Conocé los nuevos síndromes de la mujer actual y mirate al espejo

Trabajamos, estudiamos, vamos al gimnasio, atendemos niños, organizamos agendas, sacamos turnos, nos ponemos lindas, vamos al súper y muchas cosas más. Más de una vez nos preguntamos qué es lo que ganamos con el “avance” femenino y envidiamos a las abuelas ajenas al estrés. Podemos reírnos sobre eso y volver a la “lucha cotidiana” con alegría.

La igualdad de oportunidades y derechos para ambos géneros es nuestra pulseada cotidiana. Nos encanta trabajar, la independencia que nos proporciona, la ambición bien entendida, decidir dónde y cómo invertir y gastar nuestro dinero… Pero, reconozcámoslo, la cosa no es tan fácil como lo imaginábamos y ser una mujer trabajadora es, también, agotador. Las responsabilidades hogareñas y de crianza no se han repartido como debieran y cerramos cada día con un nivel de cansancio inédito.

Tan es así que en el mundo ya se habla de distintos Síndromes de la Mujer Trabajadora, que no son más de situaciones cotidianas de estrés que la mayoría de las mujeres atravesamos todas las semanas para llegar al domingo al borde del colapso mental y emocional.

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El primer Síndrome y el más famoso es el síndrome de burnout o agotamiento extremo, que es más común de lo que creemos y se da cuando la persona ha estado sometida a un periodo de estrés intenso y prolongado, tanto desde el punto de vista físico como emocional. Pero hay otros. Al menos así lo repasa el sitio Trendencias, con un un recorrido muy divertido sobre los males de la mujer actual. Para entretenerse y pensar.

Síndrome del Email lleno

“La bandeja de entrada de nuestro correo electrónico es como la montaña de la ropa sucia: siempre hasta arriba y siempre llena de cosas que revisar, ordenar o tirar a la papelera. Y por mucho empeño que pongamos en revisarlo cada media hora siempre nos hará sentir como Sísifo, aquel pobre hombre de la mitología griega que se pasaba el día subiendo una piedra a la montaña para tener que volver a empezar al día siguiente”, dice Rebeca Rus en Trendencias.

Síndrome de “no pido ayuda aunque la necesito”

No damos más. Tenemos en la cabeza varias agendas, organizamos el hogar, los chicos, los horarios médicos, los cumpleaños y toda el calendario social de la familia. Nos quejamos sin pausa y refunfuñamos en silencio, pero… No pedimos ayuda hasta que nos arrastramos por el piso. ¡Basta! La mujer maravilla ya fue. Ese absurdo rechazo a reconocer que no podemos hacernos cargo de absolutamente todo es innecesario. No te necesitan heroína: te necesitan bien y contenta. Soltpa el control y dejate ayudar.

Síndrome de la mujer acelerada

El Síndrome de Mujer Acelerada es un mal de estos tiempos que muchos empiezan a estudiar. Andamos por la vida en quinta y con un nivel de ansiedad intolerable.

Es importante entender que vivir en una montaña rusa emocional eleva el cortisol, altera el ánimo y afecta su salud y tus vínculos. Bajá un cambio.

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Síndrome de la hiperactividad

Dice Rebeca Rus: el otro día alguien colgó en Twitter esta frase de Pablo Coelho: “Un día despertarás y descubrirás que no tienes más tiempo para hacer lo que soñabas. El momento es ahora, actúa”. Y convoca a pensar: “aunque nos lo neguemos a nosotras mismas, parar y no hacer nada por un rato también es actuar y dedicarle tiempo de verdad a algo que nos gusta y es necesario. A veces lo que soñamos es simplemente disfrutar de no hacer nada, de no tener objetivos, ni ambiciones, ni metas”.

Aprendelo: si bien estar estresado y hacer mil cosas “queda bien” en estos tiempos de locos, como si fuera un símbolo de inteligencia o de capacidad, es una tontería absoluta. No hay nada que demostrar. Aprendé a parar y no hacer nada de nada un rato todos los días.

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Síndrome de la “insatisfacción permanente”

Buscamos algo y, cuando lo logramos, ya estamos detrás de otro objetivo. Lo que era meta se convierte sin escala en punto de partida. Siempre falta algo, siempre es insuficiente, siempre el deseo sin satisfacción. Histeria, vacío, ansiedad… La cabeza que no para y la alegría que no llega.

Todo lo que hacemos nos parece insuficiente, nada es tan bueno como creemos que debería ser y nos juzgamos mucho más severamente de lo que merece cualquier ser humano. Aprendé a desarrollar una mirada más compasiva con vos misma, querete más, aceptate, disfrutate. Vivir es un privilegio que no vale pena desaprovechar. Aceptá la falta y hasta mirala con cariño… Ser imperfecto es genial.

Síndrome del exceso de WhatsApp

Otra genialidad de Rus: “Imaginemos que un día entramos en una habitación y allí se encontraran todas las personas que conocemos en este mundo: nuestra madre, nuestras amigas del colegio, los amigotes con los que salimos cada fin de semana, los compañeros del trabajo actual (y de los anteriores), nuestra pareja, los padres de los compañeros del colegio de nuestros hijos y más y más… ¿nos plantearíamos hablar con todos ellos a la vez? Pues eso mismo hacemos a través del WhatsApp: manteniendo decenas de conversaciones paralelas a la vez”. No hay mucho que agregar: es intolerable. Apaguemos el teléfono algunas horas, dejemos de participar de conversaciones inagotables, desconectemos para conectar con lo que importa.

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Síndrome de la media jornada que se convierte en triple

Nos pasa a muchas. Seguimos siendo las mismas estupendas profesionales que éramos antes de pedir la jornada reducida y decidir trabajar en casa o por nuestra cuenta, resignando ingresos y otras yerbas. Pero “la triste realidad es que en la mayoría de los casos terminamos haciendo el MISMO trabajo que antes de pedir la media jornada (batiendo todos los récords mundiales de contención de vejigas para sacarlo adelante)”, dice el artículo de Trendencias. Y nada más real: basta, basta y basta.

Si hiciste un cambio de formato laboral para vivir mejor ahora es tiempo de aceptar las pérdidas, saber que fue tu elección y bajar un cambio en la vida profesional para cuidar tu salud, disfrutar tus tiempos, conectar con tus vínculos, estudiar, viajar o aquello que te venga en ganas. Si te propusiste trabajar menos, HACELO.

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Síndrome de lo guardo todo hasta que estallo

Tragarse todo, guardarse los enojos, simular que todo está bien hasta que nos salta la térmica y estalla Roma. No es necesario esperar al nudo en el estómago para poner un límite o decir cómo nos sentimos y qué no nos gusta. Lo que queda adentro apretado intoxica, hace mal, y quizá hasta estés interpretando mal las situaciones. Poner en palabras las emociones y sentimientos es una buena manera de evitar que el conflicto llegue. Además, reprimir el enojo hace mal y dispara el riesgo de infarto.

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Síndrome de “estoy harta del tupper”

Una de las cosas que más afectan el humor es darnos cuenta que no tenemos tiempo ni parar comer algo rico dignamente. Que comemos feo, que tenemos cero placer, que nos aburre abrir el tupper y descubrir que debemos tragar lo que hay sin nada de satisfacción. Para colmo, ves en Instagram platos fabulosos guisos mientras te comés tu tarta número 15 de la semana. Suficiente.

Un par de veces por semana date un rato y comé afuera o pedí algo rico. Un mimo a la panza y al corazón.

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