Los beneficios que genera la meditación en la salud alargan y mejoran la vida

Lo afirma la bioquímica australiana Elizabeth Blackburn, ganadora de un Premio Nobel. Al bajar los niveles de estrés, prolonga la vida y mejora la calidad del día a día.

En los últimos años, la meditación está bajo la lupa de la investigación biomédica, sumando observaciones científicas que respaldan la validez de sus beneficios. De hecho, un equipo de investigadores de la Universidad de California en San Francisco, dirigido por la bioquímica australiana Elizabeth Blackburn, ganadora de un Premio Nobel, está realizando estudios muy serios que revelan que la meditación podría hacer más lento el envejecimiento y alargar la vida.

A Blackburn siempre le ha fascinado estudiar cómo funciona la vida. En los años 80, mientras realizaba una investigación en la Universidad de California en Berkeley, descubrió la telomerasa, una enzima que protege y restaura los telómeros, que son unidades pequeñas de ADN en el extremo de cada cromosomas y se acortan con el tiempo debido a que no se pueden replicar por completo cada vez que la célula se divide. Esa investigación alumbró datos claves del proceso de envejecimiento y le valió el Premio Nobel de Medicina en 2009.

La ciencia demostró el desgaste ocasionado por el estrés y la vida cotidiana en el interior de las células

Estudios posteriores de la científica analizaron el vínculo entre el estrés y los telómeros. En uno de ellos, tomaron muestras de sangre de 58 mujeres divididas en dos grupos, uno de madres estresadas y el otro de control. Los resultados fueron clarísimos: cuanto más estrés decían sentir las madres, tanto más cortos eran sus telómeros y más bajo su nivel de telomerasa. Los telómeros de las mujeres más agobiadas correspondían a los de una persona 10 años mayor, en comparación con las menos estresadas, y su nivel de telomerasa estaba a la mitad. Era el primer indicador de que el estrés no solo daña nuestra salud: también nos envejece. “Me quedé sin habla”, admite Blackburn.

Cuando se publicó el estudio en Proceedings of the National Academy of Sciences, en diciembre de 2004, fue objeto de una cobertura muy amplia por parte de los medios informativos. Robert Sapolsky, un destacado investigador del estrés en la Universidad Stanford, describió el hallazgo como “un salto a través de un inmenso cañón interdisciplinario”.

Desde entonces, los investigadores han correlacionado el estrés percibido con telómeros más cortos en mujeres sanas, así como en cuidadores de enfermos de Alzheimer, víctimas de maltrato familiar y traumas de infancia, y personas aquejadas de depresión grave o estrés postraumático.

Los estudios de laboratorio muestran que la hormona del estrés cortisol reduce la actividad de la telomerasa, mientras que el estrés oxidativo y la inflamación —los efectos fisiológicos del estrés psicológico— al parecer dañan los telómeros directamente. Se ha establecido un vínculo entre los telómeros cortos y condiciones asociadas con la edad, como la osteoartritis, la diabetes, la obesidad, las enfermedades cardíacas, el mal de Alzheimer y la apoplejía.

La gran duda de los investigadores ahora es si los telómeros son simples indicadores inocuos de los daños asociados con la edad (como las canas, por ejemplo), o si desempeñan algún papel en la aparición de los problemas de salud que nos afligen a medida que envejecemos.

Blackburn dice que cada día se convence más de que los efectos del estrés sí cuentan. Varios estudios indican que los telómeros son predictores de salud. Uno de ellos reveló que hombres mayores cuyos telómeros se habían acortado en un lapso de dos años y medio eran tres veces más propensos a morir de una enfermedad cardiovascular en el transcurso de los nueve años siguientes que aquellos cuyos telómeros conservaron la misma longitud o se hicieron más largos.

 

El efecto de la meditación

“Si hace 10 años me hubieran dicho que el día de hoy yo estaría pensando seriamente en la meditación, habría respondido que ni loca haría eso”, declaró Blackburn a The New York Times en 2007. Sin embargo, su trabajo la ha llevado a ese terreno. Y los resultados de sus estudios indican que el ejercicio físico, una alimentación saludable y el apoyo social ayudan a bajar el estrés, pero uno de los medios más eficaces es la meditación.

Blackburn y sus colaboradores enviaron a los participantes de un estudio a meditar al retiro de montaña Shambhala, en el norte de Colorado, Estados Unidos. Los que concluyeron el curso de meditación, de tres semanas de duración, tenían niveles de telomerasa un 30% más altos que un grupo equivalente de sujetos que estaban en lista de espera.

Hay diversas hipótesis en cuanto a cómo la meditación podría fortalecer los telómeros y la telomerasa, pero lo más probable es que sea reduciendo el estrés. Meditar exige una respiración lenta y regular, lo que puede relajarnos porque inhibe la respuesta de lucha o huida. Tal vez tenga también el efecto psicológico de combatir el estrés, pues nos ayuda a apreciar el presente en vez de preocuparnos por el pasado o por el futuro.

Es muy valioso estar plenamente consciente de lo que uno hace y de sus interacciones, pero hoy día es muy difícil por las múltiples tareas que realizamos a la vez

Las tradiciones meditativas, desde el budismo hasta el taoísmo, creen que la presencia de ánimo fomenta la salud y la longevidad. Blackburn y sus colegas ahora piensan que esta sabiduría milenaria podría estar en lo correcto. Un estudio de 239 mujeres sanas mostró que aquellas cuya mente divagaba menos —el objetivo principal de la meditación de atención plena— tenían telómeros mucho más largos que aquellas cuyos pensamientos se desbocaban.

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