Los viajes de egresados hoy: una riesgosa antesala al descontrol

Alejandro Schujman, psicólogo especialista en adolescentes, nos convoca a reflexionar sobre el rol adulto en un momento clave en que los chicos necesitan autoridad, ejemplo y buenos límites.

Alguien que pueda explicarme cómo el viaje de egresados se transformó en ésto…

Llega a las redes un video donde la madre de un muchachito de 17 años, acompañante de un curso en viaje de egresados, se descompone por consumo de alcohol en una habitación junto a uno de los coordinadores del viaje, con quienes tenían relaciones íntimas. Otro padre lleva botellas espirituosas en una de sus valijas para burlar el control de “no alcohol” en alianza con los chicos…

El reino del disparate y un poco más allá.

Los viajes de egresos de los colegios secundarios se han convertido en rituales de una peligrosidad inédita, conjugando lo peor de esta generación de padres tibios con la consecuente vulnerabilidad de estos adolescentes dispuestos a todo lo que los aleje de lo temido del mundo adulto.

Una combinación perversa, por la importancia de este momento en las reglas generales del crecer y por la endeblez de las figuras que deben marcar los limites saludables para que sea un momento de disfrute y encuentro y, no, lo siniestro que suele suceder en estos tiempos.

Padres tibios, adolescente lógicamente ávidos de transgredir y, sumo un factor más: empresas de turismo que rompen todas las reglas todas, en el país del “yo no fui”

Los propios coordinadores proveen y organizan juegos con alcohol a los chicos y, una vez más, ¿quién le pone el cascabel al gato? En esta trampa del “todos van, todos lo hacen”, los que pierden son los chicos… Al borde de la exogamia riesgosa, al borde del coma alcohólico.

NO es sin miedo que van a crecer: habilitemos otros rituales, construyamos con ellos, hagamos cultura, que para eso somos los padres

Todo proceso que llega a su fin en la línea del crecimiento suele ser acompañado desde lo cultural por prácticas que hacen ruido, que aturden. Quien deja la soltería y contrae matrimonio suele ser “agasajado” por su grupo de amigos con una despedida de soltero en la que será “víctima” de cruentas bromas; una joven que egresa del colegio secundario o la universidad recibe lluvia de huevos, mantequilla, aceite y aderezos varios sobre su cabeza. El sentido es aliviar o disfrazar la angustia y el miedo que provocan el crecimiento y el paso a la etapa siguiente.

La salida de un grupo (estudiantes, solteros, desempleados, adolescentes) conlleva el ingreso a otro nuevo y desconocido. Si ésto es acompañado por los adultos y regulado desde una mirada asimétrica, nada grave debería pasar.

Si los padres, “empáticamente”, se alinean mutando en compinches en un espantoso síndrome de Dorian Grey, vuelven a vivir la adolescencia a menudo de forma patética, y los chicos transitan avergonzados e impunes frente a adultos desprovistos de autoridad alguna.

Tuve la oportunidad hace casi 10 años de participar de un Fam Tour como parte del comité de padres organizador del viaje de egresados del colegio primario de mi hijo.
Éramos 40 padres de diferentes colegios que viajábamos, creía yo, a conocer e inspeccionar las condiciones en las que nuestros hijos iban a desarrollar su viaje.
Instalaciones, seguridad, calidad de la comida etc. Me encontré con la compleja sorpresa de que la mayoría iban a un fin de semana de descontrol y locura, a disfrutar, a desconectarse del trajín urbano.

El primer conflicto lo tuve en el micro, viaje de ida, cuando los coordinadores organizaban juegos a las 2 de la madrugada, el equipo rojo gritaba más fuerte que el equipo azul, le daban puntos y yo…Yo quería dormir. Me respondieron con un abucheo y ahí entendí que estaba en el lugar equivocado. Fueron dos días casi de pesadillas…

Pero lo que más me dolía, y hoy diez años después me duele más aun, es la posición de los padres, la impunidad de las empresas y, desde ya, el saber que no van a ser los chicos los que pongan coto al desenfreno.

Esta madre que cito en el comienzo de la nota es símbolo de época. Su hijo, amigo de un paciente mío, tuvo que cambiarse de colegio los últimos meses del año: no soportó el escarnio. Por más que sus compañeros lo apoyaban empáticamente, imposible para él reflotar la permanencia en su curso después de esta aparición estelar de su madre.

Me dijeron que en el mundo del revés… Hay lugares desde los que no se vuelve.

A ver si alguien me explica, y si no lo hace nadie intento yo: el viaje de egresados debe ser el cierre de los primeros 17 años de vida para intentar pasar al mundo adulto con el equipaje y el bagaje de lo vivido para animarse a enfrentar los miedos. En lugar de eso, lo han transformado en la sumatoria de elementos para terminar de complicar un pasaje al mundo adulto que ya está lo suficientemente difícil.

Los adolescentes se apoyan en tres muletas para animarse a crecer:

-El alcohol y las sustancias psicoactivas.
-La utilización desmedida de las redes sociales.
-La sexualidad precoz como anestésico del sufrir.

Y la sociedad les da las tres juntas en una semana, potenciadas y combinadas.

¿Cuántos chicos más en coma alcohólico…? ¿Cuántos más embarazos adolescentes, menores en situaciones híper traumáticas, aumento de consumo de sustancias en adolescentes…? ¿Cuántos más?

El diario La Nación del 23 de julio publica un estudio donde da cuenta de que se triplicó el consumo de sustancias psicoactivas en menores en los últimos 7 años. Y claro que sí: ladra, mueve la cola, tiene 4 patas, es un perro, no hace falta un veterinario que constate.

Sigo siendo un optimista empedernido, un poco harto de ver otra vez la misma película de terror en lo que a desconcierto de los adultos se refiere. Pero nuestros chicos necesitan, de una buena vez, que algo cambie.

Que los viajes de egresado sean una fiesta y no la antesala del descontrol, radiografía de un mundo al revés. Negocio y competencia faraónica de obscenos desafueros económicos.

Una semana en Bariloche cuesta como 15 días en Europa, y los padres se empeñan, en todos los sentidos, y las fiestas son bacanales, y se paga carísimo y absurdamente lo que no tiene precio…

Se paga y se negocia la salud de nuestros chicos, y con eso, señores, con eso no se jode…

 

Por Alejandro Schujman, psicólogo especialista en adolescentes. Autor del libro Generación Ni Ni y coautor del libro Herramientas para padres. Autor del espacio Escuela para Padres en Buena Vibra. Su sitio.

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