La fuerza del pensamiento positivo: construir nuevas habilidades y potenciar el trabajo

Las ciencia del “pensamiento positivo” suena cómo algo inútil en la superficie. Es obvio que la mayoría de nosotros preferiría ser positivo en lugar de negativo. Pero “pensamiento positivo” es también un término que aplica a una filosofía de vida que va mucho más allá de ser optimista aunque en el mundo real, rara vez tenga el mismo peso que palabras como “ética de trabajo” o “persistencia”.

La investigación llevada adelante por algunos científicos está comenzando a revelar que el pensamiento positivo es mucho más que ser feliz o andar por la calle con una sonrisa bastante discordante y sospechosa.

Los pensamientos positivos pueden realmente crear valor real en nuestra vida y ayudarnos a desarrollar habilidades que duran mucho más que una sonrisa.

Bárbara Fredrickson, psicóloga de la Universidad de Carolina del Norte, es una de esas personas dedicadas al estudio y concientización del valor de las emociones positivas. Y en particular con su teoría de que acumular “pequeños momentos de positividad” con el tiempo puede producir un gran bienestar en general.

Fredrickson publicó un documento de referencia que proporciona sorprendentes ideas sobre el pensamiento positivo y su impacto en nuestras habilidades. Su trabajo está entre los más citados en su campo, y es sorprendentemente útil en la vida cotidiana.

Los investigadores han encontrado que las emociones negativas programan el cerebro para hacer una acción específica. Si por ejemplo tuviéramos la mala fortuna de encontrarnos un tigre suelto en un parque por ejemplo, sin lugar a dudas saldríamos corriendo. El resto del mundo no importara y estaremos totalmente enfocado en el tigre, el miedo que crea y cómo podemos alejarnos de él.

En otras palabras, las emociones negativas estrechan nuestra mente y enfocan los pensamientos.

En ese mismo momento, puede que tengamos la opción de trepar a un árbol, recoger una hoja o agarrar un palo, pero el cerebro ignora todas esas opciones porque parecen irrelevantes cuando un tigre está parado frente a nosotros.

Claro que en nuestra sociedad moderna no tenemos que preocuparnos de tropezar con tigres en el desierto. El problema es que el cerebro todavía está programado para responder a las emociones negativas de la misma manera – cerrarse al mundo exterior y limitar las opciones que hay a nuestro alrededor.

Por ejemplo, cuando estamos en una pelea con alguien, el enojo y las emociones pueden consumirnos hasta el punto en que no podemos pensar en otra cosa. O, cuando estamos estresado por todo lo que hay que hacer hoy, puede ser difícil iniciar algo real, ya que nos sentimos paralizados por lo interminable de la lista de tareas pendientes. O, si nos sentimos mal por no hacer ejercicio o no comer sano, todo lo que pensamos es la poca fuerza de voluntad que tenemos y lo perezosos que somos.

Los sentimientos negativos activan una región del cerebro llamada cuerpo amigdalino, que participa en el procesamiento del miedo, la ansiedad y otras emociones. El Dr. Richard J. Davidson, neurólogo y fundador del Centro de Mentes Saludables de la Universidad de Wisconsin en Madison, ha demostrado que la gente en la que el cuerpo amigdalino se recupera lentamente de una amenaza tiene más posibilidades de sufrir una variedad de problemas de salud que aquellas personas que se recuperan rápidamente.

El cerebro se cierra y se centra en las emociones negativas del miedo, la ira y el estrés. Las emociones negativas evitan que el cerebro vea las otras opciones que nos rodean. Es el instinto de supervivencia.

Fredrickson probó el impacto de las emociones positivas en el cerebro mediante la un pequeño experimento durante el cual dividió a sus sujetos de investigación en cinco grupos y mostró a cada grupo diferentes clips de película.

Los dos primeros grupos vieron clips que crearon emociones positivas. El Grupo 1 vio imágenes que crearon sentimientos de alegría. El Grupo 2 vio imágenes que crearon sentimientos de satisfacción. El grupo 3 fue el grupo control. Vieron imágenes que eran neutras y no produjeron ninguna emoción significativa. A los dos últimos grupos se les mostraron clips que crearon emociones negativas. El Grupo 4 vio imágenes que crearon sentimientos de miedo. Grupo 5 vio imágenes que crearon sentimientos de ira.

