No hay adicto con conciencia de enfermedad: ¿Hacemos algo o seguimos mirando?

La problemática de las adicciones exige respuestas urgentes. Alejandro Schujman, psicólogo, nos convoca a dejar de naturalizar el consumo de drogas e implementar acciones urgentes.

El caso de Pity Alvarez me despierta un montón de emociones… Ninguna grata. Veo un circo romano. O la crónica de una muerte anunciada… A diario, miramos como sociedad a través de los monitores cómo la droga gana terreno, cómo los famosos y los “nadies” de a poco van deteriorando historias de vida, caminando hacia la tragedia propia o ajena ante una anestesia general que me preocupa.

En otro canal, padres desconcertados miran cómo sus hijos echan vapor por las narices y ningún humo -salvo el del nebulizador- es inocuo. Ninguna sustancia psicoactiva es inofensiva y, sin embargo, naturalizamos la autodestrucción sin accionar.

Hace unos días, en un programa de televisión, participando de un áspero debate a partir de los sucesos protagonizados por Pity, alguien preguntaba si hay algo que se pueda hacer a esa altura de las circunstancias cuando una persona de 50 años tiene su vida arruinada por el paco.

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Otro sumaba que era urgente modificar la Ley de Salud Mental para permitir las internaciones de pacientes en riesgo. Y alguien agregaba que era indispensable enfocarse en la prevención. Se peleaban en el estudio como se pelean en la sociedad.

Siempre hay algo que se puede hacer por una persona que atraviesa el espantoso  sufrimiento de estar prisionero en el consumo de drogas

Se han cambiado nombres para designar el problema pero la tragedia avanza. Se habla más de consumo problemático y menos de adicciones, pero la historia sigue siendo la misma: estamos muy lejos como sociedad de tener conciencia sobre cómo pararnos para enfrentar este drama.

No es adicto quien quiere sino quien puede. El adicto es el resultado de una familia enferma en la punta de iceberg que carga sobre sus espaldas la problemática familiar y la hace humo, polvo, la hace etéreo.

El adicto es quien se enferma, el portavoz, y tantas familias enfermas con adictos representantes de una sociedad que enferma también

La patología adictiva es progresiva. Un chico prueba marihuana por curiosidad, por presión de pares, por querer experimentar algo distinto. Posiblemente el efecto inicial sea placentero y los pasos que siguen son, por lo menos, inciertos…

El Doctor Olivenstein, de quien tuve el gusto de escuchar mi primera conferencia a los 19 años sobre la problemática de las adicciones, decía algo así como: “No podemos entender la problemática de las adicciones si no entendemos que drogarse puede ser en primera instancia muy placentero, relajación inmediata, placer inmediato, sentirse poderoso en un instante”. El problema es que rápidamente después del efecto agradable y mágico deel cuerpo empieza a sufrir las consecuencias y la mente también.

El deterioro es gradual, progresivo y depende de qué sustancia sea la que entra al cuerpo, más o menos rápido; pero no hay sustancias inocuas. La marihuana puede provocar espantosos episodios psicóticos, como bien lo describe la serie Merli.

El adicto se enferma de a poco y cada vez más rápido y se recupera muy lentamente. Es clave entender que no hay adicto con conciencia de enfermedad.

Lo que la adicción toma prisionera es la capacidad de decidir, la fuerza de voluntad, la capacidad de poner límites al sufrimiento espantoso que provocan las sustancias.

Esa libertad es la que se intenta gestionar a través de los sistemas y dispositivos de tratamiento. La conciencia de enfermedad la prestan los adultos que están pudiendo mirar y armar espacio para que la salud entre en un cuerpo y una mente enferma. Las redes de contención y equipos de profesionales, familias y amigos son vitales a la hora de la recuperación de un paciente con toxicomanías.

Seguimos mirando como sociedad cómo nuestros chicos fuman marihuana en la calle, cómo se emborrachan y salen con el auto de papá. Seguimos naturalizando el horror, seguimos mirando muertes por televisión y contamos con palitos una y otra y otra vez este problema.

Mis queridos: o lo arreglamos entre todos o no lo arreglamos más

Actualmente estoy trabajando junto al equipo del Ministerio de Desarrollo Social en el Impenetrable Chaqueño: chicos de 5 años tomando alcohol, fumando marihuana, robando alcohol etílico en los puestos sanitarios. La comunidad se está movilizando, se está implementando un hospital de día, hay equipo, hay conciencia, y seguramente en un medio absolutamente adverso, en los “nadies” de Galeano, por decisiones políticas favorables el pronóstico sea otro, el destino sea otro… En algunos meses, en algunos años.

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El problema está ahí, las soluciones también. Abramos los ojos los padres, abramos los ojos los profesionales, armemos bloques, dejemos de mirar muertes por TV, dejemos de hacer debates sobre crónicas de muertes anunciadas.

Nuestros hijos nos necesitan. Bajemos las armas, subamos las convicciones firmes. Es hoy. Tiene que ser hoy

Hay Pitys, hay Chanos, hay tantos famosos que se vanaglorian de sus vínculos
con las sustancias. Y ésto es hoy lo que más me alerta y más me preocupa como profesional, como padre, como hombre: hay miles de miles de anónimos sin minutos de TV, sin tinta para los medios sin nada más que el sufrir. ¿Hacemos algo o seguimos mirando?

Mientras seguimos discutiendo los chicos se siguen muriendo, y los padres siguen mirando y oliendo el humo que largan sus hijos. Es hoy. Tiene que ser hoy…

 

  • Alejandro Schujman es psicólogo especializado en familias. Director de Escuela para padres. Autor de Generación Ni-Ni, Es no porque yo lo digo y coautor de Padres a la obra.​​
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