Yo elijo mi forma de ser mamá: cinco historias sobre la diversidad de la maternidad

No todas vivimos la experiencia de ser madres igual y eso nos enriquece.

No sin razón, “mamá” es una de las primeras palabras que pronunciamos al aprender a hablar. Las madres son referentes, fuentes de vida, ejemplos, amigas, maestras, pero sobre todas las cosas, únicas. Grandes, chicas, temporales, biológicas, de corazón, adoptivas o multíparas, no importa cómo, el amor es el mismo.

No existe una sola forma de ser mamá y cada una lo vive de manera distinta. Algunas eligen a sus hijos del corazón y otras tienen la posibilidad de tener nueve. Algunas no lo pidieron pero descubrieron la felicidad que trae de muy chicas y otras esperaron unos años más.

Cinco mujeres comparten su experiencia de maternidad en la diversidad.

 

Yo elegí a mi bebe

“Ella sabía que no había estado en mi panza sino que Jesús le había hecho una escalera larga hasta casa y así llegó a nosotros”, le explicó Miriam a Paula cuando era chica sobre su llegada a la familia.

En la Argentina nacen 746 mil bebés al año y hay 14645 niños sin cuidados parentales. La mitad se encuentran en condiciones de ser adoptados. Miriam Juchimiuk, de 54 años, eligió ser la mamá de Paula hace 32 años.

Paula fue y va a ser siempre “la hija deseada”

Miriam se convirtió en mamá adoptiva con apenas 23 años. Su marido no podía tener hijos y ella no resignó su deseo de ser mamá. “Cuando surgió la posibilidad de adoptar, no lo dudé”, recuerda.

De acuerdo a la  psicóloga Verónica Laura Aguiar Lacarrubba, cuando uno decide adoptar primero debe instalarse en la pareja el deseo de un hijo, es decir hacer “un espacio psíquico”.

La psicología denomina ese proceso psíquico como “ahijar”, es decir, que la pareja sienta a ese hijo como propio y no como objeto de satisfacción de sus imposibilidades.

Paula llegó a la vida de Miriam con tan solo días, luego de un proceso de adopción de un año. A recomendación del pediatra, la tuvo mucho “a upa”, para que se acomodara al ritmo de su corazón. Paula fue y va a ser siempre “la hija deseada”.

Paula nunca quiso conocer a sus papás biológicos y siempre dijo haber nacido “en la panza equivocada”.

Te cuido un rato pero te quiero para siempre

Para hacer funcionar el sistema de adopción, es necesario que existan también familias dispuestas a recibir niños de forma provisoria. Silvana Frau (46), es un ejemplo de madre en tránsito.

Ella se involucró con esta “maravillosa tarea” hace nueve años luego de conocer una familia que también lo hacía.

De haber podido, hubiésemos adoptado a dos hermanitos que estuvieron un tiempo con nosotros

La mayoría de los chicos fueron recién nacidos, abandonados o niños de entre tres y seis años. “Cada chiquito que recibimos es diferente. Lo que nunca cambia es la gratificación de ayudar”, cuenta Silvana.

La partida de los chicos siempre fue muy dolorosa porque es muy fácil encariñarse con ellos. “De haber podido, hubiésemos adoptado a dos hermanitos que estuvieron un tiempo con nosotros”, agrega.

La experiencia de ser mamá en transito habla de una generosidad de corazón. Una los cuida, los quiere y ellos se van. Pero es muy necesario que haya mujeres dispuestas a renunciar a su amor una y otra vez para que tanto los chicos como los nuevos padres puedan ser felices.

Una sorpresa de felicidad

“Antes todo pasaba por mí y ahora todo pasa por mi hija”, cuenta Mercedes que tuvo a su primer hija con 17 años. En el mundo, un 15 por ciento de los niños son hijos de madres adolescentes.

Mercedes explica que su hija Juana cambió su vida. “Mis relaciones cambiaron, asumí un nuevo rol, con mi pareja maduramos de golpe”, comenta y dice que ahora entiende más a su mamá. “Nunca me imaginé que podía ser tan feliz”. 

Antes de los 20 estás preparada biológicamente para tener hijos, pero muchas veces no psicológicamente

Cecilia Arévalo, médica residente del hospital de Clínicas, asegura que el momento en que el cuerpo está mejor preparado para la maternidad es entre los 20 y los 35 años.

“Antes de los 20 también estás preparada biológicamente para tener hijos, pero muchas veces no psicológicamente”, explica la especialista.

La madre pierde oportunidades de crecimiento profesional. En el caso de Mercedes el apoyo de la familia fue fundamental para que ella pudiera continuar la carrera. “Ambas familias nos apoyaron muchísimo. Sin el apoyo de ellas, no digo que hubiera sido imposible (porque sí hay amor todo se puede), sino que no hubiera sido fácil”.

Me la juego

“Yo soy profesora de discapacitados mentales y tenía muy presentes los riesgos que conllevaba un embarazo a mi edad”, cuenta Bea que decidió ser madre a los 40 años.

El riesgo físico, los temores, las fantasías juegan siempre durante los embarazos. Las mujeres de más de 40 tienen además en juego el riesgo real y concreto del envejecimiento físico y sus consecuencias.

Arévalo explica que los embarazos después de los 39 años son llamados de “alto riesgo” y pueden significar importantes complicaciones tanto para la madre como para el bebé y aconseja realizar estudios y controles constantes en ese tipo de embarazos.

Yo soy profesora de discapacitados mentales y tenía muy presentes los riesgos que conllevaba un embarazo a los cuarenta años

“El peso de la panza lo sentí mucho más a los 40 que con la primera a los 25, pero en cuanto a la energía y las ganas lo sentí igual porque Martina fue buscada”, confiesa Beatriz.

Sin embargo, la psicología plantea que “las pilas” no siempre están relacionadas con la edad. Hay madres más energéticas a los 35 años que a los 20. Tiene que ver con el crecimiento personal de cada mujer, sus circunstancias y elecciones. Hoy la maternidad se presenta y se acepta en edades que anteriormente eran impensadas.

 

Tres son multitud

“Uno educa a los mayores y ellos ayudan a educar a los menores”, dice Bárbara que tuvo nueve hijos y una carrera profesional.

Según la CIA, la tasa de fertilidad en la Argentina es de 2.29 infantes nacidos por mujer. Bárbara pareciera no estar próxima a estas estadísticas.

Cuenta que intentó darles la misma atención a todos pero al ser tantos siempre sintió que no le dedicaba el tiempo necesario a cada uno. “Más de una vez me sentí en falta por ese tema”, confiesa.

Una cambia la forma de educar con la experiencia

“Uno adquiere experiencia a medida que pasan los años y también se vuelve más tolerante”, explica Bárbara que con los años fue cambiando su forma de educar.

La psicología define a la madre como quien acompaña a su hijo en su desarrollo, dándole cierto marco desde los límites, hábitos y costumbres, aceptando que no es un objeto de su propiedad, sino que es un sujeto independiente.

Las experiencia de ser mamá es diferente en cada mujer y con cada hijo. La maternidad no es un camino de una sola vía y existen un montón de rutas alternativas. Lo importante es el cariño que podemos darle a nuestros hijos dentro de nuestras posibilidades. No somos perfectas pero tenemos mucho amor para dar.

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