¿La culpa es el precio de la felicidad?

Pareciera que estamos condenados a cargar el peso de la culpa, tratando de alcanzar la felicidad como si fuera un premio por el cual es necesario pagar un precio. Cuando tímidamente nos acercamos a algo bueno, que podría brindar alegría y felicidad, el peso de la culpa nos aplasta como si fuéramos insignificantes.

La humanidad arrastra la culpa desde siempre; este sentimiento aparece en el pensamiento desde muy temprano, es fomentado por la cultura, empezando por los padres, y luego es potenciado por la sociedad y  la religión.

En algún sentido, la culpa consciente funciona como un regulador de la conducta, una manera de marcar el camino por donde el hombre debe transitar dentro de la ética y la moral. Sería la ruta establecida por la sociedad para evitar o por lo menos disminuir las acciones maliciosas y las conductas indeseables.

La mirada del otro, y en muchos casos la de Dios, controla la conducta de los seres humanos normales, esto podría ser “la parte positiva” del sentimiento de culpa.

Por otro lado, la culpa inconsciente es algo característico del ser humano e influye de un modo terminante en la vida de todas las personas, es una carga permanente que limita la libertad de acción y opaca la posibilidad de vivir con alegría. La culpa inconsciente produce una fuerte sensación de deuda y lo único que la calma es el castigo como pago, el que se hace efectivo con la aparición de síntomas, enfermedades orgánicas, o cualquier otro modo de sufrimiento.

Resumiendo, podemos diferenciar dos tipos de sentimientos de culpa: los conscientes y los inconscientes. Los primeros aparecen como resultado de alguna conducta que realizamos y que luego, por considerarla incorrecta, inmoral, ilegal, etc. nos sentimos culpables.

La culpa inconsciente produce una fuerte sensación de deuda y lo único que la calma es el castigo como pago

Frecuentemente, ambos tipos de sentimientos se entrelazan y aparecen en conjunto mimetizándose unos con otros, y si bien ambas formas provocan sufrimiento, haremos foco aquí en los segundos, es decir aquellos que tienen una raíz inconsciente, ya que son lo suficientemente intensos como para afectar nuestra manera de actuar e influir en cómo vivimos, sin que ni siquiera nos enteremos de su existencia, por lo que son difíciles de resolver y se manifiestan de maneras insospechadas.

Freud desarrolla el concepto de la reacción terapéutica negativa a partir de observar que determinados pacientes se detenían en su progreso terapéutico, o incluso empeoraban cuando en realidad deberían mejorar, como si prefirieran la enfermedad y su sufrimiento en vez de la salud.

Él descubre que esta situación indeseada se daba como resultado de los sentimientos de culpa inconscientes, que producían en sus pacientes una fuerte necesidad de castigo que se traducía en el sostenimiento de la enfermedad. Estos sentimientos operan con tanta fuerza que se presentan como un tipo de resistencia a la cura, y constituyen el mayor obstáculo en el proceso analítico.

Cómo opera la culpa en nuestra vida cotidiana

Pueden boicotear compulsivamente todo aquello que les haga bien, arruinar relaciones de pareja positivas, ya sea con discusiones estériles o con alguna infidelidad que termine destruyendo el vínculo amoroso, pueden obstruir posibilidades laborales productivas que generen crecimiento económico, pueden romper relaciones con buenos amigos por controversias poco relevantes; es decir, que se alejan sistemáticamente de todo aquello que les pueda generar gratificación o felicidad.

Veamos algunos casos:

  • Los sentimientos de culpa se pueden observar fácilmente en los duelos. En estas situaciones aparecen, por ejemplo, con la idea de que no cuidamos correctamente a la persona amada que murió, aunque sí lo hayamos hecho, o con la idea de haber estado disfrutando de la vida, o de ciertos placeres, mientras el otro moría. Estos pensamientos son muy difíciles de erradicar, se le imponen a la persona con fuerza y lo llevan a sufrir penosamente.
  • Otra manifestación frecuente de la culpa se puede observar en algunas personas que, aunque tienen  mucho éxito, no puedan disfrutar de la vida. Incluso, cuanto mejor les va, menos capacidad para gozar presentan y más sufrimiento padecen.
  • Otro ejemplo bastante común es el de alguien que cuando consigue un logro anhelado, como un aumento de sueldo o alguna mejora importante a nivel laboral, inmediatamente después sufre algún tipo de accidente, que sin duda alguna representa el tributo que paga por la culpa inconsciente que lo atormenta por haber alcanzado “algo que no se merecía”.

Estudiar y analizar profundamente el origen y el modo singular en que opera la culpa en cada uno de nosotros es lo que nos permitirá disminuir la fuerza de este sentimiento y sus efectos negativos en nuestras vidas.

 

Licenciado en Psicología Santiago Bonomi – Especialista en Clínica de Adultos – Matrícula N 63442. Su sitio

 

Sumate a la conversación

  • Buena Vibra
  • Movida Sana
  • Por el Mundo

¡Hacete fan de
Movida Sana!

Ayudanos a compartir notas buenas para tu salud

BV

¡Hacete fan!

¡Hacete fan de
Movida Sana!

Ayudanos a compartir notas buenas para tu salud

BV

¡Hacete fan!