Los diagnósticos psiquiátricos de los niños deberían escribirse con lápiz

Las tres modas más peligrosas en el diagnóstico psiquiátrico durante los últimos 20 años han afectado a los niños. Las tasas de Trastorno de Déficit de Atención (TDAH) se han triplicado y las tasas de autismo y trastorno bipolar se han visto increíblemente multiplicadas por 40. La patologización de la infancia es alarmante.

Poderosos factores externos han contribuido en gran medida a esta proliferación de etiquetas erróneas en los niños. En el caso del TDAH y el trastorno bipolar infantil, las compañías farmacéuticas han vendido la enfermedad de forma engañosa y agresiva para «colocar» sus caras y rentables pastillas. Su estrategia de marketing se basaba en la cínica asunción de que iniciar a un niño en el consumo de pastillas de forma temprana puede convertirlo en un cliente para toda la vida.

La explosión del autismo resultó de la combinación de dos factores: la introducción en el DSM-IV de una forma mucho más leve de autismo (Asperger) y la asociación demasiado cercana de los diagnósticos a la posibilidad de recibir refuerzos educativos.

Los diagnósticos psiquiátricos desarrollados con fines clínicos son inapropiados como porteros para el acceso a la asignación de recursos educativos. Las decisiones educativas deberían basarse en las necesidades educativas de los niños, evaluadas por los educadores, empleando herramientas educativas.

Hace tiempo que ya es hora de controlar el salvaje sobrediagnóstico de trastornos psiquiátricos en los niños

Juan Vasen y Gisela Untoiglich lideran Forum Infancias, una organización argentina de trabajadores de la salud mental dedicada al diagnóstico y tratamiento adecuado de niños y adolescentes, han alertado sobre el tema.

Los Dres. Vasen y Untoiglich detallan 10 razones por las que los diagnósticos psiquiátricos son mucho más difíciles e inciertos en los jóvenes, y de cómo las etiquetas flagrantamente erróneas llevan a la sobremedicación y al estigma innecesario. Escriben:

“Siempre es aconsejable ir con precaución y especial cuidado a la hora de diagnosticar a los niños por 10 razones:

1) Los roles y expectativas de comportamiento sobre niños y adolescentes han cambiado de forma espectacular a lo largo de la historia, y también varían de forma espectacular entre diferentes sociedades en el mundo actual.

No es necesariamente indicativo de un trastorno mental que un niño no encaje en roles impuestos por la sociedad y la educación que son recientes, limitados y con una definición muy restringida

2) Los niños y adolescentes varían de forma espectacular en su desarrollo y en la cronología de sus hitos madurativos. La individualidad y la inmadurez no deberían confundirse con la enfermedad.

3) Los problemas que realmente son en su mayoría culpa del sistema educativo se atribuyen en su lugar muchas veces al propio niño. Tendríamos muchos menos niños diagnosticados con TDAH si el tamaño de las clases fuera menor y las escuelas facilitaran a los niños más recesos con actividad física a lo largo de la jornada escolar.

4) El perfeccionismo de padres y profesores, y su deseo de encontrar una conformidad sumisa, ha estrechado el rango de lo que se acepta como comportamiento infantil normal y ha devaluado la diversidad.

No deberíamos medicalizar la diferencia

5) Como tener un diagnóstico psiquiátrico se ha convertido en requisito obligatorio para recibir servicios escolares especiales, la tasa de diagnóstico ha subido de forma espectacular e inadecuada. Este diagnóstico puede dar al niño una ventaja educativa a corto plazo, pero carga sobre sus espaldas un estigma, una reducción de las expectativas y riesgos de prescripción inadecuada de medicamentos a largo plazo.

6) El reduccionismo biológico ha asumido erróneamente que todos los comportamientos infantiles conflictivos son el resultado de un desequilibrio químico en el cerebro. Ignorar los factores educativos, sociales y psicológicos lleva a una medicalización injustificada, y unos diagnósticos y tratamientos excesivos.

7) El diagnóstico preciso de niños y adolescentes requiere una cantidad de tiempo considerable en cada sesión, y a menudo muchas sesiones a lo largo de numerosos meses.

8) Dar un diagnóstico es fácil, borrarlo resulta a menudo difícil. Si eliges un nombre equivocado, el niño se verá obligado a andar por el camino equivocado.

9) En nuestro país, las leyes y normativas se escriben en relación con uno u otro diagnóstico psiquiátrico específico. Esto resulta muchas veces en un aumento de la tasa del trastorno en cuestión y un tratamiento excesivo y mal enfocado.

10) Los profesionales no tienen una bola de cristal. Muchas veces, sólo el tiempo lo dirá.

La incertidumbre diagnóstica en los niños es tan grande que las etiquetas deberían escribirse siempre a lápiz

Muchas gracias, Juan y Gisella, por vuestra forma poética de advertir a los profesionales clínicos que sean conservadores, nunca poco cuidadosos o creativos, en el diagnóstico infantil.

Las etiquetas erróneas conllevan consecuencias graves y a menudo duraderas en la imagen que tiene el niño de sí mismo, la imagen del niño que tiene la familia, y en el mal uso de medicación. El diagnóstico nunca se debería tomar a la ligera.

Laura Batstra describió su método de «diagnóstico escalonado». Si los profesionales clínicos se toman su tiempo para conocer realmente al niño y a la familia, harán muchos menos diagnósticos (y mucho más precisos).

El diagnóstico preciso en los niños es realmente difícil y requiere de mucho tiempo. El diagnóstico equivocado es realmente fácil y puede hacerse en 10 minutos

Un diagnóstico infantil preciso lleva a intervenciones útiles que pueden mejorar en gran medida la vida futura. Un diagnóstico infantil equivocado a menudo conlleva peligrosa medicación y un estigma persistente.

Los riesgos son altos y los daños muchas veces permanentes. La mejor forma de proteger a nuestros hijos es respetar su diferencia y aceptar la incertidumbre. A mí realmente me encanta la idea de escribir los diagnósticos psiquiátricos a lápiz.

 

  • Por Allen Frances, catedrático emérito de la Universidad de Duke y miembro del comité de redacción del DSM-IV.

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