Nueva revelación de “La última cena” de Leonardo Da Vinci

La Última Cena de Leonardo da Vinci es una de las pinturas más famosas del mundo. El mural original, creado entre 1495 y 1497, aún se puede contemplar en su primera ubicación, la pared del comedor del antiguo convento de los dominicos de Santa Maria delle Grazie, en Milán.

La Última Cena de Leonardo es una enorme pintura de 460 centímetros de altura y 880 de anchura, realizada con témpera y óleo sobre una preparación de yeso, en lugar de la técnica común del fresco.

Para la creación de la obra Leonardo realizó una investigación exhaustiva creando infinidad de bocetos preparatorios. Aquellos que le vieron trabajar afirmaban que su comportamiento era de lo más extravagante. En ocasiones comenzaba a pintar temprano y no paraba ni siquiera para comer, mientras que otros días sólo vagaba por la ciudad en busca de caras que le inspirasen o pasaba varias horas atónito, observando su creación.

Un dato curioso es que, después de tanto tiempo de dedicación a la obra, Leonardo da Vinci no cobró ni un céntimo y ni siquiera se preocupó por hacerlo.

Tras años de intensa restauración, La Última Cena de Leonardo ha recuperado parte de su resplandor original y puede ser contemplada por los afortunados turistas que tengan la precaución de reservar la visita con antelación.

“La última cena” ha sido una de las pinturas más estudiadas y muchos especialistas han tratado de descifrar los mensajes ocultos que guarda. Recientemente, la historiadora italiana Elisabetta Sangalli reveló un nuevo hallazgo.

Leonardo decidió plasmar de forma realmente original uno de los momentos más especiales de la cena, justo después de que Jesús anunciara que uno de ellos era un traidor. La pintura es capaz de captar las reacciones de asombro, espanto y estupefacción de los apóstoles.

Aunque en los bocetos de Leonardo los apóstoles aparecen claramente identificados con su nombre, algunas de las figuras son motivo de discrepancia. Por ejemplo, debido al aspecto femenino de la figura situada a la derecha de Jesús, se dice que no es el apóstol Juan, sino María Magdalena.

En esta nueva investigación examinó el conjunto de piedras preciosas que el artista pintó en las vestimentas de Jesús y sus discípulos. La historiadora afirmó que Da Vinci le dio una interpretación a cada piedra y las asoció a Cristo y cada uno de los apóstoles.

Las tres conclusiones a las que llegó:

• En la túnica de Jesucristo se encuentra una esmeralda. “Esta gema es considerada portadora de paz, simboliza el renacimiento y estaba asociada a la tribu de Leví, única con posibilidad de acceder al sacerdocio de la época.”

• A San Juan le pintó un diamante, que en hebreo se dice “yahalom”. Un ejemplo del corazón puro que tenía y su luminosa espiritualidad.

• Andrés apóstol porta un zafiro que hace referencia a la “Ciudad Celeste” del apocalipsis.

Esta es una parte de las conclusiones a las que llegó Elisabetta Sangalli en su nuevo estudio. Toda la información se encuentra en su libro titulado “Leonardo e le dodici pietre del Paradiso” (Leonardo y las doce piedras del paraíso).

Si vas Te invitamos a que vuelvas a ver la pintura, que se encuentra en el convento milanés de Santa María delle Grazie, y descubras estas nuevas revelaciones.

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