Ataques de pánico e hipocondría: 10 claves para enfrentarnos a estos males

Todos nos preocupamos en menor o mayor medida por nuestra salud, pero para algunas personas, los temores de estar enfermos son tan fuertes, incluso cuando gozan de buena salud, que a veces hasta les complica inclusive el desarrollo normal de su vida cotidiana.

Una persona que vive con miedo a tener una enfermedad grave, a pesar de haberse realizado  exámenes médicos en los que nunca se descubrió nada malo, puede tener un trastorno somático, también conocido como trastorno de ansiedad por enfermedad. La afección también se conoce con otros nombres, como hipocondría o hipocondría.

Un estudio publicado en JAMA define el trastorno como “un miedo persistente o la creencia de que uno tiene una enfermedad médica grave y no diagnosticada”. Los hipocondríacos manifiestan una extrema preocupación, miedo o incluso la falsa convicción de padecer una enfermedad grave.

Todo ello a partir de interpretar erróneamente ciertas sensaciones o señales físicas en el cuerpo; por ejemplo, lunares, pequeñas heridas, rojeces, tos, los propios latidos del corazón, movimientos involuntarios de algún músculo.

Los autores señalan que afecta hasta el 5 por ciento de los pacientes ambulatorios médicos. En resumen, el trastorno es una afección de salud mental en la que una persona se preocupa excesivamente de estar enferma, hasta el punto en que la ansiedad misma es debilitante. Preocuparse por la salud se convierte en una enfermedad.

Claves para superar estos trastornos

Muchas veces, ese miedo desmedido lleva a quienes padecen este trastorno a enfrentar severas crisis de pánico. Los investigadores Mathews, Gelder y Johnston proponen estas diez claves para afrontar el pánico y el miedo a enfermar:

  1. Recuerda que las sensaciones corporales que experimentas cuando te agobias son las reacciones normales del estrés en su forma más exagerada. Son eso y nada más. No te dejes llevar por pensamientos catastrofistas.
  2. Estas sensaciones no son en absoluto perjudiciales ni peligrosas. Son únicamente muy desagradables. No sucederá nada peor. Puedes aguantarlo perfectamente, tu cuerpo está preparado para experimentar estrés en millones de ocasiones. Eres fuerte.
  3. Corta de raíz los pensamientos reincidentes sobre lo que está sucediendo. Si les das importancia, aumentara el pánico. Son solo emociones, y, como tales, se pasarán.
  4. Observa tu cuerpo justamente ahora, en este momento, y no te imagines lo que temas que pueda suceder. Centra tu atención en “aquí y ahora mismo no me pasa nada”.
  5. Dale tiempo al miedo para que se vaya. No luches contra él, ni te fuerces a que desaparezca rápidamente. Simplemente respira, espera y deja que se retire poco a poco.
  6. Comprueba que cuando dejas de añadir pensamientos atemorizantes, el miedo se atenúa, se aburre y se va por sí solo.
  7. Recuerda que el objetivo es aprender a afrontar el miedo sin evitarlo, por lo tanto, cada ataque es una oportunidad para progresar.
  8. Piensa en cuánto has avanzado a pesar de todas las dificultades, y anticipa la sensación de haberlo superado una vez más.
  9. Cuando comiences a sentirte algo mejor, mira a tu alrededor y planea qué vas a hacer después: llamar a alguien para contárselo, comerte un helado, dar un paseo…
  10. Cuando retomes lo que estabas haciendo, hazlo de forma relajada, siendo consciente del obstáculo que acabas de saltar. Y felicítate por ello. Después, con calma, en tu casa, analiza lo que más te ha ayudado, para echar mano de ello en la próxima ocasión (si es que hay una próxima, claro).

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