Un día en Viena

Viena es sin duda una ciudad para conocer y lo aconsejable es destinarle varios días. Por eso el título de la nota no podría ser “Viena en un día”.

Sin embargo puede ocurrir que uno tenga apenas algunas horas para disfrutar en la bella capital austríaca, la de los innumerables monumentos históricos y la leyenda de Sissi, la de la música eterna y el Danubio.

Qué hacer en tan breve tiempo?

En primer lugar no perder ni un segundo en lamentarse y seguir el ejemplo de los protagonistas de “Antes del amanecer” a quienes sólo una noche les alcanzó para hacer conocer Viena a su público y, en la recorrida, enamorarse. Si a ellos les bastó una noche por qué no hacer algo bueno en unas cuantas horas a la luz del día!

Comencemos por el extraordinario Palacio de Schönbrun, allí donde vivieron los emperadores Habsburgo y donde habita aún la memoria de la célebre Sissi.

El metro verde, línea 4, nos conduce allí, se puede descender tanto en la estación Schönbrun como en la siguiente, Hietzing. Desde cualquiera de ambas se llega a destino caminando unos 300 metros y calentando los músculos porque el día demandará, inexorablemente, varios kilómetros más.

Conviene optar por la visita clásica que habilita a ingresar no sólo a las habitaciones imperiales con audio guía en español sino a la terraza de la magnífica Glorieta, al laberinto –a primera vista un juego de niños pero donde llegar a destino nunca es fácil- y a varias atracciones más.

El Palacio, sus jardines y tantas otras atracciones justifican un día entero pero nos conformaremos  con tres horas, lo mínimo indispensable para llevarnos un recuerdo imborrable.

De regreso al metro y a descender en la estación Karlplatz. Una breve visita a la muy bella Karlskirche, la Iglesia de San Carlos Borromeo, obra maestra del barroco.

A un par de cuadras, cruzando el “anillo” que rodea la ciudad vieja, la tan célebre como imperdible Opera de Viena. Si logramos coincidir con una recorrida guiada mejor, si no a seguir la ruta disfrutando cada minuto.

A la vuelta de la Opera está el Museo de la Albertina, construido en una de las últimas secciones que quedan en pie de las antiguas murallas vienesas. Su magnífica colección merece la pena, el edificio y su alerón modernista que contrasta con la antigua construcción también.

Caminamos desde allí otro par de cuadras cargadas de historia a cada paso hasta el Palacio Imperial de Hofburg. Los fans de Sissi pueden recorrer allí sus habitaciones imperiales. Habrá quienes prefieran una rápida mirada a la Biblioteca Nacional ubicada frente al Palacio.

A esta altura del recorrido la adrenalina no habrá podido derrotar al hambre, apagado quizás con algún sándwich devorado en los jardines o en la Glorieta de Schönbrun. Es hora de la pausa y nada más vienés que hacerla en el Café Central.

A no más de 300 metros del Palacio está este ícono de una ciudad que se enorgullece de sus típicos cafés. La experiencia será también para anotar como hito del día y habrá que dedicarle un rato a saborear alguna de las exquisiteces del lugar mientras escuchamos música de la mejor.

Queda tiempo para recorrer los pocos cientos de metros que nos separan de la Catedral de San Esteban, sede del arzobispado e impactante construcción donde se fusionan los orígenes románicos tardíos con el barroco y el gótico.

Muy cerca se puede ver la casa del gran Wolfgang Amadeus Mozart.

Desde allí podemos cerrar la visita caminando hasta el anillo para tomar un tranvía de las líneas 1 o 2 que nos lleve plácidamente por el entorno de la hermosa ciudad.

Lejos estaremos de poder afirmar que conocemos Viena pero sin duda recordaremos haber disfrutado el día que pudimos pasar en ella.

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