Cómo desarmar una pareja: consejos para separarse bien

Lleva mucho tiempo tomar una decisión que supone mucho duelo y que lastima a nuestros seres queridos. Alejandro Schujman, psicólogo, nos ayuda a pensar cómo separarse cuando hay hijos.

Los hijos necesitan padres que estén dispuestos a ser felices. Que se animen al desafío de apasionarse por la vida. Que les transmitan entusiasmo en el día a día, que cambien miedos por proyectos. Los hijos necesitan hombres y mujeres que sean referentes en su camino del crecer. Si viven juntos o separados, no es lo esencial, se los aseguro.

Muchas veces me encuentro frente a parejas que sufren pensando en que “por los chicos” deben seguir adelante con una relación que emula una condena, una probation. Por los chicos, por los hijos, por ellos, muchas parejas sostienen situaciones absolutamente tóxicas.

Por hijos, muchas parejas sostienen situaciones absolutamente tóxicas

cómo separarse sin sufrir

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¿No separarse por los chicos?

Los especialistas en adolescentes tenemos montones de consultas por vivencias de parejas de padres sumamente infelices, que vuelven el hogar un espacio con aire de densidad insoportable. “¿Porque no se separaron?” Es la pregunta que re repite en el diván; y nunca, en casi 30 años de profesión, el problema que los convoca tiene que ver con no haber podido elaborar la ruptura de la pareja de padres (siempre y cuando – claro- las cosas se hagan como se tiene que hacer, con calma y civilizadamente).

El dolor suele ser mucho más de los padres que de los hijos. Montones de sentimientos se agolpan en hombres y mujeres que desean terminar una relación que no los hace felices pero no se animan.

cómo separarse bien

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Dolor, enojo y sentimientos en la separación

La separación es, sin duda, un momento largo de emociones encendidas, de alta intensidad, de impulso, de duelo.

Al momento de pensar en una separación, se agolpan un sinfín de emociones.

  1. Frustración: “Hasta que la muerte los separe” es el mandato que los une, cuidarse y respetarse en la salud y la adversidad, etc. Y está muy bien: es el deseo de la mayoría de las parejas que dicen “sí quiero” alguna vez frente a un juez, cura o rabino que los une en matrimonio, formalizando el ferviente deseo de construir una pareja, una historia, una familia. Si eso se desarma, lo primero que sobreviene es el terror a perder algo que había que sostener. Es un duro golpe al narcisismo. Y asusta, frustra, duele. El desafío es convivir con la realidad de que no tendremos la familia que soñamos, pero aun tenemos tiempo (siempre lo hay) de reconstruir y ensamblar y mirar para adelante.

lo primero que sobreviene es el terror a perder algo que había que sostener. Es un duro golpe al narcisismo. Y asusta, frustra, duele

2. Culpa: “por mi culpa, por mi grandísima culpa”. Hubo momentos felices, claro que sí. Pero se terminaron. En la mayoría de los casos hay intentos y caídas y nuevas promesas y recaídas… Por culpa de ninguno de los dos… En muchos casos no hay culpables. No pudieron ser felices juntos, tan sencillo, tan complejo y tan doloroso como eso.

3. Negación: En cualquier instancia dolorosa de la vida se hace presente este mecanismo de defensa. “Esto va a mejorar, no me está pasando, lo vamos a solucionar, no es para tanto…”. Las frases se fabrican como mantras tranquilizadores pero se vuelven ficticios. Se trata de un duelo. La separación es una pequeña muerte simbólica, y no tan pequeña quizás.

Se trata de un duelo. La separación es una pequeña muerte simbólica

En el marco de la negación, se intentan negociaciones en el intento desesperado de implementar medidas que mejoren las cosas: “Yo voy a cambiar. Voy a pasar mas tiempo en casa, haremos salidas que nos hagan bien a los dos, prometo no jugar mas al Candy Crush, pero eso si, vos no miras mas fútbol…” Valen todos los intentos. Pero, lamentablemente, si las estructuras no son sólidas, los acuerdos se desvanecen.

4. ¿Depresión? Yo hablaría de tristeza profunda como proceso saludable, aunque en algunos casos ésta se hace inmanejable y entramos en otra categoría diagnóstica que podría ser un cuadro depresivo producto de la situación. En esta instancia, pedir ayuda, transitar las emociones sabiendo que. si hacemos lo necesario, con el tiempo pasará.

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5. Miedo. No va a ser sin miedo, no esperen eso. ¿Por qué razón van a desarmar una familia que les llevó años construir sin estar asustados? Negar el miedo es la mejor manera de volverlo más fuerte. No es sin angustia y miedo que se empieza a transitar el nuevo camino. Pero de la otra forma (perpetuar una pareja que dejó ser serlo) la posibilidad de ser felices quedaba confinada a otra vida, y no nos consta que esta vaya a existir.

¿Por qué razón van a desarmar una familia que les llevó años construir sin estar asustados?

Es imposible atravesar una separación sin que el temor este presente. Lo conocido tranquiliza, lo nuevo asusta. El marco de la rutina familiar, llegar a “casa”, es siempre un punto de referencia, de llegada, de seguridad. Pero eso no quiere decir que ese punto necesariamente nos contenga en un marco de bienestar y disfrute. Cuando la insatisfacción reina, el llegar suele transformarse en un momento de angustia.

6. Aceptación. Es el punto de alivio y volver a empezar… Desamparo y Miedo “Que va a ser de mí lejos de casa”. Como las águilas, habrá que tomar decisiones, animarse a romperse el pico, arrancarse las alas y las garras y que vuelvan a crecer. Es la única forma de vivir el tiempo que queda, y ojalá sea mucho, volando alto y disfrutando el viaje.

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Una pareja deja de serlo cuando la relación empieza a convertirse en amenazante e insatisfactoria, cuando se pierde la intimidad y el respeto por sí mismos; comienzan a preocuparse por lo que falta en la pareja, centrándose en observar lo negativo y las necesidades que no están cubiertas.

Cuando llega el desamor, quedarse atrapados en una relación insatisfactoria por miedo a cambiar el estilo de vida, perder rutinas, afectar a los hijos, resignar la vivienda o tener que enfrentarse solos a las situaciones cotidianas no sirve. Claro que aparece el miedo, el dolor, la soledad. Pero hay decisiones que no debemos esquivar. Sí debemos, claro, tomarlas con tiempo, inteligencia y cuidado.

 

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