Pintando en la cuarentena: cómo llenar de color el aislamiento

Jorge Costa, artista plástico pergaminense, comparte cómo encontró una manera de transitar estos días a pura pasión.

Dicen que uno es “uno y sus circunstancias” y que nada de lo que sucede puede estar ajeno a esos contextos. Lo que somos y lo que nos pasa tienen maneras muy curiosas de conectarse y armar una historia que es siempre singular pero, a la vez, es también un espejo en el que pueden mirarse muchos otros. ¡Sobre todo si esa historia puede replicarse para multiplicar el bienestar en días en que todos necesitamos buena vibra!

Es lo que encontramos en el testimonio de Jorge Costa, artista plástico de la ciudad de Pergamino, que, a los 65 años, no sólo siente que una etapa súper vital recién empieza sino que encontró, en la pintura, una ventana que llena de color y alegría los días duros de la cuarentena.

Desde Pergamino: la cuarentena, en primera persona

No es fácil transcurrir estos momentos, nos cuenta Jorge desde esta hermosa ciudad del norte de la provincia de Buenos Aires, un lugar donde la sociabilidad y los encuentros familiares son el sello de la vida cotidiana y hoy quedaron suspendidos para hacer frente a un virus que amenaza con golpear fuerte a las personas cuya salud es vulnerable.

Jorge y su mujer, Verónica, saben que les toca poner el cuerpo al desafío de atravesar este esfuerzo colectivo para poder reencontrarse con sus amores y disfrutar otra vez de esos cuatro hijos y cinco nietos que aman con locura. Pero, lejos de entregarse a la tristeza de esas distancias y al miedo y la paralización que puede desencadenar el virus en nosotros, este pergaminense optó por llenar su mundo de colores a puro pincel y espátula.

arte y cuarentena
Bienal de Florencia 2017

“Podría decir que la cuarentena ha cambiado poco mis rutinas, pero, cuando me pregunto qué sería de mis días sin mi atelier, imagino que mi sentimiento de angustia y depresión sería intenso”. Y agrega: “Tengo 65 años, enfermedades que complican todo, y soy consciente que van a ser meses de no poder abrazar a mis hijos, nietos y a todos mis seres queridos. Y a veces hasta se me cruza la triste idea de que quizás nunca más lo haga”, confiesa, con tristeza… Pero pronto rebota desde esa oscuridad que de a ratos lo seduce para llenarse de color y apostar al bienestar, al futuro, a la creatividad, a la esperanza…

Un camino resiliente que abraza con la misma pasión que toma a diario su pincel… Un camino que quiere compartir… y contagiar: “Las horas que paso pintando son horas de una paz infinita. Estoy pintando una obra muy grande para ser expuesta en la bienal internacional de Argentina en octubre, pero sin embargo me dieron ganas de dejarla por ahora y pintar otras cosas”, comenta.

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Ansioso como pocos, Jorge sabe que “falta tanto para octubre” que “cada día que pasa es otra historia que comienza”. Vive sus días, dice, “como si fuera una serie de Netflix”, degustando “capítulo por capítulo”, se entusiasma.

“Ayer terminé una obra que fue producto de mi inspiración, sin saber bien qué era… Una mujer muy elegante, mirando una puesta de sol, el mar, con los brazos en alto que no sé si apuntan al cielo, al mar o al sol… Y cuando llegó el momento de titularla, me salió: Allá voy. No sé bien adónde, pero estoy seguro que es hacia la libertad”

Jorge es muy creyente y hace unos meses tuvo “la inmensa bendición de pintar el Cristo de San Damián, que se entronizó en la Parroquia de la Virgen de Luján, de Pergamino, el Miércoles de Cenizas de este año”. Fue hace tan poco, dice, pero a la vez “hace tanto…”

Claro: quién hubiera dicho que hoy mira su obra por Internet durante las misas que el sacerdote transmite en directo, “compartiéndola con tanta gente en forma comunitaria, todos tan unidos y, a su vez, tan aislados”.

cristo de san damian

Le pone garra, Jorge. Le pone garra a combatir la tristeza y le pone el cuerpo a dar batalla a un mal paso que lo tuvo unos días lejos de su atelier. “Hoy pinto de a ratos porque tuve un accidente doméstico que me inhibe de estar muchas horas sentado, así que también aprovecho para inscribirme en cursos on line de Historia del Arte, de movimientos pictóricos, y para hacer visitas virtuales a los museos del mundo”, cuenta, recuperando esa llama que, sintió, Dios avivó adentro suyo una vez más cuando un cura que apenas conocía le pidió que sus manos llevaran al gran Jesús a su parroquia. “¿Quién lo hubiera dicho?”, todavía se emociona.

La vida tiene sus misterios y siempre podemos encontrar luz si decidimos que tenemos ganas de crear nuestra propia “puesta de sol”, inventar nuestra “ventana al mar” y levantar los brazos hacia el cielo, hacia el sol o hacia alguna pasión que nos haga sentir vivos y, sobre todo, esperanzados.

“Con humildad, me permito animar a las personas de mi generación que están viviendo esta triste historia de la pandemia y la cuarentena a que se animen a comenzar algo. Hay cursos de todo tipo, gratuitos. Hay infinidad de hobbys que pueden comenzar. No se dejen atrapar por el sofá y el televisor. Es una etapa nueva, no la desaprovechemos. Siempre hay tiempo. Yo empecé a pintar de grande, hace apenas unos años y jamás imaginé llegar hasta acá. Ojalá esta cuarentena sea un momento de reflexión y de un nuevo comienzo para todos”, dice Jorge, convencido de que el paso que sigue es, sin duda, “hacia la libertad”.

 

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