Caminar por la espalda del Dragón: recorrer las terrazas de arroz en China

Un lugar hasta hace muy poco cerrado al exterior, con paisajes espléndidos, minorías étnicas de ricas y vistosas tradiciones y deliciosa gastronomía. La “espalda del dragón” es uno de los lugares más fascinantes que ofrece la inmensa China para el turista.

Partiendo desde la ciudad de Guilin se accede a las fantástica zona de terrazas de arroz de Longji, en Longsheng, conocidas como la “la espalda del dragón”, una zona muy rica en agua y vegetación, cuyas montañas han propiciado un aislamiento que hacen mantener -todavía, aunque puede que no por mucho tiempo- la autenticidad a sus habitantes.

Hay varios puntos para visitar en el área, ingresando por los puntos de Ping’an o Jingkeng, donde se encuentran las boleterías. A la aldea más alta se llega por una estrecha carretera que apenas tiene veinte años, y que conecta con una vía general. Hasta entonces, la población -sobre todo de las etnias zhuang y yao- estaba bastante aislada y vivía de forma muy rústica de una agricultura y ganadería de subsistencia.

Desde Guilin son unos 100 km hasta al acceso a esta área y el paseo se puede hacer en el día o parando una noche en alguna de las villas que se ubican entre las terrazas, donde hay hoteles y hostales.

Longji Titian es un área de un centenar de kilómetros al norte de Guilin que, desde hace unos años, es zona protegida, por lo que para acceder es necesario pagar una entrada. La cantidad es razonable si se compara con la de otras zonas con mayor especulación como los Tulou de Fujian. Son 100 yuanes por cabeza que permiten la visita y estancia en el territorio de Longsheng.

Una vez dentro del complejo, hay senderos y miradores con nombres que describen las fantásticas vistas, como por ejemplo Siete estrellas alrededor de la luna, Nueve dragones y cinco tigres o el Pico del Buda dorado. De abril a octubre es la época para disfrutar de las mejores vistas.

Este particular y famoso paisaje se remonta a la dinastía Yuan, más de 7 siglos atrás, cuando se comenzó a aprovechar la ladera de las montañas para producir arroz en terrazas que van formando escaleras.

Las etnias se refugiaron en estas montañas y valles en el siglo XIII debido a la presión de los han (la etnia mayoritaria en China) que a su vez sufría la invasión de los mongoles.

La construcción de las terrazas, que llevó varios siglos de paciente trabajo, fue necesaria para lograr suficiente superficie de cultivo para sobrevivir. Patos, pollos y gallinas pasean tranquilamente por caminos y callecitas mientras que pequeños corrales de mulas y cerdos aparecen de forma intermitente.

Para recorrer la zona, aquellos que no tengan un estado físico que los haga aptos para caminatas por ondulantes caminos de montaña pueden optar por subir en una silla de mano llevada por hombres locales, mientras que mujeres zhuang, con la cabeza siempre con un tocado textil de color, se ofrecen a llevar el equipaje en las tradicionales cestas que cargan a la espalda.

La calma propia de esta región se mantiene intacta mientras se sube por estrechos caminos en cuesta hasta la cima de las montañas que rodean el pueblo.

Al llegar arriba se puede apreciar la inmensa tarea que hicieron las generaciones que ocuparon esas tierras mediante un ingenioso sistema de recolección de aguas que permite inundar las terrazas. Gracias a las intensas lluvias y a esas terrazas inundadas, las montañas vistas desde arriba, se transforman en espejos.

Probablemente lo mejor para recorrer y conocer esta región es quedarse dos días hospedados pasando la noche en la cima, lo que permite atravesar el área de un punto a otro, paseando por caminos que conducen a las zonas panorámicas que permiten disfrutar de tan particulares paisajes.

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