Terapia Intensiva: por qué la dignidad del paciente y su familia es parte del trabajo médico

“Los tecnología médica debe estar al servicio de los pacientes
manteniendo intacta su dignidad”

Durante la Guerra de Crimea (1854), la fundadora de la enfermería como profesión, Florence Nightingale, concentró en un mismo pabellón a los heridos más graves junto con los cirujanos más experimentados y lo mejor de la tecnología de esos tiempos. Así nació el concepto asistencial de terapia intensiva: el lugar de una institución donde se concentran los pacientes más graves, los especialistas en el área y la tecnología adecuada.

A partir de ese momento, se consideró ese lugar como el área en la cual los pacientes con mayor requerimiento de asistencia estén controlados y asistidos por médicos que, con el correr de los años, se especializaron en Terapia Intensiva. El paciente que ingresa a terapia intensiva debe ser, dentro de su gravedad, potencialmente recuperable; de no ser así, otras ramas de la medicina deberían ocuparse de él, como la de cuidados paliativos.

La terapia intensiva se desarrolló -y se desarrolla- para salvar vidas, para sembrar la esperanza en momentos críticos, y no para prolongar agonías inútilmente, ni para medicalizar la muerte

Los pacientes y médicos tenemos que ser conscientes de que terapia intensiva no es omnipotencia y debemos considerar siempre que detrás del enfermo ademas de una enfermedad hay una familia que cumple un rol importante en el acompañamiento del paciente y de los médicos.

Por ello hay que tener en cuenta que la familia también se enferma. Esta cuestión se agudiza mucho más en fechas simbólicas como son las fiestas, siempre, claro, según las creencias de cada persona. Es un momento en que nos encontramos los médicos de terapia no solo con el padecimiento del paciente sino también con una familia que tiene detrás diferentes historias que debemos contemplar.

Debe haber un trato franco, abierto y hay que dejarlos preguntar y dar respuestas con palabras simples. Las palabras técnicas no van a brindar información: sólo dejaran incertidumbre

En general, las opiniones del grupo familiar suelen estar a favor y en contra de la atención que recibe el paciente. Es también muy común pensar que el equipo médico no hace lo suficiente. Por ello la familia es parte de la enfermedad y debe tener su lugar.

Recuerdo una Navidad que quedó grabada en mí… José ingresa a terapia intensiva, derivado desde el servicio de emergencia por un cuadro respiratorio que los médicos diagnosticaron como neumonía grave por el compromiso de cuadro clínico. Con el llegó María y Carmen, esposa e hija respectivamente, y le relataron a uno de los médicos que las recibió en terapia intensiva cómo había comenzado el cuadro, ya que José no lo podía hacer por la falta de aire que padecía.

En la habitación se encontraba José junto a el doctor Chicho y Rosa, la enfermera que lo asistía. En ese momento, el doctor Chicho le comenta lo que le sucede y que su cuadro requiere, además de antibióticos -que ya había recibido-, el uso de asistencia respiratoria mecánica para mejorar su cuadro, ya que el esfuerzo para respirar que tenía iba a llevarlo con el tiempo a un agotamiento tal que corría riesgo su vida.

En ese momento, José le toma la mano al doctor Chicho y le dice con palabra entrecortada:

– Doctor, yo he vivido una vida llena de buena salud y he hablado con mi familia que, si llegara a pasar momentos como éste, lo más importante era estar junto a mi señora y, tomado de su mano, me pueda despedir de mi familia.

– Jose, usted tiene una enfermedad grave en este momento que necesita un tratamiento que debemos levar a cabo, respondió Chicho.

-Lo sé Doctor, veo en usted a un profesional que sabe muy bien que debe hacer, pero yo he decidido que no quiero estar conectado a una máquina, son 85 años de una vida plena y hace meses que estoy con diferentes cuadros clínicos (cursaba una enfermedad oncológica, con recaída en el último ano), que me llevó a poder hablar con mi familia y tomar esta decisión.

– Lo entiendo José, le dice el doctor Chicho, y va en busca del doctor Bonzo, que estaba con la familia, y le comenta lo que el paciente le dijo mientras Rosa, la enfermera, lo sigue asistiendo.

La familia de José le habían referido lo mismo al doctor Bonzo, por lo cual ambos se acercaron a la habitación de José y le informaron que se lo acompañará en su enfermedad, fundamentalmente sacándole esa falta de aire, para que su familia estuviera con él. Allí su familia se ubicó a cada lado de la cama y ese 24 de diciembre José pasó la noche en la unidad de terapia intensiva junto a María y Carmen.

Mientras tanto, el doctor Chicho y el doctor Bonzo, ambos de guardia esa Navidad, atendieron a sus pacientes, cenaron y brindaron con todo el personal de terapia intensiva. Todos pasaron una nueva Navidad en la terapia. A las 00.45 del 35 de diciembre, Rosa, la enfermera, se acercó a ellos y les informó que José, luego de despedirse de su familia, falleció.

Uno de los desafíos que enfrentan los médicos intensivistas es el límite entre el hacer y el dejar de hacer; es la diferencia entre el paciente crítico, el terminal y aquel que tiene decisión personal de no avanzar en medidas invasivas al llegar a ese lugar que se llama Terapia Intensiva.

¿Cómo saber, entonces, si la decisión es la correcta? Siempre que se respete la autonomía de los pacientes es la decisión correcta, ya que los pacientes deben ser respetados a pesar que los médicos de terapia intensiva estén entrenados para tratar pacientes en estado crítico.

Cuando la guardia termina, el doctor Chicho y doctor Bonzo se encuentran con los doctores MatNorte y Danilo para entregarles la guardia. Allí, además de contarse los pacientes, compartir un mate en ese pase de guardia, recuerdan a cada una de las familias que esa noche estuvieron con sus pacientes y ellos, por su trabajo, no pudieron hacerlo. Pero al salir del hospital, y ya junto a sus familias, están tranquilos por haber hecho su trabajo. Recordarán a José, quien les dejó esa sensación inexplicable de haber hecho lo correcto para el buen morir que él quería, junto a su familia.

No siempre el tratar en forma invasiva hace a la atención en terapia intensiva, también debemos saber acompañar y respetar las decisiones del paciente y/o la familia

En terapia intensiva debe estar siempre presente la esperanza, pero modelada por la virtud de la prudencia, ambas enmarcando las actitudes de médicos, pacientes y familiares entre dos límites éticos: todo aquello que no debe dejar de hacerse y todo aquello que no debe hacerse.

 

Por Alejandro Risso Vázquez. Coordinador Medico Terapia Intensiva Sanatorio Otamendi y Mirolli.

Referencia: “La dignidad del otro. Puentes entre la biología y la biografía”. Maglio, Francisco. Buenos Aires. Libros del Zorzal, 2008.

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