Decir malas palabras es signo de inteligencia según los científicos

El uso de lenguaje obsceno o tabú, o “malas palabras”, como se le conoce más a menudo, es generalmente considerado como un signo de que el hablante carece de vocabulario, no puede expresarse de una manera menos ofensiva o incluso carece de inteligencia.

Los estudios han demostrado, sin embargo, que las “maldiciones” pueden de hecho exhibir un uso inteligente del lenguaje.

A pesar de que decir obscenidades puede llegar a convertirse en un hábito, elegimos usar “malas palabras” en diversos contextos y para diversos propósitos: para generar un efecto lingüístico, para transmitir una emoción, para hacer reír, o quizás incluso para ser deliberadamente desagradable.

Los psicólogos interesados ​​en cuándo y por qué las personas lanzan improperios trataron de mirar más allá del estereotipo de que los insultos son el lenguaje de los menos educados y analfabetos.

De hecho, un estudio realizado por psicólogos del Colegio Marista de los Estados Unidos encontró vínculos entre lo fluido que es una persona en el idioma y lo fluido que es al usar improperios.

La primera forma de fluidez verbal se puede medir pidiendo a los voluntarios que piensen en tantas palabras como puedan que comiencen con una cierta letra del alfabeto en 1 minuto.

Las personas con mayores habilidades lingüísticas generalmente pueden pensar en más ejemplos en el tiempo asignado. Sobre la base de este enfoque, los investigadores crearon la tarea de insultar con fluidez. Esta implicaba que los voluntarios dijeran la mayor cantidad posible de obscenidades en el mismo tiempo de 1 minuto.

Al comparar las puntuaciones de las dos consignas se encontró que las personas que obtuvieron el puntaje más alto en la prueba de fluidez verbal también tendieron a hacerlo mejor en la tarea de usar palabras obscenas. Los menos aptos en la prueba de fluidez verbal también lo hicieron mal en la segunda.

Lo que esta correlación sugiere es que maldecir no es simplemente un signo de pobreza lingüística, falta de vocabulario general, o baja inteligencia.

En lugar de eso, usar lenguaje procaz parece ser una característica que un hablante puede usar para comunicarse con la máxima eficacia. Y en realidad, algunos usos de este tipo de vocabulario soez van más allá de la simple comunicación.

Alivio natural del dolor

“La investigación que realizamos implicó pedirle a los voluntarios que mantuvieran la mano en agua helada durante el tiempo que pudieran tolerar, mientras decían “malas palabras” explicó el Dr. Richard Stephens, quien llevó adelante esta investigación.

Stephens es además, profesor titular de Psicología en la Universidad de Keele donde investiga la psicobiología del uso de lenguaje soez.

El mismo grupo de participantes se sometió a la prueba de agua helada en una segunda ocasión, pero esta vez repitieron una palabra neutral, sin improperios. Se controló la frecuencia cardíaca en las dos situaciones.

“Lo que encontramos fue que aquellos que usaron vocabulario vulgar resistieron el dolor del agua helada por más tiempo, lo calificaron como menos doloroso y mostraron un mayor aumento de la frecuencia cardíaca en comparación con los que repetían una palabra neutral.”

Esto sugiere que tuvieron una respuesta emocional al insulto y una activación de la respuesta de lucha o huida: un mecanismo de defensa natural que no sólo libera adrenalina y acelera el pulso, sino que también incluye un alivio del dolor natural conocido como analgesia inducida por el estrés.

“Esta investigación fue inspirada por el nacimiento de mi hija cuando mi esposa maldijo profusamente durante las contracciones agonizantes. Las parteras estaban sorprendentemente imperturbables, y nos dijeron que decir malas palabras es algo normal normal y común durante el parto, quizás por razones similares a nuestro estudio del agua helada” explica Stephens.

Relación emocional bidireccional

“Queríamos investigar más a fondo cómo los insultos y la emociones están vinculados. Se pidió a los participantes que jugaran un videojuego bélico en primera persona para generar excitación emocional. Jugaron durante diez minutos, durante los cuales exploraron un ambiente virtual y pelearon y dispararon contra una variedad de enemigos.

Encontramos que esto era una forma exitosa de despertar emociones, ya que los participantes reportaron sentirse más agresivos después en comparación con aquellos que jugaron un videojuego de golf.

A continuación, los participantes emprendieron la tarea de hablar con fluidez. Como se predijo, los participantes que jugaron el juego de balaceras fueron capaces de enumerar un mayor número de “palabrotas” que los que jugaron el juego de golf” relata el científico.

Esto confirma una relación de dos vías entre las emociones y las obscenidades. No sólo el insultar puede provocar una respuesta emocional, como se muestra con el estudio de agua helada, sino que la excitación emocional también puede facilitar una mayor juramento de fluidez.

Para Stephens “Lo que esta colección de estudios muestra es que usar palabras subidas de tono es mucho más que simplemente buscar ofender o una falta de higiene verbal. El lenguaje es un sofisticado juego de herramientas, y las palabrotas son parte de él.”

“No es sorprendente que muchas de las últimas palabras de los pilotos muertos en accidentes aéreos capturados en la grabadora de vuelo de la “caja negra” hayan sido insultos. Y esto enfatiza un punto crucial, que el acto de usar palabras soeces debe ser importante dado su aparición en asuntos de vida y muerte” concluye el investigador.

El hecho es que el tamaño de nuestro vocabulario de “malas palabras” está vinculado con el tamaño de nuestro vocabulario general, y el acto de maldecir está inextricablemente vinculado a la experiencia y a la expresión de los sentimientos y las emociones.

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