El poco conocido “monumento a la coima” está en Buenos Aires y es único en el mundo

Caminando por la calle Moreno, al cruzar la calle Bernardo de Yrigoyen levantá la vista. Verás el edificio del ex Ministerio de Obras Públicas: a la altura del 2º piso verás la vergonzosa estatua que está ahí desde 1934

El monumento a la coima existe, está en la Argentina y es único en el mundo. Es una  estatua que se encuentra en el viejo edificio de Obras Públicas, hoy sede del Ministerio de Salud, en plena avenida 9 de Julio, y aunque está a la vista de todos, muy pocos conocen su existencia.

El nuevo libro del periodista Luis Gasulla, El negocio Político de la Obra Pública, rescata la historia de este “homenaje” a la corrupción: dos estatuas de piedra, una con un cofre en las manos y la otra con una mano con la palma hacia afuera, mirando hacia abajo, distraída o avergonzada. La imagen que transmiten es brutal. Algunos llaman a estas estatuas:

“El único monumento al soborno que existe en el mundo”

Reconstruir su historia no fue nada fácil porque las estatuas no figuran en el proyecto original del edificio, ni en los planos, ni en ningún archivo. Pero las estatuas están y representan una denuncia sutil sobre lo que pasaba en los años 30 con la obra pública. Parecen un presagio de lo que sucedería a lo largo de toda la historia argentina.

El viejo edificio de Obra Pública, conocido hoy como el Edificio de Evita, sostiene este monumento al soborno, una imagen de piedra, al acecho, en una esquina del segundo piso del edificio, que simboliza el pago de coimas, algo lamentable y doloroso a lo largo de la historia de la obra pública en la Argentina.

No hay razones para que esa estatua art decó esté ahí, ni certificaciones. Los artistas suelen dejar mensajes en sus obras y ésta no sería una excepción. El mensaje en el antiguo edificio de Obras Públicas es de una claridad tal.
Por aquellos años se trazaba la avenida 9 de Julio y el edificio en 1933 dificultaba el trabajo. Idas y venidas, incluso pago de “incentivos”, intentaban acelerar la obra. Tal vez sea ese el motivo que dio origen a la leyenda de ese único monumento al soborno que se conoce en el mundo.

Y es que, observar detenidamente esa mano extendida en actitud de secreto, esos ojos torvos, con esa picardía tan argentina, pero también con esa culpa tan nuestra, plasman la tragedia que ha recorrido la historia argentina.
Gasulla, en una completa investigación, revela una lectura apasionante sobre un complejo entramado de empresas y gobiernos.


El Ministerio de Obras Públicas fue cambiando desde su creación, pero aquella estatua de mirada torva sigue ahí hasta hoy, con su mano extendida, a la espera del retorno.

Muchos actores forman parte de la obra de Gasulla, en la que habla de la caja usada para la política, para el enriquecimiento, y para todo aquello que no ha sido satisfacer las necesidades de la gente.

Entre otros actores fundamentales, el libro destaca el rol de la Dirección Nacional de Vialidad, y la Cámara Argentina de la Construcción, que no escapan a la mirada de piedra de la estatua del MOP, que sostiene el cofre en sus manos.

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