Síndrome del Médico Agredido: la violencia avanza sobre guardias y consultorios

Hace unos años escribí en el portal médico Intramed una columna titulada “Soy Médico, No quiero Violencia en Salud“. Fue en febrero de 2015 y ya tenía la sensación de que la violencia en salud estaba creciendo día tras día: no me equivoqué. Mis líneas eran apenas un reclamo, un llamado de atención, porque veía crecer los niveles de violencia tanto verbal como física. Pero todo empeoró.

Esta semana, el 16 de abril, Federico Alberto Dürig, médico, estaba de guardia en el Sanatorio del Norte de la provincia de Tucumán y fue agredido salvajemente por los familiares de un paciente que cursaba una complicación de su enfermedad pulmonar. Tan brutal fue todo que en la página de Facebook “Médicos de Guardia Argentinos” puede leerse el siguiente relato:

“Por favor, pido que se solidaricen conmigo por un grave hecho de violencia que sufrí en la terapia del Sanatorio del Norte a las 7:00 de la mañana de hoy, mientras cubría la guardia. Había un paciente de 54 años de apellido S, con EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) con insuficiencia respiratoria por una infección respiratoria. Llevaba más de dos meses de internación con múltiples intubaciones y extubaciones. Lo recibo recientemente extubado y a las 22 horas presenta insuficiencia respiratoria. Con taquipnea, mala mecánica y desaturación. Se coloca progresivamente máscara con reservorio, VNI (Ventilación No invasiva) y, finalmente, intubación a las 4:00 AM. Se pone hipotenso, no responde a los inotrópicos y presenta desaturacion progresiva. Fallece a las 6:40 hs. Cuando vienen los familiares y les explico lo más claramente posible el desenlace y les digo que finalmente había muerto. Salta el hijo y me dice “asesino hijo de puta lo mataste a mi papá”. Se me abalanza y me pega una trompada. Vienen 4 o 5 personas más y me pegan entre todos, creí que me moría. Logré escapar afuera de la UTI (Terapia Intensiva) y me alcanzaron. Sin que nadie me defienda me volvieron a pegar. Logré escapar por segunda vez no sé cómo y me persiguieron entre insultos y amenazas de muerte: “te voy a matar hijo de puta”. Allí me vuelven a alcanzar cerca de la salida del Sanatorio y me vuelven a pegar, e incluso me patearon en el piso sin que nadie me defienda. Hasta la hija y la esposa me pegaban e insultaban. Afuera me ayudó un policía que pasaba cuando vio como me sangraban la boca y la nariz.
Subieron y destruyeron la terapia, rompiendo puertas y computadoras. El 911 demoró media hora en venir. Primero 2 y luego 4 o 5 más. Yo, preocupado por volver a la UTI por los otros pacientes. Coparon 1 hora y media la UTI amedrentando a todos, hasta los enfermeros se fueron. El hermano del muerto me acusaba de asesino. La policía arrestó a los agresores y liberó la UTI. Me esperaron afuera. Tuve que hacer que lleven lejos mi auto para que no sepan la patente y tuve que salir con custodia hasta un taxi que me esperaba afuera, y dar una vuelta para asegurarme que no me sigan y buscar mi auto. Salí a las 23 horas. Tengo epistaxis, hematomas, dientes flojos, etc. Pido que den a conocer ésto entre la comunidad médica y los grupos porque ésto muestra el estado de indefensión en que trabajamos y lo vulnerables que somos. Gracias.
Dr. Federico Alberto Dürig (MP 5227)”.

Creo que no hay mucho más que agregar. Es tal como dice: trabajamos en lo privado y en lo público de la misma forma, en un “ESTADO DE INDEFENSIÓN” que acaba de sumar un capítulo más. Mientras el personal de salud pasaba 90 minutos amenazado por estos “inadaptados sociales”, los pacientes que requerían atención quedaban abandonados a merced de su propia suerte.

La definición más utilizada para estos casos es la aportada por la OMS: “violencia en el lugar de trabajo”: el uso deliberado del poder, en grado de amenaza o efectivo, contra otra persona o un grupo en el lugar del trabajo, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastorno del desarrollo o privaciones.

