La historia detrás de “la maestra que le escribió a Messi”

En julio de 2016, una maestra de Entre Ríos le escribió a Lio una carta que dio la vuelta al mundo. Ahora llega el momento más soñado: Rusia 2018. Aquí estamos. ¡Vamos Argentina!

Se llama Yohana Fucks. Tiene 28 años, marido, dos hijos. Es una maestra tan humilde como aguerrida de Entre Ríos, capaz de sacudir corazones y conciencias desde un rincón pequeño del mundo. La semana pasada, su emotiva carta a Lionel Messi tras su renuncia a la Selección Argentina recorrió el mundo, conmovió y alumbró el país que no miramos. Para bien y para mal. Mostró las historias mínimas que nos duelen y, a la par, los héroes anónimos que nos reconcilian con lo mejor del argentino.

Empática, sencilla, la carta a Messi fue escrita a corazón batiente. Fue, contó luego, casi un impulso, un desgarro. Entre lágrimas, Yohana sintió ganas de expresarle a Lio, “ese pibe” de su misma edad, que la entristecían sus lágrimas en la tele, que la enojaban los mediocres que lo critican sin llegarle a los tapones de sus botines. Le escribió al mejor jugador del mundo que por favor ignore las críticas. Por él, en primer lugar, pero también por todos aquellos que lo sienten un ídolo, que ven en su historia un horizonte hacia el cual mirar cuando la realidad golpea, frustra y las fuerzas decaen.

 

La carta a Messi fue otro capítulo de la lucha cotidiana de Yohana por sus gurises. Uno más. Como una catarsis desesperada, en sus líneas le pide a Lío por sus alumnos, resilientes, esforzados, aferrados al valor de sus pequeños grandes logros, sin resto para sentir que ser segundos amerita el abandono, que sin copa no hay valor, que sólo vale ganar. Que sin primer puesto se acaba la historia. “Ayudame en la difícil misión de formar conductas”, le pide.

“Ojalá todos entendiéramos que la mejor manera de honrar a los patriotas de 1810 es haciendo patria todos los días”

Yohana tiene autoridad moral para hablar, eso que escasea en la clase dirigente argentina. Laburante, férrea defensora de la educación pública, no conoce de relatos: le pone el cuerpo cada día a su batalla, y le pone su bolsillo de sueldo pobre a la lucha (concreta) contra la pobreza, esa “pobreza” que se baja de la palabra para nombrar a un chico sin zapatos o sin abrigo; a una noche sin cena; a un invierno sin calefacción; a un enfermo sin medicación.

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Por un salario que no cubre siquiera la canasta básica, Yohana viaja a diario “a dedo” 60 kilómetros de ida y de vuelta hasta uno de los barrios más humildes de la capital entrerriana porque cree que la educación cambia la historia, y porque confía en ellos: “Si a mis alumnos les tengo lástima o los justifico porque son pobres, los limito. Hay que luchar. Yo también de pequeña me fui a cenar con una taza de leche porque no había cena en casa, pero salí adelante porque mis padres me enseñaron el valor del esfuerzo y el trabajo”.

Aferrada a esa convicción, a esa apuesta, Yohana busca zapatos para los descalzos y comida para los hambrientos. Y tizas y cuadernos para escuelas abandonadas por un Estado que no duda en gastar millones para empoderar al político de turno en tiempo de elecciones. Sin fueros, sin custodios, también denuncia a los narcos del pueblo y se pelea con los tribunales cuando minimizan o desoyen las tragedias que las maestras les acercan con desesperación cuando un alumno confía en el aula sus peores dolores.13310623_1733763563533471_227481293846558545_n

En su “blog” en Facebook, Yohana cuenta su patriada. Y le pone el cuerpo a cada necesidad: pide, por ejemplo, si alguien puede donar un micrófono para que sus alumnos luzcan su voz en un acto que prepararon con esmero, o cuenta con emoción su alegría una tarde en que su “hacer dedo” fue efectivo y logró llegar al acto de sus propios hijos a tiempo desde el trabajo.

Desde la rotunda sencillez de su mensaje, la carta de Yohana a Messi escaló desde su muro de Facebook hasta lugares insospechados. La compartimos para tenerla presente y repasarla una y otra vez. Lionel y el fútbol, en estas sabias palabras, se vuelven una anécdota: dice mucho de todos nosotros y nos invita a cambiar.

