Automedicarse en el dengue puede ser letal: ni aspirinas ni ibuprofeno

La fiebre del dengue es una enfermedad tropical provocada por un virus que transmiten los mosquitos. El virus puede provocar fiebre, dolores de cabeza, sarpullidos y dolor en todo el cuerpo. La mayoría de los casos de fiebre del dengue son leves y desaparecen sin tratamiento en aproximadamente una semana, pero es importante no automedicarse porque algunos medicamentos habituales para el dolor y la fiebre, como aspirina o ibuprofeno, pueden generar una hemorragia grave.

La fiebre del dengue es provocada por cuatro virus similares que se contagian con la picadura de los mosquitos del tipo Aedes, que son comunes en las zonas tropicales y subtropicales de todo el mundo.

Cuando un mosquito Aedes pica a una persona infectada con el virus del dengue, el mosquito se convierte en transmisor del virus. Si el mosquito pica a otra persona, ésta puede resultar infectada con la fiebre del dengue. El virus no se contagia de persona a persona.

Una vez que uno ha tenido la enfermedad, se vuelve inmune a ese tipo particular del virus (aunque puede resultar infectado por cualquiera de los otros tres tipos).

En casos excepcionales, la fiebre del dengue puede transformarse en formas más graves de la enfermedad. Estas afecciones, denominadas “fiebre hemorrágica del dengue” y “síndrome de choque por dengue”, pueden provocar un shock y la muerte, y por lo tanto, requieren tratamiento médico inmediato.

Señales y síntomas

En el pasado, la fiebre del dengue recibía el nombre de “fiebre rompehuesos” o “fiebre quebrantahuesos”. El nombre puede dar una idea de los síntomas que provoca, si es que la persona presenta algún síntoma. La fiebre no rompe realmente los huesos, pero en algunos casos esa es la sensación.

Las señales y los síntomas comunes de la fiebre del dengue incluyen los siguientes:

  • Fiebre elevada
  • Dolor detrás de los ojos y en las articulaciones, los músculos y/o los huesos
  • Dolor de cabeza intenso
  • Sarpullido en la mayor parte del cuerpo
  • Sangrado leve en la nariz o las encías
  • Formación de moretones fácilmente

Sin tratamiento, puede aparecer la deshidratación, una hemorragia grave y una caída rápida de la presión arterial. Estos síntomas ponen en riesgo la vida y requieren atención médica inmediata.

No existe un tratamiento específico para la fiebre del dengue. Los casos leves se pueden tratar con la administración de gran cantidad de líquidos para prevenir la deshidratación y con mucho reposo. Se pueden administrar analgésicos, como el acetaminofeno, para tratar los dolores de cabeza y el dolor asociados con la fiebre del dengue. Se deben evitar los analgésicos con aspirina o ibuprofeno, ya que incrementan la probabilidad de una hemorragia.

La mayoría de los casos de fiebre del dengue desaparecen en el transcurso de una o dos semanas y no provocan problemas a largo plazo. Para tratar los casos graves de fiebre del dengue en un hospital, los médicos administran líquidos y electrolitos (sales) por vía intravenosa para reponer los líquidos que se pierden por los vómitos y la diarrea. Esto suele ser suficiente para un tratamiento efectivo, siempre y cuando la reposición de líquidos comience en las etapas iniciales de la enfermedad. En lo casos más avanzados, es posible que los médicos deban realizar una transfusión para reponer la sangre que se ha perdido.

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