Una avalancha solidaria premió el esfuerzo y Leandro viajó a la India a disfrutar su beca

Tiene 17 años y siete hermanos. Es cordobés y se crió en una familia muy humilde. Vendía turrones en la calle y trabajaba con su papá para pagar sus útiles. Ganó una beca y logró pagar los gastos con la ayuda de la gente

Leandro Bustos es el ejemplo de que el esfuerzo es el camino ideal para lograr las cosas. No tenía las cosas fáciles pero aprendió en la calle a no tenerle miedo a nada y a hacer culaquier “changa” para salir adelante. Vendió desde trapos de piso y repasadores hasta turrones. La pobreza de su familia y la muerte temprana de su madre no lo limitó en nada sino que impulsó su resiliencia y su capacidad y lo hizo tan pero tan fuerte que llegó hasta la India, gracias a una beca y a la ayuda de la gente.

La historia de Leandro parece un guión de película: vivía con su papá -jubilado- y tres de sus siete hermanos. Cursó la escuela trabajando, colaborando con la economía familiar vendiendo productos de limpieza con su padre. Y los fines de semana vendía turrones en una de las esquinas más transitadas de la capital cordobesa.

Va a la escuela, vende turrones en la calle y se ganó un beca para estudiar en el exterior

El año pasado, Leandro se enteró de una beca para ir a la India gracias a una compañera que lo incentivó para que se anotara. “Me dijeron que tenía que hacer tres exámenes. Eran raros. Había problemas relacionados con Matemáticas o preguntas de cultura general, pero también consultaban por ejemplo ‘cómo se acomoda una cama’. Había muchas preguntas de ese estilo porque lo que querían averiguar en realidad es cómo sos y cuáles son tus intenciones”, contó.

Así llegó hasta una segunda instancia, un campamento en Mendoza con el resto de los preseleccionados. “Ahí estuvimos tres días donde hicimos diferentes actividades y al final nos entrevistaron personalmente a cada uno. Querían saber qué pensamos de la vida o cómo resolvería problemas que afectan a la sociedad”. Sus respuestas claramente llegaron lejos. Pronto recibió un llamado: “Estás seleccionado”.

Así apareció el problema: la beca cubría los gastos de estudio, alojamiento y alimentación por dos años, pero necesitaba plata para pasajes y seguro médico, además de pasaporte y visas. No tenía el dinero pero no paró: abrió una cuenta bancaria y pidió ayuda. Fue tal el aluvión que, con 17 años flamantes, se subió a un avión a la India y empezó a temblarle la vida entera.

La historia del abuelo que pasa sus noches sosteniendo en brazos a bebés prematuros

Partió en agosto con el alma llena de sueños. Y está feliz avanzando, conquistando el mundo. En una entrevista con Clarín, contó desde la India lo que está viviendo: “Acá todo es muy distinto, lo más difícil es comunicarme las 24 horas en inglés, pero los profesores me tienen paciencia. Enseñan con pasión y creo que voy a aprender mucho. Curso todas las mañanas de lunes a viernes y a la tarde me voy a caminar un rato por el campus, que está rodeado de montañas”.

El campus está en Pune, una megaciudad ubicada a 170 kilómetros de Bombay. “El paisaje es muy lindo, muy verde, pero el primer día que me alejé del campus y fui a conocer la ciudad me impresioné un poco. Hay mucha pobreza en las calles. Hay gente que la está pasando mucho peor que nosotros”.

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