Hay que hablar sobre el suicidio para prevenir: signos de alerta

Es un tema difícil, doloroso, del que se habla poco y del que, incluso, se aconseja no hablar. Hasta en los manuales de estilo de los medios hay recomendaciones de esquivar palabras y detalles, con lo cual los periodistas nunca sabemos muy bien de qué modo informar y de qué modo ayudar a prevenir una situación sin duda desesperante. Sin embargo, las nuevas recomendaciones dicen que hay que poner el tema sobre la mesa: según la OMS (Organización Mundial de la Salud), hay que hablar sobre el suicidio para prevenirlo.

Es un problema que es clave encarar, porque no es menor. Cada año, 800 mil personas terminan con su vida en el mundo. Es una cada 40 segundos, según datos consignados por la OMS en el informe Suicide Prevent. Este número excede el total de muertes ocasionadas por los homicidios y las guerras combinados y se ubica como la segunda causa de muerte en la población de entre 15 y 29 años.

Según las estadísticas disponibles, que permiten presumir un importante subregistro, todos los años mueren en el mundo por esta causa más de 800.000 personas, una cada 40 segundos

Según los últimos datos disponibles, en la Argentina el suicidio creció desde 1997 hasta 2001 (de 6,2 a 6,7 por 100.000 habitantes). En 2003 alcanzó la tasa más alta (9,1). A partir de ese año, se mantuvo relativamente estable. En 2015, las provincias con tasas más altas fueron Tierra del Fuego, Salta y Entre Ríos (con 14,2, 13,8 y 12,9, respectivamente). Hay indicios de que por cada adulto que lo concreta más de 20 lo intentan.

Es más, según revela OMS, es una problemática en aumento. Por eso los expertos refuerzan la importancia de acudir a la consulta, ya que buena parte de los trastornos que pueden derivar en conductas suicidas se pueden tratar.

En buena parte de los casos, existe detrás un trasfondo de sufrimiento prolongado. Cuadros de depresión u otros trastornos que la psicoterapia pueden tratar

Hasta hace un tiempo, se decía que hay poco que hacer y que no hay que informar para no “contagiar” o dar ideas: “que el que habla de suicidarse nunca lo hace”, que “la mayoría de los suicidios son imprevisibles”, que “si no lo logra seguirá intentándolo”, que “sólo se quitan la vida las personas con desórdenes mentales”. Estas premisas están, como mínimo, relativizadas. Son mitos que confunden y que estigmatizan, y que esconden a la vez un cuadro que tiene claro impacto en la salud pública.

Según la OMS, “intervenciones efectivas y basadas en evidencia pueden ser implementadas en la población, subpoblación y a niveles individuales para prevenir el suicidio y los intentos de suicidio”.

Los expertos subrayan que las personas que expresan su voluntad de suicidarse pueden estar pidiendo ayuda y no están completamente decididas a morir, sino que experimentan sentimientos ambivalentes. Quien expresa estas fantasías, puede caer en ese riesgo por una profunda tristeza y no necesariamente por una patología mental. Por eso hablar abiertamente puede ayudarlas a contemplar otras opciones o repensar su decisión o prevenir una tragedia.

Según expertos en el tema, hay muchos aspectos del suicidio que lo hacen especialmente trágico: el grave sufrimiento emocional de quien se quita la vida; los sentimientos de pérdida, abandono o culpa de los familiares y amigos; las mentiras, el miedo. Sin embargo, hay mucho por hacer: distintas investigaciones mostraron que reducir el acceso a los medios más comunes, como armas, pesticidas y ciertos medicamentos, ayuda a disminuir la cantidad de casos. Aunque parezcan banales, estas medidas son efectivas porque, con frecuencia, el suicidio se consuma en un rapto de desesperanza.

Signos de alerta

Cuando tenemos cerca un ser querido que sufre y que notamos desesperado, nos genera mucha angustia y temor. ¿Qué podemos hacer frente a este fenómeno? ¿Cómo poder ayudar a quien siente que no tolera la vida? ¿Cuáles son las señales de alerta que deberíamos atender?

“Hay diagnósticos que están asociados con el riesgo suicida: trastornos depresivos, el trastorno bipolar o el trastorno límite de la personalidad. Hay muchas más posibilidades de encontrarse frente a un intento de suicidio o un suicidio concretado si la persona presenta alguno de estos diagnósticos”, precisó Eduardo Keegan, profesor de Psicoterapia de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en una nota con TN.

Según Keegan, “algo que sirve como predictor del suicidio es el nivel de desesperanza. Hay escalas específicas para medirlo, pero en general se manifiesta en mucho escepticismo respecto del presente y de que las cosas cambien en el futuro. Por otro lado, que las personas tengan una mejoría abrupta, aparentemente injustificada, puede ser un indicador de que tomaron la decisión de suicidarse. Lo mismo cuando las personas hablan de la posibilidad de matarse. La gente cree que esto es a la inversa, pero no es así. También cuando la persona se desprende de cosas muy valiosas puede ser una señal de advertencia. Estas son algunas de las más genéricas. Es importante señalar que siempre es un profesional el que tiene que evaluar cada caso. Por eso es importante el tratamiento”.

“Es importante, cuando uno forma parte del entorno de una persona que está atravesando esto, no trivializar el sufrimiento de la persona. No hacer ‘palmo-terapia’ y decir: ‘Todo va a ir mejor'”, dice Keegan

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