¿Todos podemos aprender a interpretar el Tarot?

Es común preguntarse si todos podremos aprender a interpretar el Tarot o si es necesario algún don particular. Todos tenemos la capacidad de “captar o percibir” a los otros más allá de lo que se dice explícitamente, somos naturalmente intuitivos seamos o no conscientes de esta cualidad, y con el Tarot despertamos o mejoramos esta forma no verbal de comunicarnos.

Existen, distintas maneras y estilos personales de acercarse al Tarot. Cualquiera sea la forma, es seguro que nunca resulta indiferente, desde aquel que le provoca burla o escepticismo, como modo de esconder temores o contradicciones, hasta el que se fascina o hechiza, atado en excesiva dependencia a lo que “anuncian” las cartas.

Lo ideal será acercarse al Tarot desde un respeto profundo hacia su misteriosa capacidad de comunicar nuestro inconsciente, nunca “controlando” o pretendiendo abusar de su esotérica mirada para beneficios excesivamente egoicos o excesivamente materialistas.

Aprender o consultar al Tarot desafía a rescatar en forma “racionalmente entendible” toda la emocionalidad que provocan sus imágenes y ponerlas al servicio de quien consulta.

Consultar o aprender Tarot debería entenderse no como un camino de adivinación banal sino más bien como una oportunidad para hacerse cargo de la propia vida. Sus cartas proporcionan herramientas para resolver los desafíos presentes y futuros. Nos advierten el “clima” a transitar y “mapean” el recorrido de nuestra vida para ayudarnos a recorrerla de modo más consciente.

tarot

Aprender a interpretar el Tarot es introducirse en un libro vivo, un lenguaje emocional y simbólico que todos conocemos pues simboliza las vivencias de los seres humanos que nos antecedieron. Sus cartas dibujan la acumulación de experiencias reiterativas y similares, compartidas a través de los siglos. Aprenderlo es tomar conciencia de los surcos repetitivos de nuestra vida que sus cartas invitan a resignificar desde una mayor conciencia. Antes que resolver, sus cartas sugieren el significado de nuestras experiencias. Sus imágenes no derivan de un ordenado y preciso mundo consciente sino, ”a pesar de él”, provienen del universo inconsciente y, por eso, muchas veces parecen presentarse de manera ilógica debiendo realizar un verdadero esfuerzo racional para interpretarlas de manera comprensible.

Quien aprende a interpretar el Tarot operará como un “meteorólogo”, captará climas, advertirá ciclos que se avecinan, así como conocemos los ciclos de la tierra y podremos predecir que en la próxima primavera comenzarán a brotar las flores y dejara de hacer frío. Leer el Tarot de modo respetuoso es ayudar al consultante a aprovechar cada momento, observar y disfrutar de lo que crece y actualizar su momento individual a lo que la vida le propone en este nuevo tiempo.

El Tarot Leveratto fue pensado para acercar el espíritu profundo de sus cartas de un modo accesible, fácil y didáctico. El Libro que lo acompaña tiene un estilo claro y comprensible. Las cartas de este Tarot están enmarcadas en un diseño radial que intenta dar cuenta del espíritu circular y cíclico de la vida.

El Tarot tiene 22 Arcanos Mayores y 56 Arcanos Menores. La palabra arcano significa “misterio” y los “mayores” constituyen los misterios o aprendizajes más profundos de la vida.

Los 22 arcanos mayores:

Los Arcanos Mayores son representados por imágenes ancestrales, compuestas básicamente por simbología arquetípica que disparan en cada uno sensaciones inconscientes y heredadas. Su aparición en consulta implica una difícil pero necesaria toma de conciencia y anuncian la necesidad de un maduro aprendizaje sobre aquello que estamos preguntando. Proponen, una comprensión más allá de nuestro entendimiento cotidiano y sugieren la aceptación del misterio de cada vínculo o de cada experiencia.

En este mazo, los Arcanos Mayores están destacados por un marco negro, resaltando así su presencia, a fin de recordar el importante aprendizaje que anuncian al mostrarse en una lectura.

Los 56 arcanos menores:

Los Arcanos Menores se dividen en cuatro palos: bastos, oros, espadas y copas. Cada uno con diez números y cuatro figuras: rey, reina, caballo y sota.

En este mazo se han elegido cuatro colores asociados a cada palo- o área- para agilizar su comprensión. Estos colores permiten reconocer que áreas de vida se están poniendo en juego en la consulta.

Los cuatro palos están divididos en marcos de estos colores:

  • Copas: Sentimientos – Marco azul.
  • Bastos: Deseos – Marco rojo.
  • Oros: Materia – Marco dorado.
  • Espadas: Mente – Marco gris.

Los arcanos menores describen las circunstancias de la vida diaria, las formas de vincularnos y las maneras comunes de atravesar, referir y resolver las situaciones de la experiencia cotidiana. Los cuatro palos muestran cuatro estilos diferentes de percibir e interactuar con la realidad (se los puede asociar a los cuatro elementos astrológicos).

  • Bastos: asociados al fuego. Perciben poniendo énfasis en la motivación personal y encender al ego, la pasión erótica tanto como la necesidad de confirmar el propio deseo. Esta exaltada la identidad que busca que las cosas se encaucen según la propia mirada.
  • Oros: asociados a la tierra. Perciben poniendo énfasis en la capacidad de percibir y respetar los ciclos naturales otorgando máximo talento para llegar los logros concretos y plasmar los propios deseos. Se destaca la mirada objetiva y realista que optimiza un estilo empresarial y comercial para moverse en la vida.
  • Espadas: asociadas al aire. Perciben poniendo énfasis en la comprensión mental e intelectual. Se percibe la vida poniendo énfasis en la lógica, la inteligencia y la astucia personal. Otorgan capacidad para organizarse racionalmente, discriminarse y objetivar.
  • Copas: asociadas al agua. Perciben poniendo énfasis en la energía amorosa unitiva. Nos vinculan con nuestra matriz, con nuestra madre y nuestra familia. Exaltan la compasión y el altruismo. Destacan la importancia de rodearse de afectos y de amor.

 

Fuente: Beatriz Leveratto. Astróloga y tarotista. Autora, con Alejandro Lodi, del libro “Cada siete años”, de Editorial Aguilar.

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