La actividad física, un antidepresivo y ansiolítico muy eficaz

La actividad física ha demostrado ser una buena aliada de la psicoterapia y los tratamientos médicos.

Ya no hay dudas: la famosa máxima del poeta Juvenal está científicamente comprobada: Mens sana in corpore sano. Así sea para los romanos de principios del siglo II o los argentinos del siglo XXI, la actividad física es uno de los más eficaces soportes del equilibrio emocional. Lo demuestran gran cantidad de estudios científicos en todo el mundo.

Aunque la lista de beneficios es amplia, los dos efectos terapéuticos más analizados y cuantificados son el ansiolítico y el antidepresivo.

A través de un minuciosa revisión de la literatura científica, el investigador Daniel Landers, de la Universidad de Arizona, Estados Unidos, recorta conclusiones: el ejercicio físico, especialmente si es aeróbico y se prolonga por más de diez semanas, es tan efectivo para reducir la ansiedad como las alternativas terapéuticas más convencionales. Sólo que suma, además, beneficios corporales.

“La actividad física es la mejor pastilla”

Las actividades que mejor resultado dan por su efecto ansiolítico son las aeróbicas de intensidad moderada“, recomienda el licenciado Román Barrós, integrante de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad y especialista en psicología del deporte de la Asociación de Docentes de Educación Física. Y asegura que éstas son más efectivas que las actividades aeróbicas de alta intensidad y que los ejercicios de fortalecimiento y estiramiento muscular.

Las propuestas ideales son las caminatas a paso rápido; el trote medio; la carrera mantenida a un 60 o 70% de la velocidad máxima; subir y bajar escaleras; nadar; andar en bicicleta; practicar danza o gimnasia aeróbica, con una frecuencia de tres a cinco sesiones semanales, y una duración por sesión de entre 20 y 60 minutos, más una intensidad que mantenga la frecuencia cardíaca por minutos de entre el 60 y el 80% de la frecuencia máxima de cada persona, que se calcula restando la edad a una cifra fija: 220.

En cuanto al efecto antidepresivo, es tan inmediato que se dispara en la mismísima línea de largada deportiva. Y no discrimina a sus beneficiarios por sexo, edad o tipo de depresión padecida.

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Un estudio publicado el año pasado en el American Journal of Preventive Medicine por investigadores de la Universidad de Texas sumó cifras muy concretas: los participantes en el estudio que realizaron ejercicios aeróbicos de intensidad moderada durante 30 minutos, de tres a cinco veces por semana, después de 12 semanas habían recortado sus síntomas depresivos en un 47%. Quienes disminuyeron la intensidad de la práctica hasta un nivel bajo restaron un 30% a su depresión.

Para explicar los porqués de los efectos psicológicos positivos de la actividad física, el licenciado Barrós apela a diversas teorías: “Se cree que el beneficio psíquico está dado porque permite distraerse de la atención puesta en los temas estresantes, sobre todo si se persiguen metas u objetivos ajustados a los gustos y las necesidades individuales; así, la atención se centra en el disfrute del placer que produce la actividad”.

La generación del estado de bienestar se debe a la liberación de endorfinas, que son producidas por el cerebro y la hipófisis, y liberadas directamente al torrente sanguíneo durante la realización de los ejercicios físicos, así como cuando la persona se está divirtiendo, riendo, o disfrutando de una relación sexual placentera, puede generar una disminución de la sensación de dolor y producir un estado de euforia, mejorando el estado de ánimo”, agrega.

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Al parecer, la actividad física ayuda a modular una serie de neurotransmisores, especialmente la serotonina, como lo hacen varios antidepresivos, produciendo un efecto estimulante en el estado de ánimo. Los resultados de las numerosas y variadas investigaciones no son tan unívocos cuando se trata de comparar el efecto terapéutico de la actividad física con herramientas más ortodoxas, como la medicación y la psicoterapia.

“Es importante destacar que el ejercicio físico en personas que padecen trastornos psicológicos debe ser utilizado como un complemento de los tratamientos psicoterapéuticos o médicos, y en ningún caso como reemplazo de éstos”, aclara Barrós. ¿Nos ponemos en movimiento?

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