La licencia por paternidad es clave para igualar derechos y fomentar vínculos

Walter Ghedin, psicólogo y sexógolo, explica por qué es fundamental incluir al padre desde la gestación y el nacimiento y, también, repensar las normas en función de los nuevos formatos familiares.

El vínculo que se genera entre el bebé y la madre se remonta en el tiempo, antes de la gestación, apenas aparece el deseo y la fantasía de llegar a ser mamá algún día. Cuando se confirma el embarazo y la continuidad del mismo, simultáneamente al proceso biológico van pareciendo sentimientos de unión entre la futura mamá y el bebé en gestación. Y, aunque aparezcan sentimientos de miedo, de incertidumbre, el deseo de cuidado y contención seguirá conformando la unión.

El padre acompaña dicho proceso, desde un lugar diferente al materno, casi “desde afuera”, quizá con desconcierto y algo de torpeza por no saber qué hacer en este momento tan especial.

Las madres, por deseo y por las convenciones sociales y culturales que moldean el rol, estarán en mejores condiciones de ir conformando el vínculo con el bebé. Hay una experiencia que, aunque sea primeriza, va apareciendo siendo niña (jugando a ser mamá) y viendo y naturalizando los comportamientos de las mujeres adultas.

Los cambios en los patrones de género pugnan por la igualdad de oportunidades y derechos, sin embargo, aún las pautas que regulan los comportamientos y los deseos femeninos tienen mucha influencia de la normatividad social. Hasta la licencia por maternidad se basa en esta diferencia que determina la importancia del vínculo materno-filial en este primer tiempo del puerperio. Es tanto el acento que se pone en el esta etapa del rol materno (basado en cuestiones biológicas, afectivas, psicológicas) que se olvida el rol del padre o de otras personas significativas que conforman el vínculo entre adultos.

Quien acompaña a la mujer gestante irá desarrollando su rol gradualmente, casi al compás del crecimiento de la panza y desde los primeros signos de vida fetal.

El rol de padre precisa del contacto y de los datos objetivos que van apareciendo a medida que progresa el embarazo y hará falta un tiempo durante el puerperio mediato para ir afianzando esa relación incipiente

Algunos países europeos contemplan entre 2 a 14 semanas (Finlandia, Suecia y Finlandia) y otros solo 2 días. Las legislaciones respecto a la licencia por paternidad difieren según las naciones. Poner en discusión este tema no solo es igualar derechos entre padres y madres, sino, y fundamentalmente, fomentar el creación de un vínculo tan significativo como el de padre/hijo, además de reforzar la unión familiar.

“Dejame a mí”

Algunas madres no dan mucho espacio a que los padres se entrenen en su rol. Ellas “saben” lo que hacen y pondrán en duda o someterán a la crítica las acciones de los hombres. Este comportamiento no ayuda, primero porque más allá de la acción (bañar al bebé, darle de comer, cambiar los pañales, etc.) lo que se juega fundamentalmente es la relación y no que la tarea quede perfecta, a gusto de la madre. Existen padres que se sienten integrados a las actividades y las disfrutan mutuamente, sin embargo otros se quejan porque su participación en la crianza está sometida a constantes críticas. Es posible entonces que este tiempo de permanencia del padre (beneficiado por la licencia) ayude a ocupar un lugar más activo en sentido práctico y afectivo.

Hay muchas preguntas por hacerse y por responder: ¿La licencia debe hablar de roles o de género? ¿Cómo integramos las nuevas familias?

En las nuevas configuraciones vinculares/parentales (familias homoparentales, hombres y mujeres solos que deciden tener hijos, parejas transgénero, etc.) también deberían ser contempladas sus licencias sin definición específica del género o del rol actuante

Cuando se habla de rol de padre o madre el concepto imperante aún se ajusta a roles binarios (masculinos y femeninos), con la normatividad sobre el cuerpo y los roles que conlleva. Habría que buscar un concepto que implique el vínculo afectivo sin precisar el género o el rol. Es injusto también para las parejas heterosexuales que sus licencias sean divididas en “por maternidad” o “paternidad” como roles estancos.

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