El impacto de las suposiciones erróneas en la vida cotidiana

Basta con detenerse a pensar el tema para darse cuenta que todos habitamos “suposiciones” que nos conducen a una determinada acción o reacción. Rápidamente, el cerebro recibe señales e interpreta y adjudica significado a los hechos en función de experiencias previas, historias personales y otros “marcos” cognitivos. Todos nos contamos historias para comprender el mundo y actuar en consecuencia. Pero… ¿Cuántas de esas suposiciones son erróneas y nos llevan a interpretar las circunstancias de un modo parcial o limitado? ¿Será así como lo vemos? ¿Qué verá el otro? ¿Coincidirá con la explicación que le atribuimos a las cosas o sacará otras conclusiones?

Es probable que haya algunas coincidencias, pero también puede ser que los demás interpreten las cosas de un modo diferente, y hasta opuesto. Por eso, porque la realidad es lo que nos contamos sobre esa realidad, asumir que sólo sabemos una parte, y por algún rato, y que tal vez cambie, y que hay significados que sabrá el otro, o respuestas que sólo tendrá el futuro, nos hará vivir más livianos, más abiertos a la incertidumbre y con menor ansiedad y necesidad de controlar y entender todo a cada momento.

¿en cuántas ocasiones hacemos suposiciones erróneas y cómo nos perjudica? ¿Cuántas veces sufrimos por historias que nos contamos que no coinciden con la realidad?

Suponer es considerar como cierto o real algo a partir de los indicios que se tienen. Y así vivimos, atribuyendo significados. Ante cualquier situación, interpretamos qué es lo que pasa y por qué sucede según nuestra experiencia anterior. Decodificamos en función de lo que somos, del camino recorrido, y de la historia que transitamos. Todos los hacemos. Pero es importante saber que nuestra psiquis es compleja y que en la interacción con los otros y en la interpretación que hacemos de las cosas está impresa nuestra subjetividad personal, y que nuestras inseguridad y nuestros temores pueden jugarnos una mala pasada y entender cosas que no son. Nuestras conclusiones pueden ser erróneas.

Pereza cognitiva: entre generalizaciones y prejuicios 

Desde hace años, la psicología cognitiva viene advirtiendo que los seres humanos somos perezosos cognitivos. Ante cualquier experiencia nueva, rápidamente atribuimos significados y sacamos conclusiones, basándonos en lo que ya sabemos. Filtramos, simplificamos y decodificamos, generalizando y dando origen, muchas veces, a suposiciones erróneas.

El punto es que las inseguridades personales, las heridas previas, suelen llenar nuestras suposiciones de errores. Limitamos la experiencia a lo que sabemos de antes y no aprendemos. Nos autolimitamos y no crecemos, acorralando nuestra riqueza perceptiva e impidiendo que el presente nos enseñe cosas nuevas, nos corrija, nos sorprenda.

Limitamos la experiencia a lo que sabemos de antes y no aprendemos. Nos autolimitamos y no crecemos, acorralando nuestra riqueza perceptiva e impidiendo que el presente nos enseñe cosas nuevas

Malpensar nos hace daño. Nos lastima, nos vuelve rígidos y nos priva de la riqueza y la complejidad del mundo y de los otros. Tomar conciencia de esta tendencia, influenciada en general por estados psicológicos o emocionales, hace que nos demos un rato para revisar nuestras percepciones, abrir la cabeza e interpretar de manera más profunda la realidad.

Es lógico que la mente se apresure en su necesidad de interpretar la experiencia y ordenar lo nuevo en la biblioteca interna que nos define y que define nuestra zona de confort psíquico y emocional. Para tranquilizarnos, la psiquis siempre intentará poner todo en su lugar y satisfacer nuestra necesidad de sentir que está todo bajo control. Pero lo cierto es que la vida es incierta: no sabemos qué ocurrirá el minuto siguiente, ni tenemos certeza alguna. Abrirnos al suceder, a lo nuevo, al aprendizaje, no sólo nos evitará sufrimientos y ansiedades sino que abrirá la puerta a crecer y evolucionar hasta el último día de la existencia.

 

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