La definición comprende tanto la violencia interpersonal como el comportamiento suicida y los conflictos armados. Cubre también una amplia gama de actos que van más allá del acto físico para incluir las amenazas e intimidaciones. Además, abarca también las numerosísimas consecuencias del comportamiento violento, a menudo menos notorio, como los daños psíquicos, privaciones y deficiencias del desarrollo que comprometan el bienestar de los individuos, las familias y las comunidades.

Hasta el momento, la tarea de contrarrestar la violencia se ha fragmentado en áreas especializadas de investigación y actuación. Para superar este inconveniente, el marco analítico debe prestar especial atención a los rasgos comunes y las relaciones entre los distintos tipos de violencia, para así pasar a una perspectiva holística de la prevención. Son escasas las clasificaciones de este tipo, y ninguna es integral ni goza de la aceptación general.

La clasificación utilizada en el Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud divide a la violencia en tres grandes categorías según el autor del acto violento:

• Violencia dirigida contra uno mismo
• Violencia interpersonal
• Violencia colectiva

La violencia nos interesa como problema de salud pública por su efecto deletéreo en las condiciones generales de salud y bienestar de las poblaciones. Es muy importante reparar en la diferencia entre tratar la violencia como un problema de salud pública y aplicar el enfoque de la salud pública al problema de la violencia. Los que proponen la última opción suelen identificar al enfoque de la salud pública con el enfoque de riesgo, según el cual los factores determinantes de carácter sociocultural suelen analizarse a partir de unas pocas variables tratadas como si fueran atributos de individuos y no de grupos. Lamentablemente, este enfoque individual de los problemas de salud todavía predomina.

En el 2016 hubo 14 hechos violentos por semana en los hospitales de la provincia de Buenos Aires. Además, creció un 25 por ciento la violencia en los centros de atención médica de la Ciudad , con los médicos y enfermeros como víctimas elegidas

El problema es grave. Se calcula que en el 2016 hubo 705 ataques a personal de salud, contando solamente la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano. Esto constituye ya el segundo motivo de baja de médicos, enfermeros y auxiliares en general, luego de las ausencias motivadas en enfermedad personal.

Los datos fueron brindados por la organización no gubernamental Defendamos Buenos Aires, que advierte que esta violencia viene en aumento en los últimos 5 años. Esto nos habla de un problema grave que afecta a los médicos en su conjunto y, por supuesto, tiene su correlato en una salud deficiente.

Otro dato que arroja FEMEBA (Federacion Medica de Buenos Aires) revela que el 57,8% de los médicos de la provincia de Buenos Aires afirmó haber sufrido algún tipo de violencia en el ámbito laboral: es decir, 6 de cada 10 médicos han experimentado uno o más hechos de violencia contra su persona.

El 65% fue víctima en el ámbito público, es decir, en los hospitales y centros médicos de la provincia de Buenos Aires. ¿Las causas de las agresiones? El 32% respondió de manera violenta ante la demora o el tiempo de espera en la atención al paciente o bien por parte de sus familiares. Un 18% reaccionó producto de su estado mental al momento de la agresión –alcoholizado, drogado o bien alguna patología mental preexistente-. El 16,9% respondió de manera violenta ante un estudio o resultado inesperado por el paciente. Un dato: solo el 11% de los médicos agredidos continuaron alguna acción judicial contra el victimario.

Las secuelas son en su mayoría psicológicas. El 51% de los que sufrieron algún tipo de secuela se sienten inseguros (de diversa manera) en su lugar de trabajo

En cuanto al rango etario, los médicos de entre 40 y 59 años son los que más expuestos han estado a situaciones de violencia, conformando el 62% de las víctimas. La especialidad del profesional también tiene incidencia en las situaciones de violencia.

El “Síndrome del médico agredido”, como nombra el Dr. Juan Carlos Giménez, será la nueva patología de etiología social, que se sumará a la gran lista de síndromes que debemos ver en medicina.

Nada justifica ningún tipo de agresión ni física ni verbal a los profesionales de la salud. La vulnerabilidad en la que trabajamos los médicos deterioran nuestra salud y nuestro trabajo: tratar a los enfermos, que es nuestro principal fin.

  • Alejandro Risso Vázquez. Maestrando en Economía y Gestión de la salud.

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