Sudeste asiático: un destino que crece de la mano de la aventura

Tips para armar una ruta en tu primer viaje a esta cultura milenaria

Viajar al sudeste asiático es el sueño de muchos, es un lugar en el que te encontrarás con una cultura milenaria y alucinante. Podrás vivir el día a día con  los lugareños conociendo sus ritos y formas de vida, además de recorrer antiguos templos, plantaciones de arroz, playas paradisíacas, pueblitos detenidos en el tiempo, un río mítico y costumbres ancestrales.

Además de esa maravilla, también verás motos a toda velocidad, bocinazos, bullicio, puestos callejeros, y regateo para todo.

Así es el sudeste asiático: la paz y sabiduría milenaria conviven con el ritmo frenético de las grandes ciudades y la compulsión por el consumo

Deslumbrante y avasallante, tendrás momentos de fascinación y otros de desesperación. Aventurarse en un viaje como este es entender que estas contradicciones son parte del atractivo.

Hay tanto para ver y conocer, que planificar el recorrido puede ser tan intenso como el destino en sí mismo. Intentaremos escribir algunos tips para recorrer un lugar tan lejano, con una cultura tan diferente a la nuestra.

El Sudeste Asiático, una zona que está entre las favoritas del turismo internacional, comprende 11 países con una gran variedad de culturas y contrastes. Se encuentra entre los océanos Índico y Pacífico, al Sur de China y al Este de India.

El primer paso a dar para organizar este viaje, es elegir los destinos que visitaremos en base al tiempo que dispondremos, variable que definirá la selección a realizar.

Los países más clásicos para un primer viaje son Tailandia, Vietnam y Camboya, no sólo porque son los más turísticos, sino porque resulta fácil y seguro acceder a ellos

Si se cuenta con más tiempo se pueden agregar Laos y Myanmar. Este último, es un país en el que el turismo todavía no está muy desarrollado, y es para quienes estén buscando un poco más de aventura.

Ahora entonces, algunos consejos básicos para iniciar un viajar a esta parte del mundo. Armamos un recorrido visitando Tailandia, Laos, Vietnam y Camboya, primera opción para el turista primerizo en la zona.

Tailandia

El primer destino es Bangkok. Enorme, ruidosa, atractiva y punto de partida para los próximos destinos. Capital de Tailandia, uno de los países más budistas del planeta, –sólo en Bangkok hay 400 templos de los cerca de 37.000 que, se estiman, hay en todo el territorio.

Dato: entre los cientos de tuk tuks que circulan por la ciudad, –motos con carrito incorporado que ofician de taxis abiertos y más económicos–, muchos te ofrecerán hacer un recorrido completo, con espera incluida, por unos pocos bahts, la moneda local.

Son útiles, baratos y vale la pena tomarlos. Solo tener en cuenta que hay que cuidar las pertenencias, ya que, al no tener puertas, suele haber arrebatos.

Bangkok

3 sitios de culto imperdibles:

Wat Pho o Wat Phra Chetuphon, en español, el Templo del Buda Reclinado: te encontrarás con una impactante estatua dorada de 46 metros de largo y 15 de alto, dentro de un predio lleno de imágenes de Buda de todos los tamaños.

En pleno Chinatown, el Wat Traimit o el Templo del Buda de Oro: es una estatua sentada de 900 años, de 3 metros y más de cinco toneladas de oro sólido.

Del otro lado del río Chao Phraya, que atraviesa la ciudad, está el Wat Arun, con una cúpula impactante.

Otro clásico son los mercados y Chatuchak es el más importante, pero sólo funciona los fines de semana. Preparate para las multitudes.

También están los fotogénicos mercados flotantes, como Damnoen Saduak, en las afueras de Bangkok.

El Palacio Real es otro de los imperdibles. Se trata de un imponente complejo de edificios que fueron sede real desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX. La visita lleva casi un día completo, y como en muchos templos no está permitido ingresar con pantalones cortos y remeras sin mangas. En la entrada y en forma gratuita prestan ropa adecuada para cubrirse.

Barrios según el bolsillo: en Ratchaprasong se ubican varios de los mejores hoteles y Banglamphu es la zona mochilera, repleta de hostels y bed & breakfast.

Playas del sur o desierto del norte

Un tren desde Bangkok puede hacer cambiar totalmente el paisaje en cuestión de horas. El transporte es seguro y cómodo, y los asientos se hacen cama durante la noche.

Si decidís ir hacia el Sur tendrás dos opciones:

Sobre el golfo de Tailandia, las islas de Koh Samui y Koh Phangan, –esta última mundialmente famosa por la Full Moon Party–, o sobre el mar de Andaman, en Phuket, Phi Phi Island, set de filmación de “La isla”, protagonizada por Leonardo DiCaprio. (Foto de portada).

Si en cambio se busca la aventura y un clima selvático, al Norte espera Chiang Mai, la segunda ciudad más importante después de Bangkok.

Pintoresca y repleta de templos –hay más de 300–, desde allí se pueden tomar excursiones para atravesar la selva en un trekk de dos días y hasta andar en elefante.

