Crianza con apego: porque te quiero te toco, te abrazo, te mimo

como calentar leche materna

Apoyada en las necesidades y urgencias de la vida actual, toda una corriente de la medicina ha insistido en “los peligros” de mimar, consentir o cobijar “demasiado” a los hijos. “Se va a mal acostumbrar”, “te va a tomar el tiempo”, “lo convertirás en un malcriado”… Son algunas de las frases que pediatras, abuelos y demás repitieron durante años, “consejos” que las nuevas miradas sobre la nfancia invitan a cuestionar. “No hay exceso alguno en la cantidad de upa y en la cantidad de mimos que uno puede entregar al hijo desde que nace”, propone Laura Gutman, terapeuta y escritora, especializada en temas de crianza.

“Cuando el bebé nace espera encontrarse con la misma experiencia cálida y contenedora que vivió en el vientre materno. Cuando los padres no estamos dispuestos a acunarlos, tendremos que preguntarnos por qué tenemos tan poca disponibilidad y por qué entramos en guerra contra las necesidades genuinas de los niños pequeños. En todos los casos, el problema es nuestro, no de ellos”, afirma.

Es notoria la tranquilidad y la placidez que evidencia un bebé cuando su mamá lo pone contra su piel… Es un placer degustado en la propia panza al que ningún ser humano debería renunciar. El “upa”, aconsejan especialistas en FUNDALAM, “debe interpretarse como una expresión de amor necesaria”. Hace que el niño se siente “comunicado, confortado, comprendido, contenido y unido a sus padres”, afirman.

Las nuevas teorías en torno a la crianza hacen eje en lo que llaman “apego”: el lazo emocional que desarrolla el niño con sus padres (o cuidadores) y que le proporciona la seguridad psicoemocional indispensable para que pueda desarrollar de sus habilidades psicológicas, intelectuales y sociales. El buen apego logra que el niño se sienta aceptado incondicionalmente y, por lo tanto, protegido.

El bebé nace con un repertorio de conductas que tienen como finalidad producir respuestas en los padres: la succión, las sonrisas reflejas, el balbuceo y el llanto no son más que estrategias o recursos del bebé para vincularse con sus papás. Por eso es importante que sus demandas sean atendidas con alegría y entrega: si el bebé percibe que sus padres están disponibles para satisfacer sus necesidades se sentirá seguro.

“Toda cría de mamífero necesita la seguridad que le suministra el cuerpo materno. El mamífero humano también -explica Laura Gutman–. Pero si el cuerpo no está disponible, el niño será expulsado al vacío emocional. Es decir, si el niño vive dentro del amor y el apego con la madre, captará al mundo como amoroso; pero si experimenta el vacío, entenderá al mundo como un lugar hostil del que hay que defenderse. En el futuro la ciencia “descubrirá” que para un bebe no hay nada mejor que una madre…cosa que la humanidad lo viene sabiendo y reprimiendo desde hace siglos”.

Sigue Gutman: “Cuando algún “genio”, hombre, científico, y originario de algún país central “publique” las conclusiones basado en miles de casos estudiados, afirmando que los niños que permanecen pegados a los cuerpos de sus madres son libres, entonces las madres lo tomaremos en cuenta. Sepamos ya mismo, llevándonos las manos al corazón, que cuando el cuerpo del niño pequeño está apasionadamente adherido al cuerpo materno, se sabe nutrido, por lo tanto, completo”.

Cualquiera sea su edad, abrazar a un hijo, besarlo, estimula el vínculo afectivo con él, refuerza su autoestima y favorece su desarrollo psicoemocional. Si tiene ganas de llenar de mimos y cuidados a su hijo hágalo. Siga su instinto. El presuntuoso intelecto ha demostrado estar pobremente equipado para adivinar las necesidades de un niño. Escuche con el corazón y responda. Es difícil que salga mal.

 

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