Mañana, tarde o noche: cuál es el mejor momento para hacer ejercicio

Existe mucha polémica en cuanto a la mejor hora de entrenar. Para obtener el mejor resultado es conveniente atender algunos puntos.

Si en tu lista de objetivos para el año nuevo que comienza figuran abandonar la vida sedentaria y practicar ejercicio físico de forma regular, es importante despejar todas las dudas que pueden sabotear tus esfuerzos para ponerte en buena forma.

“Cuando entrenamos por la mañana, tenemos que tener presente que nuestro rendimiento en el entrenamiento siempre será mucho más alto cuando hayan pasado al menos dos horas después de desayunar” señala Jorge Martín Brañas, preparador físico y entrenador personal del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, IMEO en una entrevista realizada por la agencia EFE.

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“Si entrenamos por la tarde, tendremos las energías que nos han dado las dos o tres comidas que hemos hecho previamente, pero también juega en contra nuestra el desgaste físico realizado a lo largo de la jornada”, explica.

Por otra parte, asegura, que retrasar nuestro entrenamiento a las últimas horas del día “nos va a perjudicar en nuestro descanso al activar nuestro metabolismo y, además, llegaremos con la batería muy baja, es decir con pocas energías para poder hacer una buena sesión de actividad”.

“A nivel teórico y si pudiéramos elegir el momento del día que dedicaremos a practicar ejercicio, la mejor hora para entrenar es unas dos o tres horas después de haber tomado un buen desayuno, ya que en ese momento hemos asimilado el descanso nocturno, la primera comida y además no habremos hecho un gran desgaste de nuestras energías”, apunta Brañas.

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“Si se hace una carrera temprano se puede tomar un desayuno muy ligero, esperar media hora y luego salir a correr. Una vez concluida la sesión de deporte, hay que complementarlo con un segundo desayuno que nos ayudará a recuperarnos, compuesto por cereales, fruta, leche y grasas saludables (frutos secos, aceite de oliva)”, señala la nutricionista Estefanía Ramo, del IMEO.

“Tras un desayuno ligero, nuestro entrenamiento tiene que ser de intensidad media-baja, como puede ser una sesión de ejercicio aeróbico de 25 a 30 minutos”

“En caso de un desayuno más completo, con carga de carbohidratos, algo de proteínas y alguna pieza de fruta, nuestra actividad puede ser mucho más intensa, como una sesión más larga de ‘cardio’ (actividad cardiovascular) o una entrenamiento de fuerza, siempre dejando un plazo de un par de horas después de comer para que asimilemos lo ingerido”, añade.

A modo de orientación Brañas indica que, tras desayunar fuerte, se pueden abordar “sesiones de ejercicio de intensidad media alta, que incluyen disciplinas como el entrenamiento de hipertrofia, el ‘crossfit’, el ‘ciclo indoor’ y el ‘bodypump’”.

“Si nuestro horario de entrenamiento es por la noche, sería mejor hacerlo antes de la cena y, si no se puede, después de ingerir algo ligero”, explica.

Brañas señala que “lo ideal es sacar tres sesiones de entrenamiento a la semana, como mínimo, para poder ver resultados”

“En cualquiera de los casos el entrenamiento puede ser de tipo ‘cardio’ o de ‘fuerza’ (con pesas o con el propio peso corporal), teniendo siempre en cuenta que tendremos que hacerlo como mínimo dos horas y media o tres horas antes de irnos a la cama, ya que puede alterar nuestro descanso al activar el metabolismo”, indica Brañas.

También recalca que “lo idóneo para que nuestro entreno sea más efectivo sería acostumbrarnos a realizar la actividad a una determinada hora, es decir de mañana o tarde, así el cuerpo y la mente tendrán una rutina y les será más fácil trabajar”, recalca.

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