A través del río Mekong

El río Mekong es sin duda un icono del siglo XX. A algunos les traerá a la memoria aquel aguerrido y brutal Robert Duvall en Apocalypse Now. A otros les vendrá el recuerdo literario del cuerpo sin vida de Alden Pyle, el Quiet American de la novela de Graham Green, flotando sobre las aguas del río en Saigón. De un modo u otro, lo que es seguro es que encontraremos a pocos  a quienes el nombre de este río no les diga nada.

El río riega colinas, montañas y junglas de seis países distintos y seguir su curso nos brinda la posibilidad de adentrarnos en lugares de gran belleza y variedad étnica y cultural.

“Puerta de entrada a Indochina”: es el nombre que le han dado a un punto de paso en el tramo en el que Tailandia y Laos comparten frontera.

Si elegiste ir hacia el norte de Tailandia, ahora el paso hacia Laos es por Chiang Khong.

Los menos osados podrán volar a Luang Prabang, el encantador pueblito de reminiscencias francesas en el centro-norte de Laos. Los aventureros podrán llegar en slow-boat, grandes lanchones que albergan varias decenas de pasajeros sin prisa alguna,– y así conocer lo que se siente navegando por el enigmático Mekong, el mítico río sagrado que nace en el Tíbet, fluye por China y Myanmar, atraviesa Tailandia, Laos y Camboya, y desemboca en el sur de Vietnam.

Los slow-boats no son ni cómodos ni rápidos, pero forman parte de la experiencia

Demoran dos días en llegar a Luang Prabang, cada jornada es de alrededor de 6 horas y no navegan de noche, lo que suma el plus de pernoctar en Pak Beng, un pueblito de paso sin luz eléctrica. Se ilumina con cientos de velas en las calles, los bares y los hotelitos que esperan ansiosos por los turistas, único medio de vida de sus pobladores.

Laos

Luang Prabang: un lugar donde el tiempo está detenido. Aquí descansarás del bullicio de las ciudades asiáticas para mecerte en la tranquilidad de este pueblo bellísimo, salpicado de templos y con un definido estilo colonial, de herencia francesa.

Declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, de día enamora con sus balcones floridos, su gente siempre sonriente y los monjes que caminan sin prisa por sus callecitas. De noche, todo se llena de lámparas de papel y luminarias, muchas calles se transforman en peatonales, y se tapizan de artesanos vendiendo sus tejidos típicos y seda genuina.

Un clásico cercano es la excursión de un día a la catarata Tat Kuang Si.

Vietnam

Hanoi es la capital de Vietnam y la puerta de entrada más popular a este país. En general no da una bienvenida muy amable: es difícil no ser blanco de estafadores desde que se aterriza en el aeropuerto. Luego los bocinazos -lenguaje constante de los conductores- y el tráfico caótico de la ciudad, que multiplican varias motos por cada auto que transita por la ciudad.

Esa es la bienvenida y el recuerdo del tráfico caótico te acompañará después de abandonar Hanoi, pero hay mucho por descubrir y sorprenderse.

Las plantaciones de arroz y la gente con sombrero cónico que son parte del imaginario popular, son moneda corriente en cualquier ciudad vietnamita, y suma al encanto.

Hacia el Norte, a casi cuatro horas del centro de Hanoi, la espectacular bahía de Halong corta la respiración

Lo imperdible es tomarse dos días para navegar las aguas color esmeralda, atravesando más de 3000 rocas, islas e islotes. Se puede pasar la noche en Cat-Bá, una isla en medio de la bahía.

Si se viaja con espíritu aventurero, es interesante comprar un pase en bus para recorrer las ciudades más importantes de Vietnam: hacia el sur desde Hanoi, sólo por mencionar algunas, están Hoi An, exquisita y colonial; Nha Trang, con sus playas ideales sobre el Mar de China del sur, y Ho Chi Minh City (HCMC), ex Saigón, antigua capital y la ciudad más grande del país.

Camboya

Desde HCMC (ex Saigón), demora cerca de cinco horas llegar a la capital camboyana, Phnom Penh: se combina colectivo y al atravesar la frontera, ferry.

Esta ciudad suele ser un lugar de paso para los viajeros que quieren llegar a Siem Reap en busca de los famosos templos, pero al arribar se descubre que tiene un espíritu propio que vale la pena un día extra de itinerario.

El imponente Palacio Real y el Museo Nacional son dos de los destacados.

Otras cinco horas de viaje por tierra y al fin se llega a Siem Reap, una pequeña ciudad emergente, cada vez más popular gracias al turismo, atraído por el monumental Angkor Wat.

El complejo abarca cerca de 400 km2, y el parque arqueológico -Patrimonio de la Unesco- alberga las capitales del imperio Khmer, del siglo IX al XV. El más famoso es el templo de Angkor, y le siguen el Angkor Thom, el de Bayon, la Terraza de Elefantes y mucho más.

Como la distancia entre los templos es grande se puede alquilar una moto o un tuk-tuk con conductor, que irá haciendo escalas en los puntos más importantes.

