La verdad y la mentira conviven en la cotidianidad

Parece que los seres humanos nos sentimos cómodos con la mentira y que, por lo tanto, estamos acostumbrados a ella. Vivimos en una sociedad que frecuentemente falta a la verdad: a veces mentimos con buenas intenciones y otras con un trasfondo de falsedad para conseguir ventajas poco transparentes.

En ciertas ocasiones, engañamos en la intimidad; otras veces la mentira circula velozmente por los medios de comunicación: ya sea en los discursos políticos o simplemente en la publicidad, que a veces nos engaña para que compremos algún producto. Lamentablemente, las personas tenemos una tendencia a la credulidad; de antemano aceptamos lo que nos dicen como verdadero y esto es una gran ventaja para los embusteros.

La verdad y la mentira son dos realidades que conviven en la vida cotidiana. Nos mienten con bastante frecuencia y estamos acostumbrados.

No sólo nos mienten los políticos o las personas poco conocidas, sino también los compañeros de trabajo, de estudio, los amigos, y hasta nuestras parejas. Las mentiras no son todas iguales: decirle a una amiga que está más flaca, o que su nuevo corte de pelo le queda bien -cuando en realidad no es así- no es lo mismo que si un marido le miente a su esposa sobre con quién pasó la noche.

Podemos clasificar a las mentiras en dos tipos: las que podrían denominarse “blancas o altruistas”; es decir, aquellos cumplidos de la vida cotidiana que se utilizan para halagar o intentar hacer felices a los demás, aquellas frases bien intencionadas, relacionadas con la buena educación.

Y por otro lado están las mentiras mal intencionadas, las que se usan para obtener beneficios ocultos; son aquellos engaños que cobran un precio emocional de alto costo para la víctima. En estas últimas es en las que quiero hacer foco porque son las más dañinas y las moralmente más reprochables.

Si bien la mentira es un fenómeno común y está tan aceptada en nuestra sociedad, es importante no perder de vista el hecho de que engañar es malo, siempre cobra un precio, y la víctima sufre las consecuencias.

Si pensamos en la mentira y sus efectos desde el punto de vista psicológico, debemos remitirnos primero a la necesidad de las personas de creer y confiar en los demás.

Los seres humanos, desde que nacemos, requerimos de otras personas, no solo para cubrir nuestras necesidades fisiológicas básicas sino también para establecer vínculos afectivos profundos, porque necesitamos ser amados. Esa necesidad de ser queridos y vincularnos afectivamente nos acompañará durante toda la vida.

Cabe destacar que todo vínculo afectivo se basa en la confianza, pero cuando esta confianza es socavada a través de la mentira, y si el engaño es lo suficientemente importante y proviene de personas cercanas a la víctima, puede producir daños psicológicos. Si el engaño es muy grande, el impacto también lo será, pudiendo provocar pérdida de autoestima, rabia, angustia o ansiedad.

También se puede experimentar el desarrollo de una desconfianza generalizada hacia los otros, haciendo las relaciones interpersonales más pobres y llevando al aislamiento.El fraude y su respuesta en forma de desconfianza son como un círculo vicioso: cuanto más nos engañen y nos mientan, la desconfianza en los otros aumentará y ganará terreno en nuestras vidas.

En definitiva la mentira lleva lógicamente a la desconfianza. Si vivimos en una sociedad llena de engaño y con tanta falta de honradez, es posible que nos convirtamos en una población desconfiada, egoísta, encerrada en sí misma, que por temor a ser engañada deje de preocuparse por lo que le pasa a los otros.

Deberíamos reflexionar sobre cuál es nuestra responsabilidad en el uso frecuente de la mentira, en nuestro medio social.

Si esta conducta es algo aprendido fundamentalmente en la infancia, ratificada y fomentada por el ambiente a partir de las relaciones e interacciones sociales durante nuestro desarrollo, y luego convertida con el tiempo, y en algunos casos, en una actitud personal sostenida en las experiencias en las que hemos mentido en el pasado y salimos victoriosos,  pensar que nuestro rol como padres, maestros, profesores, etc. es fundamental, ya que jugamos un papel importante en el establecimiento y posterior ejercicio de esta conducta inapropiada en nuestros hijos.

En definitiva, serán ellos quienes en el futuro se convertirán en transmisores de la cultura, influyendo en sus pares y finalmente en sus propios hijos, que asimilarán en gran medida sus ideas y conductas. Es hora de cortar el círculo vicioso y terminar con el engaño.

Algunas razones para que dejes de mentir:

  • Generalmente parece más fácil evadir una situación incómoda mintiendo, pero a la larga el engaño siempre produce daño y genera más dificultades que beneficios.
  • Es importante recordar que todo vínculo afectivo se basa en la confianza, y que cuando esta confianza es minada a través de la mentira o el engaño, podemos producir daños importantes en las personas que amamos.
  • La mentira con intención destruye la confianza y corroe tus propias relaciones interpersonales.
  • Si te descubren, que es muy probable, tu credibilidad se va a ver seriamente dañada y será difícil que vuelvan a confiar en vos.
  • La mentira es para la gente inmadura, que no tiene capacidad para resolver los problemas y que no puede enfrentarlos. Tratemos de evitarla.

Licenciado en Psicología Santiago Bonomi – Especialista en Clínica de Adultos – Matrícula N 63442. Su sitio

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