Visitar Cracovia y enamorarse de ella

Imperdible: descubrir y pasear por el Rynek Glowny, la gran plaza de mercado, visitar la fábrica de ‘La lista de Schindler’ o tomarse una copa en los bares de Kazimierz, el barrio judío

Cracovia es una ciudad para pasear entre el juego natural de arquitectura y luz que se percibe en sus calles, y mientras se recorre intentar comprender la mezcla de pasado y presente que no puede faltar en una visita a Polonia.

La ciudad es pequeña, manejable y repleta de trazos que nos traen su historia: desde ella se organizan las visitas a Auschwitz y también a la fábrica de Schindler:

Cracovia ofrece una mirada de Polonia a través del mejor y el peor de sus pasados

Cuenta la leyenda que Cracovia se fundó tras la derrota de un dragón, y tal vez por eso la ciudad está envuelta en una especie de atmósfera mítica. Se siente en su castillo, pero también en sus iglesias museos y plazas del casco antiguo.

En Kazimierz, el antiguo barrio judío, las sinagogas que sobrevivieron reflejan la tragedia del siglo XX, y sus animadas plazas y calles secundarias simbolizan la renovación del siglo XXI. Aquí y en todo el casco antiguo hay centenares de restaurantes, bares y locales nocturnos.

Visitas que harán que te enamores de la ciudad

La colina de Wawel
La primera experiencia obligada en la ciudad es sumergirse en el pasado polaco visitando los museos del señorial castillo de Wawel y de la catedral, ubicados en lo alto de una colina cuya cima concentra más historia que cualquier otro lugar del país. Para esta visita deberás reservar un mínimo de cuatro horas y madrugar en verano para evitar excesivas colas.

El castillo Real de Wawel, símbolo de la identidad nacional, fue el corazón político y cultural de Polonia hasta el siglo XVI. Trono de reyes durante más de cinco siglos, conservó buena parte de su poder simbólico incluso después de que el centro del poder se trasladara a Varsovia, a finales del siglo XVI.

Convertido en museo, muestra una sala del tesoro, armería, exposiciones y diversos aposentos reales, así como el cuadro más valioso de la ciudad: La dama del armiño, de Leonardo da Vinci.

En la colina de Wawel se encuentra también la catedral real, gótica, testigo de numerosas coronaciones y funerales de monarcas y dictadores polacos. Consagrada en 1364, se trata de la tercera iglesia erigida en este emplazamiento, en la que destacan la capillas de la Santa Cruz y de Segismundo, la cripta de San Leonardo y las criptas reales.

Antes de abandonar la colina de Wawel, junto a la torre de los ladrones, conviene entrar en la Cueva del Dragón, antigua madriguera de una legendaria criatura. Ya no vive un dragón en ella, pero merece la pena por la vista panorámica que regala sobre el río Vístula.

La fábrica de Schindler
Cracovia ha sobrevivido a una intensa historia de guerras, conflictos e invasiones, pero sobre todo, quedó marcada por la II Guerra Mundial. Un museo interactivo alojado en la antigua fábrica de esmaltes de Oskar Schindler, el famoso empresario que salvó la vida a muchos parientes de sus empleados judíos en pleno Holocausto, narra la ocupación nazi de Cracovia entre 1939 y 1945.

Para conocer mejor este periodo histórico de la ciudad hay que visitar también el Muro del gueto judío de Cracovia, al sur de Plac Bohaterów Getta, donde se conservan restos originales del mismo, levantado durante la II Guerra Mundial.

La Farmacia Bajo el Águila, es un museo que ocupa una antigua botica regenteada por Tadeusz Pankiewicz (que no era judío) durante la ocupación alemana. Se ha restaurado el interior para recuperar su aspecto original y la muestra repasa la historia del gueto y el papel que la propia farmacia desempeñó en su día a día.

Paseo por el casco antiguo
Las invasiones tártaras del siglo XIII fueron, en realidad, un regalo para Cracovia, ya que permitieron a la ciudad crear un armónico trazado de calles tras la devastación provocada por éstas.

Casi dos siglos después, la ciudad quedó cercada por una doble muralla defensiva de tres kilómetros de longitud, con 47 torres, ocho entradas principales y un amplio foso. Permaneció en pie hasta principios del siglo XIX, cuando se demolieron sus muros –solo se conservó una pequeña sección al norte– se cegó el foso y se trazó el parque Planty, una zona verde en forma de anillo que rodea el casco antiguo y ahora es uno de los atractivos de la ciudad.

