Amargado crónico: actitudes que creamos y lastiman a los demás

Hay personas que se sienten cómodas en el lugar de víctimas. Cómo reconocerlas, ayudarlas y prevenir.

¿Cuántas veces nos topamos con personas que dan la sensación de dejarnos sin energía? Es verdad que existen las personas pesimistas, las que siempre ven el vaso medio vacío o las que nunca van a pronunciar un “estoy bien”. Uno no nace negativo ni amargado, sino que a lo largo de la vida se van desarrollando actitudes que hacen que una persona se vaya comportando de esa manera cada vez más seguido.

En un primer momento se pueden mostrar con como personas pesimistas, “mala onda”, que se lamentan mucho o que tienen muy poca autoestima. De a poco va tomando un color más preocupante y se convierte en un modo de vivir y de ver la realidad.

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Paul Watzlawick es psicoanalista y explica en su libro “El arte de amargarse la vida” como esa actitud negativa no es más que una construcción de los filtros de atención que decidimos poner por encima de otros. Eso lleva a que muchas veces nos alejemos de la realidad y creamos que aquello que construimos es real.

Esto hace que las personas con esta forma de ver la vida inventen “estrategias” para convencerse de que aquello que les pasa es realmente malo o que su vida está rodeada de “mala suerte”.

¿Cuáles son esas actitudes? ¿Cómo las podemos identificar? Te contamos algunas claves a tener en cuenta para poder prevenirlas:

Siempre creen tener la razón

El amargado crónico tiende a desvalorizar a los demás ya que cree que él es el único con la verdad absoluta. Si se queja de algo y otra persona le pretende mostrar que no todo es tan malo, salta al choque con expresiones como “es que vos no entendés” y de esa manera siempre encuentra motivos para no estar feliz.

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No soltar el pasado

Continuamente recuerda otras épocas en donde “era feliz” y eso le sirve para justificar que su presente es un rejunte de cosas malas. Este mecanismo de pensamiento “de ensueños” hacia el pasado le permite revestir de una tonalidad fantasiosa, y recubrir con el negro más profundo los acontecimientos cotidianos.

Estar siempre en el medio de una discusión o problema

Estas personas raramente tienen momentos de paz y tranquilidad ya que suelen estar constantemente a la caza de algún problema o discusión. Todo viene bien a la hora de amargarse: una noticia en la televisión, algo que le haya ocurrido a otra persona, la situación política-económica, y de esa manera habrá siempre un motivo para quejarse.

Miedo al éxito

Uno de los recursos más utilizados por las personas amargadas es el boicot y la victimización, de esa manera alimenta constantemente la negatividad y toma una postura anticipatoria frente a los malos momentos. Esa forma de ver el mundo hace que realmente su mundo se constituya así y no pueda salir de ahí: nunca le va a ir bien si todo el tiempo se tira para abajo. El sabe y afirma que nunca va a tener éxito.

Única solución o nada

Para resolver los problemas del presente, el amargado crónico se va a valer de las mismas estrategias que le funcionaron en el pasado, pretendiendo que se apliquen a la actualidad sin modificaciones y de esa manera va a obtener soluciones. Si bien es cierto que algunas veces ocurre, otras tantas hay que modificarlas para cada situación concreta. Lo que ocurre en el fondo es que la persona no quiere resolver sus problemas o no encuentra la manera adecuada para sobrellevarlos.

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Una forma para que estos pensamientos no se adueñen de nuestra personalidad y poder disfrutar de la vida es tener en cuenta algunas cuestiones para evitarlas.

Lo primero que tenés que saber es hacer y recorrer tu propio camino. Una de las características más fuertes que definen a una persona negativa es su capacidad para recordar cosas que no les salieron como lo esperaban o estar impaciente porque las cosas no mejoran nunca. La clave es poder identificar a esas personas para que no nos dañe a nosotros también y luego, tratar de brindarle sutilmente ayuda.

“No solo somos responsables de nuestra desdicha, sino que, del mismo modo, podríamos crear nuestra felicidad”, explica Paul Watzlawick. Aunque parezca algo imposible o utópico, la felicidad siempre es una opción que está a nuestro alcance y nosotros mismos podemos decidir ser creadores de nuestro bienestar y dejar de construir la desdicha.

Esto no implica ocultar los problemas o negarlos, sino una actitud madura que nos va a permitir pensar en frío para encontrar una solución o afrontar el mal momento. No es que esté mal quejarse, pero si cuando se vuelve una constante. Tampoco está mal quejarse, pero si cuando no hacemos nada para que eso cambie. Lo fundamental está en aprender y seguir para adelante.

Es algo sutil y casi imperceptible. ¿Quién no se quejó alguna vez de un domingo aburrido y lluvioso? ¿Quién no deseó que termina la semana rápido para descansar? ¿Quién no dijo alguna vez que está abrumado de tareas y necesita vacaciones? Cuando estas preguntas forman parte de los enunciados cotidianos de una persona hay que empezar a preocuparse. A veces podemos sentirnos cansados, pero hay que tratar de disfrutar cada momento y entender que es así: los domingos van a seguir siendo aburridos, las semanas muy largas y todos quisiéramos muchos meses de vacaciones. Cambiá tu forma de ver las cosas y las cosas cambiarán.

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Por eso, cortar esta tendencia negativa se consigue con un fuerte deseo de cambio y mucha confianza en que existen otros miles de escenarios posibles. Existen tantas variables y tantas miradas como seres humanos en el mundo.

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