Después, se pidió a cada participante que se imaginara en una situación en la que surgieran sentimientos similares y anotara lo que harían. A cada participante se le entregó un pedazo de papel con 20 líneas en blanco que comenzaron con la frase, “Me gustaría …”

Los participantes que vieron imágenes de miedo y cólera anotaron el menor número de respuestas. Mientras tanto, los participantes que vieron imágenes de alegría y satisfacción, anotaron un número significativamente mayor de acciones que tomarían, incluso en comparación con el grupo neutral.

En otras palabras, cuando experimentamos emociones positivas como alegría, satisfacción y amor, vemos más posibilidades en la vida. Estos hallazgos fueron los primeros en sugerir que las emociones positivas amplían el sentido de la posibilidad y abren su mente a más opciones.

Pero ese era sólo el inicio. El impacto realmente interesante del pensamiento positivo ocurre más tarde. Los beneficios de las emociones positivas no se detienen después de unos minutos de buenas sensaciones. De hecho, el mayor beneficio que proporcionan las emociones positivas es una mayor capacidad para desarrollar habilidades y desarrollar recursos para su uso posterior en la vida.

Fredrickson se refiere a esto como la teoría de “ampliar y construir” porque las emociones positivas amplían el sentido de las posibilidades y abren la mente, lo que a su vez permite construir nuevas habilidades y recursos que pueden proporcionar valor en otras áreas de la vida.

Toda esta investigación plantea la pregunta más importante de todos: Si el pensamiento positivo es tan útil para desarrollar habilidades valiosas y apreciar el panorama general de la vida, ¿cómo realmente se consigue ser positivo?

Estas son algunas actividades que Fredrickson y otros investigadores recomiendan para fomentar las emociones positivas.

MeditarInvestigaciones recientes realizadas por Fredrickson y sus colegas han revelado que las personas que meditan diariamente muestran emociones más positivas que aquellos que no lo hacen. Como era de esperar, las personas que meditaron también construyeron valiosas habilidades a largo plazo. Por ejemplo, tres meses después del experimento, las personas que meditaban diariamente continuaron mostrando mayor atención plena, propósito en la vida, apoyo social y disminución de los síntomas de la enfermedad.

Escribir – Un estudio publicado en la Revista de Investigación en Personalidad, examinó a un grupo de 90 estudiantes de pregrado que se dividieron en dos grupos. El primer grupo escribió sobre una experiencia intensamente positiva cada día. El segundo grupo escribió sobre un tema que los preocupara de su vida. Con el paso del tiempo, los estudiantes que escribieron sobre experiencias positivas tuvieron mejores niveles de humor, menos visitas al centro de salud y experimentaron menos enfermedades.

Jugar – Organizamos reuniones, conferencias telefónicas, eventos semanales y otras responsabilidades en nuestros calendarios diarios … ¿por qué no programar un horario para jugar?

Disfrutar  del mundo que nos rodea – Puede ser un ave, un árbol, un hermoso amanecer, o incluso una prenda de ropa que lleve otra persona. Puede ser algo tan simple como ayudar a alguien a cargar sus bolsas de la compra o darle instrucciones a un extraño para que llegue a su destino.

Practicar la resiliencia –  En lugar de dejar que lo abrumen las pérdidas, el estrés, los fracasos y los traumas, considérelos experiencias de aprendizaje y pasos hacia un futuro mejor. Recuerde el dicho: cuando la vida te dé limones, haz limonada.

Establecer y fomentar relaciones – Establecer relaciones sólidas con amigos y familiares mejora la sensación de valía y, como han demostrado estudios de largo plazo, está asociado con una buena salud y una larga vida.

Aprender cosas nuevas –  Puede ser un deporte, un idioma, un instrumento de música o un juego que le inyecte una sensación de logro, de autoconfianza y de resistencia. Pero también en este caso hay que ser realista en cuanto al tiempo que nos va a llevar y tener la seguridad de que contamos con el tiempo necesario.

 

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