El centro histórico, peatonal, concentra edificios y monumentos históricos y fue declarado patrimonio mundial en 1978

Rynek Glowny es el corazón de todo: la mayor plaza medieval de Europa y uno de los mejores ejemplos de planificación urbana de su estilo.

Su trazado romano se diseñó en 1257 y ha sobrevivido hasta hoy, aunque los edificios que la flanquean han cambiado bastante a lo largo de los siglos.

Aunque casi todos parezcan neoclásicos, sus fachadas engañan: esconden estructuras básicas mucho más antiguas, como se puede ver en los detalles de las entradas.

En torno a esta plaza se ubican el resto de los monumentos de Cracovia, pero también hay más y está bajo tierra. Debajo de la enorme plaza, el Rynek Underground propone una fascinante ruta subterránea por puestos de mercado medievales y cámaras olvidadas desde hace muchos siglos, que incluye hologramas y otros efectos audiovisuales.

El barrio judío – Kazimiers
El otro gran centro de interés de la ciudad es Kazimierz. Durante buena parte de su historia, fue una localidad independiente, con sus propios fuleros y leyes municipales, en la que convivían judíos y cristianos. Aunque ahora es muy diferente, sigue siendo interesante.

Está a un corto paseo desde la colina de Wawel y el casco antiguo. Además de sinagogas, iglesias y museos, acoge algunos de los mejores cafés y restaurantes de la ciudad.

El antiguo barrio judío, en torno a la plaza de ul Szeroka, quedó abandonado tras la guerra pero ha ido recuperando cierta idiosincrasia gracias a restaurantes kosher con música klezmer en directo, y varios museos dedicados a la cultura judía.

Milagrosamente, siete sinagogas sobrevivieron a la guerra, y algunas de ellas se pueden visitar

Las minas de Wieliczka
Unos 14 kilómetros al sureste de Cracovia se encuentran estas famosas minas de sal, un fantasmal mundo de pozos y cámaras esculpido a mano a partir de bloques de sal. Sus 300 kilómetros de túneles están distribuidos en nueve niveles, el más profundo de los cuales desciende hasta los 327 metros bajo tierra.

La sección abierta al público, compuesta por 22 cámaras comunicadas por galerías a una profundidad de entre 64 y 135 metros, permite recorrer por dentro este microclima famoso por sus propiedades conservantes y curativas: a unos 235 metros de profundidad hay un sanatorio dedicado a afecciones alérgicas crónicas, ofreciendo tratamientos que incluyen estancias de una noche allí abajo.

Algunas formaciones de sal se han transformado en capillas con retablos y figuras, mientras otras lucen estatuas y monumentos.

Hay incluso lagos subterráneos, como el de la cámara de Eram Baracz, cuyas aguas contienen 320 gramos de sal por litro. La joya del lugar es la capilla de Santa Kinga, en la que todo es de sal, desde los candelabros hasta los retablos, y en la que de vez en cuando se celebran misas y conciertos.

Para culminar este templo subterráneo (1895), dos hombres trabajaron durante 30 años, extrayendo unas 20.000 toneladas de mineral salado.

 

La mejor comida callejera
Cracovia ofrece la mejor comida callejera de Polonia, con puestos nocturnos de salchichas en food truks que sirven entre otras cosas, zapienkanka, la conocida pizza polaca y el modesto obwarzanek, un cruce entre pretzel y bagel. Propuestas de street food que permiten aplacar el apetito más allá de medianoche, ya que la mayoría de restaurantes de la ciudad suele cerrar en torno a las 23.00.

Cracovia, en bicicleta
Una de las experiencias más interesantes para conocer la ciudad es tomar un tour guiado en bicicleta por el centro histórico. Se puede hacer, por ejemplo, con Cool Tour Company, que realizan dos circuitos al día entre mayo y septiembre. Durante cuatro horas se recorre todo: desde las murallas del casco antiguo y la colina de Wawel hasta la fábrica de Öskar Schindler, en Podgórze.

Otras posibilidades para recorrer el centro de forma diferente son los carruajes de caballos que aguardan a los turistas en el flanco norte de Ryneck Glówny; también conduciendo un carrito de golf eléctrico o acompañados a pie por un guía en español totalmente gratis.

Fuente:  www.lonelyplanet.es

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