Bajar la velocidad desmorona la cantidad de muertes por incidentes de tránsito

Muchos países han bajado los límites de velocidad en zonas urbanas y en rutas, desmoronando la cantidad de incidentes y las muertes por esta causa.

Imprudencia, distracción, sueño, alcohol, drogas… Uno puede sospechar muchas cosas detrás de la inseguridad vial y los (mal) llamados “accidentes”. Pero subestimamos un factor que es determinante: las estadísticas demuestran a rajatabla que reducir la velocidad desmorona el número incidentes de tránsito. Vamos a los datos.

En un estudio llevado a cabo por la Universidad de Oxford, que analizó los efectos que tiene establecer un límite de velocidad de 30 km/h en determinadas zonas,, concluyó que se trata de “una manera efectiva de mejorar la salud pública, a través de la reducción de los incidentes de tránsito y de lesiones”. Quizá a más de uno le resulte obvio, pero no “tan obvio” para quienes definen las políticas y regulaciones viales.

Según ese estudio, si atropellamos a un peatón a 30 Km/h sobreviría al impacto. En cambio, si lo arrollamos con un auto que se desplaza a 60 km/h, el riesgo de matarlo aumenta casi el triple (31%)

Esto también se comprobó en la ciudad de Brighton & Hove, Inglaterra. Después de seis meses de implementar la norma de reducción, la velocidad de tránsito bajó un 76% y redundó en una disminución del 20% en los choques y del 19% en otros tipos de accidentes vehiculares (como atropellos). Y lo mismo pasó hace un tiempo en Estocolmo, Suecia. Obviamente estamos hablando de culturas totalmente diferentes a la nuestra.

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Hay más datos sobre el tema. Un informe de la Heart Foundation de Australia subrayó los beneficios de la reducción de velocidad en las calles. Según sus datos, reducir el límite de velocidad de los vehículos en las zonas urbanas contribuye a incentivar las caminatas y el uso de bicicletas, porque la gente se anima más a trasladarse en dos ruedas si percibe las calles como menos riesgosas cuando no hay ciclovías. Si los autos van más despacio, el riesgo de enfrentarse a un accidente vehicular se reduce significativamente para los ciclistas.

Otro beneficio de la disminucion de la velocidades máximas es la notable reducción de la contaminación acústica, algo que trae varias consecuencias, como, por ejemplo, el aumento del valor de las propiedades en la zona donde se reduce al límite de velocidad a 30 km/h, según un informe de Estados Unidos.

Recordemos que, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ruido del tráfico es el principal culpable de la contaminación acústica, y tiene consecuencias claras en la salud, como el aumento en los niveles de estrés y en la presión sanguínea.

Es por todo esto que una de las recomendaciones de la entidad internacional es reducir el máximo de velocidad permitido para los vehículos. De hecho, Chile acaba de lanzar una iniciativa en esa dirección y, por ley, redujo el límite de velocidad a 50Km/h. Antes se podía circular a 60.

Es alarmante el desconocimiento que hay sobre el tema y las muchas maneras en que los argentinos desatendemos las normas de transito. Pero es importante generar conciencia respecto a este dato: está comprobado que 10 km/h menos de velocidad reduce en más o menos 30% la probabilidad de fallecer en un incidente de tránsito, según estudios en los que se redujo la velocidad de 120 a 110 Km/h.

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Arriesgarse a perder mucho para ganar poco

En Argentina también se comprobaron estos datos. Según un estudio del CESVI del año 2008, llegar 8 minutos antes sube 25% el riesgo de choque en la ruta. Los expertos analizaron el riesgo con dos vehículos de iguales características, circulando uno a 90 km y el otro a 110 km por la ruta 8.

Pocos motivos pueden justificar poner en riesgo la vida. Pero multiplicar las probabilidades de tener un accidente fatal por algo tan insignificante como ganar unos minutos es realmente -y por lo menos- estúpido

Los expertos en seguridad vial de CESVI comprobaron que la diferencia entre circular a 90 o 110 kilómetros por hora en un trayecto de 100 kilómetros sólo nos permite ganar 8 minutos e incrementa un 25% las chances de morir en un siniestro. Según sus conclusiones, “el aumento en los límites de velocidad está asociado a un mayor número de accidentes, sobre todo mortales”.

alcohol al volante

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El objetivo fue medir cómo influye una diferencia de velocidad de 20 km/h en el tiempo recorrido y en los riesgos asumidos. Así probaron que el que viajó a mayor velocidad tuvo 25% más de probabilidades de tener un accidente fatal, un riesgo que asumió a cambio de ganar apenas 8 minutos respecto al que fue más despacio. El que viajó a 110 tardó 76 minutos en recorrer el trayecto, y el segundo, 84.

Los expertos compararon cantidad de frenadas por maniobras del conductor, adelantamientos, cambios de carril y consumo de combustible. El que viajó más rápido realizó nueve sobrepasos, mientras que el otro sólo tuvo que adelantarse dos veces. El sobrepaso es la maniobra más riesgosa de la conducción, y la que produce más accidentes fatales. Cuantas más veces uno se adelanta, más riesgo corre. Y, a su vez, a mayor velocidad, menor tiempo de percepción de riesgo y menor capacidad de reacción ante un imprevisto.

Bajar la velocidad salva vidas

En este gráfico, publicado en un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo podemos ver más claramente. Muestra la distancia de detención de un auto que frena, yendo a diferentes velocidades (contando con un tiempo de reacción de un segundo).

Es por esto que, en materia de seguridad vial, la Organización Mundial de la Salud recomienda “fijar el límite de velocidad de los vehículos en vías urbanas en 50 km/h como norma general, y en 30 km/h en zonas residenciales y lugares donde un gran número de peatones y ciclistas comparten la vía con los vehículos”.

Así, a futuro probablemente tengamos más “Zonas 30” (zonas de tránsito lento), para hacer las calles aún más seguras. Es un desafío que debemos asumir en la Argentina, pensando en educación y fiscalización de la velocidad en zonas urbanas.

Además, debemos implementar medidas para que la señalizaciones de tránsito sean repensadas en post de la mejora de las estadisticas, bajando los incidentes de tránsito.

Ahora bien, todas estas normativas deben ir de la mano de una buena educación vial. Sin ésto no hay norma que valga y los incidentes de tránsito seguirán cobrándose miles y miles de vidas por año en nuestro país.

 

  • Alejandro Risso Vázquez. Coordinador Médico Terapia Intensiva, Sanatorio Otamendi. Médico especialista en clínica médica y en medicina crítica y terapia intensiva. Maestrando en Economía y Gestión de la Salud.

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