Resiliencia: la felicidad es con huellas y con cicatrices

“Cuenta una leyenda lo que le sucedió a un gobernador de Japón por el año 1400. Resulta que Shogun Ashikaga Yoshimasa tenía un cuenco de té de cerámica que adoraba y un día, lamentablemente, se le rompió. Desesperado por esa situación, con el afán de que se lo repararan, envió la pieza a China, que era el lugar en donde unos artesanos lo habían fabricado, y supuso que ellos podrían restaurarlo.

Sin embargo, luego de esperar largo tiempo sufrió una gran frustración. Aquel cuenco le fue retornado, pero no solamente estaba más feo y tanto menos refinado, sino que como lo habían reparado con ganchos de metal que no lograban sellar bien las grietas, ya no podía usarlo para la tan preciada ceremonia del té.

Estaba muy apenado, sin embargo el gobernador no se rindió jamás. CreTodos podemos ser felicesía con firmeza que su cuenco debía ser restaurado. Pidió esta vez a unos artesanos japoneses que trabajaran duro sobre su pieza, para hallar una solución.

Los desafió a que encontraran una técnica que permitiera unir perfectamente las partes del cuenco. De ese modo nació el kintsugi, que es la reparación de los objetos con barniz de oro, la carpintería de oro. Se trata de un arte tradicional japonés que tiene por filosofía la convicción de que todo objeto que se rompe o se daña tiene una historia que nunca debe ser ocultada sino más bien transformada, para poder convertir ese objeto en una pieza más fortalecida, bonita y de mayor valor que el que tenía originalmente. Para tal fin, la manera de reparación consiste en rellenar las grietas con oro. Cada cicatriz se resalta y se acentúa de este modo, volviéndose las partes más fuertes del objeto.

El amor es el oro que nos sana; la resiliencia es nuestra capacidad potencial de superar y reparar situaciones dolorosas, de hacer que se vuelvan cicatrices con las que podamos vivir de un modo más bello, integrando en nuestra historia total aquellas situaciones que van haciéndonos quienes somos. Se trata de aprender a llevar las propias huellas de la vida y comprometernos a buscar modos saludables de encarar nuestra existencia, con el fin de conducir nuestros dones personales a su mejor versión posible”.

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