Cómo están cambiando los hábitos alimenticios: 8 tendencias que debemos conocer

La constante tensión entre el bienestar y la productividad en nuestras vidas, a la que se suma también la indulgencia, hace que surjan nuevas prácticas y alternativas que modifican sustancialmente la forma en que nos alimentamos, que a su vez ponen en tela de juicio verdades que no se cuestionaban.

Formando una cadena interminable y cíclica, una lógica muy particular de nuestros días parece repetirse hasta el hartazgo. Queremos ser felices y sentirnos bien, pero a la vez buscamos, a cualquier costo, incrementar nuestra productividad laboral. El resultado inmediato es un consecuente aumento del estrés, de la fatiga y un exceso de estímulos que generan saturación física y mental.

Esto hace que deseemos con más fuerza lograr el tan anhelado bienestar, lo que nos lleva a tener ciertas indulgencias con nosotros mismos, permisos que nos damos pero que para contrarrestarlos nos llevan a comprometernos interiormente a aumentar nuestra productividad. Y allí el ciclo comienza nuevamente su andar incesante.

“Frente a estas múltiples demandas, el consumidor busca establecer ciertos equilibrios: en síntesis, cuidar su salud, pero también disfrutar para volver con más energías a seguir produciendo. En el camino hacia ese ansiado bienestar, la alimentación juega un papel fundamental” explica Mariela Mociulsky, directora de Trendsity, la compañía que se ocupa de la detección de oportunidades  a partir de la comprensión de los hábitos de los consumidores.

“En el camino hacia ese ansiado bienestar, la alimentación juega un papel fundamental” explica Mariela Mociulsky, directora de Trendsity

Pero también, la nutrición actual se debate entre un exceso de información y diferencias de criterios: “Como resultado, se resignifican las elecciones que hacemos cotidianamente y muchas veces se las cuestionan” agrega Ximena Díaz Alarcón, directora socia.

Dado este contexto, desde Trendsity identifican nuevas opciones, intereses y prácticas de los consumidores que redefinen un nuevo escenario para la alimentación actual:

1 – Interés por el origen de los productos: Aumenta entre los consumidores la necesidad saber qué comen, de dónde proviene y cómo se produce. Esto se refleja en la búsqueda de pureza y simplicidad en ingredientes y usos de productos (mayor demanda de productos orgánicos, ecológicos y naturales, el impulso al comercio justo, ferias de productos sustentables). Por otro lado, la comunicación simple de beneficios de los alimentos, con foco en su frescura y origen natural.

2 – “Terrorismo” nutricional y nuevos mitos: Se cuestionan “verdades” y creencias acerca de la alimentación y surgen nuevos mitos: se señalan supuestos “venenos blancos” como nuevos factores de riesgo en la dieta (harinas, sal, azúcar hasta lácteos). En línea con estos cuestionamientos, surgen nuevos hábitos, modas y discursos (que muchas veces se contradicen) con soluciones para comer y vivir mejor (dieta paleo, veganismo, freeganismo, dietas gluten free, dieta proteica, entre otras)

3 – Cultura alimenticia preventiva: Producir más, exige estar sano. Se busca lograr inmunidad a través de un cuidado integral de la salud y descomprimir o desintoxicar frente a los excesos. Los alimentos son percibidos como ayuda para prevenir enfermedades (atritis y osteoporosis -aporte de calcio-), enfermedades coronarias y colesterol (lácteos) entre otros. Se busca reforzar la inmunidad (auge de alimentos funcionales probióticos y fortificados) así como aumentar la oferta de alimentos para “Detox orgánico”. Fibras y proteínas se incorporan para brindar saciedad y así mantenerse en forma.

4 – Energy/Mood Management: Se busca controlar los niveles de energía a lo largo del día (aumentarla, recuperarla o disminuirla para potenciar el descanso). También surgen los alimentos para el manejo del estado de ánimo. Crecen los productos que incorporan aromas, así como hierbas energéticas o relajantes en distintas presentaciones y mayor diversidad de formatos cada vez más prácticos y también atractivos.

5 – Ahorro del tiempo, la energía y el dinero: El ritmo de vida actual exige ahorrar tiempo, conservar energía y sentirse sano. Disminuyen las comidas formales y se eligen snack saludables, así como también crece el consumo de productos empaquetados y alimentos de preparación rápida como las opciones de recibir ingredientes frescos en el hogar para preparar comidas gourmet. Los fast food incluyen propuestas saludables que no resignen practicidad.

6 – Customización: Se incrementa la oferta de productos relacionados con momentos de la vida, perfiles o estados de ánimo (ejemplo productos que cooperan con el Energy Management, tranquilizan, brindan energía emocional, etc.). Hay más propuestas en bebidas energéticas (nuevas ocasiones de consumo, nuevos ingredientes como extractos de frutas, o “nuevas” frutas), segmentación de beneficios nutricionales según las necesidades vitales del target (niños, adultos, seniors, etc.) o productos enfocados a mujeres (p.e bebidas relacionadas con la belleza (cosmeto-food) “beauty drinks” en USA y Japón, con vitamina E, ceramidas, vitamina C, colágeno, extractos de frutas, extractos de té verde, té blanco, antioxidantes.

7 – Valoración de lo local/regional: Se revalorizan estilos y estéticas locales como modo de expresión de la identidad en un mundo globalizado (marcas locales, sabores locales, valoración del origen y cultura. Alimentos que se consumen al estilo de un “consumo cultural”, productos que ayudan a vivir experiencias conociendo culturas diferentes, sabores más complejos, exóticos, globalizados. Kits para comer y cocinar en casa comidas “exóticas” (kits – por ejemplo -para hacer fajitas, comida mexicana, sushi, aprender a hacer sushi en casa, etc.)

8 – Comidas caseras, la vuelta a la raíz: La necesidad de anclaje de una vida mas simple frente a la vorágine cotidiana y frente a una industria alimentaria que se cuestiona como  adictiva y dañina para la salud. Encontramos en los consumidores la necesidad de volver a la sabiduría de las abuelas, sus comidas, lo artesanal y hecho a mano (incorporando algo de la practicidad actual) como contra tendencia que intenta combatir la velocidad “Slow life, slow food”. Necesidad de “transporte a la infancia” como refugio, reflejado en ingredientes ancestrales. Es la pureza, el afecto y los sabores de la abuela actualizados, vuelve la tradición de cocinar casero y disfrutar de las comidas en casa y entre afectos.

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