El poder mágico del reconocimiento: sé que podés hacerlo mejor

Según varias pruebas realizadas por expertos, se afianza la teoría que dice que el reconocimiento es la estrategia más poderosa para sacar lo mejor de las personas.
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¿Qué podemos decirle a alguien que quiere dar un paso hacia adelante para que lo haga mejor? ¿Qué nos pueden decir a nosotros? Gran parte de nuestro talento y nuestro nivel de esfuerzo o exigencia depende de la retroalimentación que recibimos. Del “la letra con sangre entra” a ser considerado y dulce, todos nos movemos entre estos dos extremos, ya sea para relacionarnos con alumnos como con empleados o familiares.

Sin embargo, más allá de la diversidad de teorías pedagógicas, existe una única lección que no deberíamos olvidar: el reconocimiento es la estrategia más poderosa para sacar lo mejor de las personas.

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Autoconfianza y autoestima

Según un estudio del psicólogo David Scott Yaeger, realizado en una escuela secundaria, un nivel de exigencia alto más una cuota de confianza parecen ser el modus operandi más productivo a la hora de obtener buenos resultados de los alumnos.

En el estudio se pidió a una clase que escribiera una redacción sobre un héroe personal. A continuación, los profesores puntuaron las redacciones y añadieron algunos comentarios a las mismas.

Se dividieron en dos grupos todas las redacciones, de forma aleatoria y a un grupo se les añadió un mensaje imitando la letra del profesor, que decía básicamente que se adjuntaba este comentario para que el alumno tuviera una opinión clara y sin fisuras sobre su redacción. Mientras que a las redacciones del otro grupo se les escribió algo similar, pero añadiendo que esto se hacía porque el profesor tenía muchas expectativas y sabía que el alumno podía cumplirlas, es decir, nivel de exigencia más confianza.

Esta prueba sobre la exigencia al alumno dio como resultado que el alumno procesaba de otro modo la crítica. El primer grupo tendía a reaccionar a la defensiva o incluso con recelo, pero el segundo grupo se sentía estimulado y empujado a sacar lo mejor de sí mismos incorporando las críticas y sugerencias, tal y como explica Chip Heath en su libro “Momentos mágicos: Cómo lograr experiencias que me cambien la vida”.

Tras devolver las redacciones, los alumnos tenían la opción de corregir y volver a presentar sus trabajos para mejorar su nota. Cerca del 20 por ciento de los alumnos con la nota genérica decidieron corregir los trabajos. Pero casi el 80 por ciento de los alumnos con la crítica sabia corrigieron sus trabajos, y al modificarlos, hicieron más del doble de correcciones que los otros alumnos.

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El empujoncito que no es tal

A primera vista, uno podría pensar que este empujoncito en la autoestima es un espejismo que nos ayuda a hacerlo mejor pero que no se basa en algo real y tangible, y que finalmente vamos a obrar por inercia sin tratar de superarnos apenas el empujoncito desaparezca. Sin embargo, esto no es del todo cierto.

Esta clase de exigencia, seguida de una dosis de confianza, no solo aumenta la autoestima, sino que permite el autoconocimiento, esto es, advertir, darnos cuenta de forma profunda que sí hemos sido capaces de hacer lo que creíamos que no podíamos. Este efecto psicológico, representado con una pluma en la película Dumbo, es la forma que tiene nuestro cerebro de no autoboicotearse frente al mínimo traspié.

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Fragmento del cuento: “Dumbo que sí, que no, que no acaba de convencerse, hasta que Timothy le asegura que agarrando fuertemente con su trompa una pluma de uno de los cuervos, podrá volar, porque la pluma es mágica. Dumbo, ante este argumento termina convenciéndose y efectivamente, agarra la pluma, salta y… vuela”…

“Un día, en el que Dumbo tiene que saltar desde un sitio especialmente alto, la pluma que tan fuertemente agarra siempre que vuela con su trompita, se le cae. Dumbo entra en pánico, pero Timothy le dice que la pluma en realidad no es mágica, lo mágico son él y sus orejas. Dumbo prueba y… efectivamente, VUELA”.

Por ejemplo, gran parte de los excelentes resultados en matemáticas que obtienen los alumnos asiáticos se sostiene en su capacidad de sacrificio y, sobre todo, la sensación de que pueden conseguirlo: basta con seguir esforzándose y al final, cualquier problema de matemáticas puede ser resuelto.

Un problema de matemáticas requiere tenacidad, así que si tendemos a rendirnos o a aceptar que no somos capaces de hacerlo, no conseguiremos avanzar. En cambio si nos acostumbramos a la sensación de que estamos capacitados para resolver y superar un obstáculo, eso es mucho más que un espejismo: es la herramienta sobre la que se apoya todo objetivo.

Por eso muchas veces sucede que la gente suele dejar su trabajo no porque suponga un esfuerzo, sino porque hay pocos elogios o reconocimientos. Carolyn Wiley, de la Universidad Roosevelt, tras analizar cuatro estudios sobre motivación en empleados en un espacio de tiempo que abarcaba 46 años, descubrió que el factor que más se repetía en todos a la hora de valorar una buena motivación fue: «pleno reconocimiento del trabajo hecho».

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El reconocimiento del esfuerzo

En el ámbito académico esto incluso resulta más decisivo, porque los alumnos todavía están formándose como personas y no han recibido tanto feedback, para bien o para mal. Los profesores, en ese sentido, pueden dejar una huella duradera en toda la vida de un alumno en solo unos minutos cruciales, esos minutos en los que se verterá un tipo u otro de crítica.

El sociólogo Gad Yair preguntó a 1.100 personas sobre sus experiencias decisivas en el colegio, halló muchas de estas respuestas representadas en este fragmento:

“Tenía doce años. Todos los profesores me consideraban un alumno «flojo» y la escuela me parecía fría y amenazadora. Mi profesora tomó una licencia y la nueva profesora anunció que iba a empezar de cero. Puso deberes y yo lo hice lo mejor que pude. Al día siguiente leí mis deberes en voz alta… y la nueva profesora alabó mi trabajo delante de toda la clase. Yo, el alumno «flojo», el patito feo de la clase, de repente me convertí en un precioso cisne. Me dió confianza y abrió una página en blanco para conseguir nuevos logros sin tener que mirar siempre atrás, a mis malos resultados anteriores.

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Son muy interesante todas las conclusiones obtenidas en el ámbito familiar, escolar y laboral. Trabajar en la autoestima y confianza desde pequeños nos hará la diferencia de adultos.

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