La música desata en el cerebro las mismas sustancias placenteras que el sexo

Daniel Levitin es un neurocientífico muy particular ya que además de ser un experto en la materia y ser profesor e investigador de la Universidad McGill de Montreal (Canadá) ha sido en otra época productor de rock.

Uniendo la música con la neurociencia Levitin llevó adelante una investigación en la cual comprobó que las mismas sustancias químicas que regulan en el cerebro las sensaciones placenteras generadas por el sexo, las drogas recreativas o la comida intervienen en el disfrute de la música.

Daniel Levitin en su casa de Montreal

“Esta es la primera prueba de que los opioides propios del cerebro están directamente implicados en el placer musical”, destaca Daniel Levitin.

Este profesor asociado de psicología en la Universidad McGill en Montreal, Canadá, sugiere en su trabajo que entender cómo los diferentes tipos de música afectan al cuerpo puede ayudar a las personas a elegir canciones o bandas que podrían ayudarles a lograr tareas o metas.

Él encontró que el cerebro de alguien que escucha música reacciona de manera similar a la de un jugador al ganar una apuesta, a la de un paracaidista a punto de saltar de un avión o alguien que acaba de tomar drogas.

Alguien que escucha canciones o melodías que disfrutan experimenta una liberación de dopamina, la hormona vinculada a la recompensa y la felicidad. Esta asociación ha llevado al Prof. Levitin, que en sus horas de productr musical trabajó con Stevie Wonder y Grateful Dead, a afirmar haber descubierto finalmente el centro de “sexo, drogas y rock ‘n’ roll”.

“La investigación muestra que la música tiene efectos específicos sobre la fisiología del cuerpo, incluyendo la frecuencia cardíaca, la respiración, la sudoración y la actividad mental.

“El escenario de sexo, drogas y rock ‘n’ roll demuestra que la música está en el corazón de la creación de nuestros estados de ánimo y nuestras reacciones” explicó el profesor.

“La música es eficaz para moderar los niveles de excitación, la concentración y ayudar a regular el estado de ánimo a través de su acción sobre la química natural del cerebro” agrega Levitin.

“La gente que puede tener música los sigue durante su vida diaria puede utilizar estas propiedades de la música de manera efectiva, para formar una banda sonora para su día y sus vidas”.

Se ha demostrado que la música causa actividad en circuitos cerebrales asociados con reacciones físicas, como sudoración, excitación sexual y “escalofríos por la columna vertebral”.

Los investigadores utilizaron una variedad de métodos para medir el efecto de la música en el cuerpo, incluyendo la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la respuesta del sudor, la respiración y la actividad de las ondas cerebrales.

Las técnicas de exploración han permitido a los científicos observar los cambios en partes específicas del cerebro de acuerdo al tipo de música que están escuchando.

El equipo que trabajo en este estudio encontró que la música instrumental como el clásico, el jazz, el techno o el bluegrass eran buenos para la gente que está estudiando y debe evitar distraerse. Las melodías energéticas con un tempo superior a 96 latidos por minuto eran las mejores para cocinar, limpiar o hacer tareas domésticas.

La universalidad de la música y su capacidad para afectar profundamente a las emociones sugieren que existe un origen evolutivo, por lo que “estos nuevos descubrimientos aportan más pruebas sobre la base biológica evolutiva de la música”, opina Levitin.

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