Lionel Messi:
Probablemente jamás leas esta carta. Pero la escribo igual, no como hincha del fútbol sino como docente argentina, esa profesión que elegí y que me apasiona como a vos la tuya.
Podría escribirte sobre la maravilla de tus talentos para el deporte más amado de nuestro país, sobre el placer que me moviliza ser una de las generaciones que pueden verte desplegar la magia en tus botines, sobre la admiración que despertás en cada uno de los gurises del mundo entero. Pero todo eso sería repetir frases hechas. Por eso voy a escribirte para que me ayudes en un reto mucho más complejo de los que hasta ahora enfrentaste, quiero que me ayudes en la difícil misión de formar las conductas de esos chicos que te ven como un héroe futbolero y como un ejemplo a seguir.
Por más amor y dedicación que ponga en mi trabajo, jamás tendré de mis alumnos esa maravillosa fascinación que sienten por alguien como vos. Y hoy verán a su más grande ídolo rendirse. Te ruego que no les des el gusto a los mediocres, a esos que frustrados por sus miles de metas no alcanzadas vuelcan sus rencores en un jugador de fútbol, a esos que opinan de todos los demás porque hacerlo es fácil y gratuito. Y te lo dice una maestra que con el abismal espacio que nos separa, lidia con esa liviana costumbre argentina de creer que el trabajo de otro es sencillo, que meter goles en un arco es tan simple como construir una casa o formar el futuro de una persona. Esa enferma necesidad de tocar siempre de oído, de ponernos en jueces insensatos que sentencian con desprecio y arrogancia el desempeño del otro, poniendo en valor solo las victorias y desmereciendo los errores como fracasos, esos mismos errores que nos hacen humanos en continuo aprendizaje.

Messi en #ModoDios y la fuerza de un equipo que nos lleva al Mundial

Por favor no renuncies, no les hagas creer que en este país solo importa ganar y ser primero. No les muestres que por más éxitos que uno coseche en la vida, nunca terminará de conformar a los demás.  Y, peor aún, no les hagas sentir que deben vivir para conformar a los otros. No les brindes ese mensaje errado de que a pesar de tantas adversidades superadas, a pesar de pelearla desde muy pibe para llegar a ser el hombre triunfador de hoy, a pesar de asumir responsabilidades desde muy temprana edad y haber luchado hasta con impedimentos físicos para lograr tus sueños, todo eso se opaca ante las críticas de los envidiosos que en el fondo solo desean ser como vos.
Si vos que tuviste la familia acompañándote, que tenés un rico patrimonio personal y el apoyo de tanta gente, no lo lográs, ¿como podrían ellos creerse capaces de continuar adelante pese a tantas batallas que día a día deben enfrentar?
Yo no les hablo a ellos del Messi que juega maravillosamente al fútbol, sino del que practicó miles de tiros libres para lograr embocar la pelota en ese ángulo inalcanzable para cualquier arquero; les hablo del Messi que soportó siendo un niño como ellos tantas dolorosas agujas para seguir en pie por lo que amaba; les hablo del Messi que con todo el dinero que ha ganado ayuda a otros chicos como ellos en sus diferentes dificultades; les hablo del Messi hombre, el que formó su familia y lidia todos los días con el rol más importante que es ser un buen padre; les hablo del Messi que impide que un fanático que lo sorprende en pleno partido salga de allí lastimado; les hablo del Messi que puede equivocarse hasta errando un penal porque de fallas estamos hechas las personas y eso les muestra que hasta el más grande de todos los tiempos es imperfecto.
No te rindas, no guardes la camiseta con los colores de nuestra Patria porque al ponértela te convertís en un argentino más que nos representa a todos, y no todos esperamos medallas y copas para sentirnos maravillosamente orgullosos de que vos lo seas. No hagas que mis gurises sientan que salir segundos es una derrota, que el valor de las personas está en cuán llenas estén sus vitrinas, que perder un partido es perder la gloria.
Mis alumnos necesitan entender que los más nobles héroes, sin importar si son médicos, soldados, maestros o jugadores de fútbol, son los que brindan lo mejor de sí mismos para el bienestar de otros, aun sabiendo que nadie los valorará más por ello, sabiendo que si lo logra, el triunfo es de todos, pero si falla el fracaso solo será de él, y aun así lo intenta. Pero sobre todo, se tiene heroísmo y hombría cuando se lucha y se superan las pérdidas con coraje y entereza, aun con todo el universo diciéndonos que no vamos alograrlo.
Y un día se encuentran con la mayor de las victorias: ser felices siendo ellos mismos, sin reclamarse cuántos demonios debieron enfrentar para lograrlo. Todos hablan de pelotas, yo creo en la fortaleza de tu corazón.

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En “El diario de una maestra”, Yohana pide ayuda. Ruega a las autoridades que corten el pasto de la escuela para que los chicos puedan tener un mínimo de dignidad.

Otro día, cual si fuera un diario íntimo que duele, sube a su espacio en Facebook una foto de un día feo, helado, en que costó que la levantaran en la ruta para llegar al trabajo. Y lo cuenta de una manera que aprieta el corazón. “Otro día de viaje a dedo. Hoy en una jornada nublada y con frío. El cartel certifica que buscamos cada día nuevas alternativas para conseguir la solidaridad de la gente. Le ponemos humor a la desazón y la indiferencia que otros se encargan de generar”, dice.

Y así, en su muro, ajena a cualquier relato hueco, Yohana recoge historias, denuncia, pide ayuda. Seamos el micrófono que necesita para hacerse oír y multipliquemos su tarea.

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