reino Unido, la práctica intensiva de ejercicios concentrada en un par de días, por ejemplo los del fin de semana, podría casi tan eficaz para la salud como si esa práctica se esparciera uniformemente a lo largo de la semana.

Un análisis de más de 60.000 personas reveló que los “guerreros de fin de semana” que cumplían con su cuota de ejercicio en sólo uno o dos días todavía reducían significativamente su riesgo de enfermedades cardiovasculares (CVD), cáncer y una muerte temprana.

“La forma en que se ejercitan estos “guerreros de fin de semana” y otros patrones de actividad física caracterizados por una o dos sesiones por semana pueden ser suficientes para reducir las causas de riesgos de todas las enfermedades cardiovasculares y la mortalidad por cáncer”, explica Gary O’Donovan, uno de los investigadores..

Para poder definir rápidamente como se categorizan los niveles de exigencia de los entrenamentos, como regla general, si se puede mantener una conversación durante el ejercicio, se considera moderado; si no, es vigoroso.

Pero ¿cuáles son exactamente los efectos si esos minutos se extienden a lo largo de la semana?

Para averiguarlo, O’Donovan y su equipo recolectaron datos de fitness de 63.591 adultos (edad media: 59) durante un período de 18 años, prestando especial atención a las 8.802 personas que murieron durante el estudio.

Los que murieron se dividieron en cuatro categorías: 1) personas que cumplieron con los objetivos de la OMS con ejercicios regulares a lo largo de la semana; 2) los llamados guerreros de fin de semana que los realizaban en uno o dos días; 3) personas que se ejercitaron pero no alcanzaron los objetivos de la OMS; 4) los que no hicieron ejercicio en absoluto.

De los guerreros de fin de semana identificados en el estudio, el 56 por ciento eran hombres y el 44 por ciento eran mujeres. Cincuenta y cinco por ciento de ese grupo dividió su actividad en dos días, y el 45 por ciento hizo todo en un solo día.

Como era de esperar, cualquier tipo de ejercicio se asoció con una menor tasa de mortalidad, pero una rutina regular fue sólo un poco más beneficioso que el bombardeo intensivo de los del fin de semana.

Aquellos que distribuyeron su ejercicio durante la semana se vincularon a una tasa de mortalidad 35 por ciento menor, mientras que las ráfagas de ejercicio durante sólo uno o dos días aún resultaron en una caída del 30 por ciento para quienes las realizaban.

Y la participación en cualquier ejercicio parece ser la clave para prevenir la mala salud. Incluso aquellos que no cumplieron con los objetivos de tiempo de ejercicio de la OMS todavía se encontró que tienen un 29 por ciento menor tasa de mortalidad en general que los que no hicieron ningún ejercicio en absoluto.

Asi que evidentemente vale la pena dejar la comodidad del sofá y encarar algún tipo, vigoroso o moderado de ejercicio físico.

“El hallazgo novedoso es que parece que la duración, y posiblemente la intensidad, de la actividad física es más importante que la frecuencia”, dijo Ulf Ekelund de la Escuela Noruega de Ciencias del Deporte.

Hay algunas limitaciones al estudio a tener en cuenta: el 90 por ciento de los participantes eran blancos, y la edad promedio de los encuestados era 59, por lo que no es necesariamente representativo de otros grupos étnicos o personas más jóvenes.

Además, los encuestados eran quienes informaban de sus rutinas de ejercicio, lo que podría reducir la precisión de los resultados.

Los resultados no nos dan evidencia de causalidad tampoco – en otras palabras, no prueban que fueron los patrones de ejercicio los que influyeron directamente en la muerte y las enfermedades de los participantes.

Sin embargo, el hecho de que parece haber una tendencia debe ser una noticia alentadora para aquellos de nosotros que no tenemos nuestros entrenamientos planeados durante toda la semana, o que tratan de ejercitarse, pero no cumplen con los objetivos de la OMS .

“Mi mensaje es que la mayor reducción de riesgo y la mayor ganancia para el individuo y para la salud pública es que aquellos que están físicamente inactivos empiecen a realizar alguna actividad“, dijo Ekelund.

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