El amanecer y el atardecer son los momentos mágicos, cuando el sol tiñe de dorado las imponentes construcciones milenarias

 

Uno de los puntos a favor del sudeste asiático es que se encuentra repleto empresas low cost para trasladarse. Para conseguir buenas opciones, lo ideal es rastrearlas a través de un buscador de vuelos, como Kayak o Skyscanner, entre otros. Luego, es decisión del viajero sacar sus pasajes a través de algunas de estas páginas, o directamente elegir cada vuelo, buscarlo en la página de la aerolínea y sacarlo a través de ella.

Cuándo ir: las fechas ideales son de septiembre/octubre a marzo/abril. El resto del año es época de lluvias y no es recomendable.

 

Qué llevar: ropa liviana y fresca, una buena provisión de protector solar y repelente contra los mosquitos. Zapatillas y sandalias para trekking, y también piloto para las tormentas tropicales que, aunque breves en la época indicada, suelen sorprender.

Visados: Argentina está exenta de visa para Tailandia, y la embajada de Vietnam tramita el visado por US$ 50 ( www.vietnamembassy.org.ar). Se puede evitar este trámite personal: quienes viajan por vía aérea tienen la posibilidad de gestionarla por Internet y retirarla directamente al arribar al país. Este último trámite consiste en completar un formulario con el objetivo de recibir la carta de aprobación de la visa, que debe ser impresa y presentada en alguno de los aeropuertos de Vietnam.

Para quienes decidan a último momento incorporar este destino al itinerario, existe la opción de tramitar el documento directamente en otros países del sudeste asiático, como por ejemplo, en Camboya. En estos lugares, el viajero debe acercarse hasta la Embajada de Vietnam o a alguna agencia de turismo, que también se encargan de prestar este servicio.

Camboya y Laos no tienen representación diplomática en la Argentina, pero las visas se otorgan en las fronteras o aeropuertos, por 30 y 40 dólares, respectivamente: “visa on arrival”.

Fundamental para entrar a cualquiera de estos cuatro países, tener un pasaporte válido con un mínimo de seis meses de vigencia

Idioma: si bien el inglés es un idioma universal, lo mejor es aprender las palabras o frases principales en el idioma oficial de cada país y hacerse entender un poco más, aunque sea para decir “hola”, “gracias”, “perdón” y “adiós” en la lengua local.

Dónde dormir: encontrar un lugar para dormir en los países del sudeste asiático no suele ser un problema y hay opciones para todos los gustos. Como en todos los destinos, si se busca confort y el dinero no es una preocupación, todo es sencillo.

Lo más económico resultan ser los hostels, con sus habitaciones compartidas o privadas, y servicios como “pick-up” desde los aeropuertos y, en algunos casos, desayuno. O las guesthouses (casas de huéspedes). Esta es la modalidad de hospedaje típica. Se trata de propiedades privadas en las que se ofrecen habitaciones individuales o compartidas, cuyo precio varía según disponga de baño privado, o si poseen aire acondicionado, ventilador o ninguna de las dos. No tienen las comodidades típicas de un hotel, salvo wi-fi, pero por todo esto resulta la opción más barata.

Dinero: las ciudades de esta región cuentan con cajeros y bancos accesibles, al igual que casas de cambio. Por eso, no vale la pena cambiar el dinero en aeropuertos, donde el cambio no resulta muy favorable al viajero. Es necesario tener moneda de cada país porque si bien hay tarjeta de crédito, muchos no las aceptan. Lo recomendable es no quedarse con dinero de un país cuando se viaja a otro, ya que probablemente no pueda ser cambiado con facilidad una vez que estés del otro lado de la frontera.

Comida: en el sudeste asiático, la comida es deliciosa y muy económica: dos condiciones para animarse a probar nuevos sabores. Las mejores opciones para degustar comida regional son los mercados y puestos callejeros.

Aunque suene difícil de creer, comer en la calle es lo más común y seguro en esta parte del mundo. Los ingredientes siempre son frescos porque sus dueños los compran en el día. Cada plato cuesta desde un dólar, y lo cocinan en el momento y adelante de los clientes.

Tanto en mercados y puestos, como en los restaurantes, es mejor pedir que a la comida no le pongan picante y acostumbrarse de a poco a los sabores.

Importante: beber agua embotellada. Evitar el agua de la canilla y el hielo en general

 

Salud

Legalmente, sólo se exige la vacuna contra la fiebre amarilla, no porque estos países la sufran, sino porque la Argentina es un país de riesgo. Hay que aplicarla, como mínimo, 10 días antes de ingresar al país, que es lo que tarda en formar los anticuerpos. De lo contrario, el viajero puede entrar en cuarentena hasta que se cumpla este período.

Recomendaciones del Dr. Elmassian, del Centro Stamboulian, según la zona que se visitará y el estilo de turismo por realizar:

“Hay que pensar tres situaciones de prevención de la salud: una prevención a través de vacunas, otra para las enfermedades transmitidas por mosquitos y una tercera de autotramiento para diarreas”

“Es importante evaluar cada caso en forma particular, por eso lo ideal es hacer la consulta entre cuatro y seis semanas antes de viajar”, explica el Dr. Elmassian.

www.stamboulian.com.ar

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