Cómo crear hábitos: 8 técnicas para sostenerlo en el tiempo

Saber cómo crear hábitos nos puede ayudar a fortalecer determinadas acciones. Compartimos 8 técnicas para poder desarrollarlo.
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Muchas veces queremos empezar a tener un nuevo hábito en nuestra vida y no lo conseguimos. A veces porque nos cuesta o por falta de tiempo, porque nos gana la pereza o por alguna otra razón. Antes de escribir sobre la importancia de cómo crear hábitos, es importante saber qué es el hábito.

Qué es un hábito

Un hábito es un modo especial de proceder que se adquiere por repetición de actos iguales o semejantes. Es decir, formar este tipo de repetición nos puede llevar a acciones que nos hagan bien o no, dependiendo de qué tipo de acción mantengamos en el tiempo.

Por ejemplo, si tengo la determinación de salir a correr media hora cada día, estoy formando un hábito saludable para mi cuerpo, pero si todos los días almuerzo comida chatarra, eso puede perjudicar mi alimentación.

Cómo crear hábitos

Para sostener el hábito muchas veces se necesitan algunas técnicas para sostenerlo en el tiempo y que no los dejemos. Te contamos algunas que pueden ayudar.

 1. Definir por qué lo hacés

Generalmente pasa que al querer crear un hábito, empezamos con una actividad y la terminamos dejando. Es muy común que los primeros días lo hagamos con mucha energía y dedicación pero luego, con el tiempo, este entusiasmo se vaya apagando.

¿Por qué pasa esto? Algo muy importante a tener en cuenta es saber por qué tenemos ese hábito, es decir, cuál es la razón. Esto nos ayudará a darle un sentido a lo que hacemos y puede transformarse en motivación de nuestras acciones. Una pregunta que quizá valga la pena hacerse es: ¿en quién me quiero convertir desarrollando este hábito?

2. Tener un disparador

¿Qué es un disparador? Una acción que dispara otra acción. Un ejemplo muy claro es cuando nos levantamos a la mañana. Esta acción nos lleva a lavarnos los dientes.

O por ejemplo, llego del trabajo y salgo a correr. La acción de llegar del trabajo mueve a otra acción, que es la de hacer ejercicio. Esto hace que la acción del hábito se vea reforzada y que sea más fácil fortalecer esta repetición, ya que con el tiempo se va internalizando.

Entonces, si queremos crear un hábito, antes definamos un disparador, algo que nos impulse a desarrollar esa acción.

3. Recordatorio

Si bien el disparador nos puede ayudar a realizar la acción, también es muy probable que nos podamos olvidar. Para eso, es fundamental generar un recordatorio, anotando en papeles, en algún calendario, en el celular, o poniendo una alarma todos los días a la misma hora.

Seguramente con el tiempo ya no los necesitemos para crear el hábito porque ya lo hemos incorporado, pero al principio nos ayuda a no pasarlos por alto.

4. Ir de a poco

Hay determinados hábitos que no se pueden generar de un día para el otro. Por ejemplo, si soy alguien que no suelo hacer deporte, no puedo pedirle a mi cuerpo correr 30 kilómetros por día. Es mejor ponerse objetivos que los pueda ir haciendo y que sean posibles. Si soy alguien que no suelo hacer ejercicio, quizá al principio puedo proponerme correr 15 minutos por día.

O por ejemplo, si no leo mucho y quiero comenzar, pueden ser 20 minutos cada día hasta ir afianzando esta repetición y quizá a medida que vaya pasando el tiempo poder extender esta duración.

5. Objetivos claros, concretos y medibles

Para no quedar en ideas vagas y que esta repetición de la acción no varíe todos los días, es preciso establecer algunas pautas. Hay que intentar que este objetivo que planteamos sea claro, no algo confuso, que se puede llevar a cabo y sobre todo, que sea medible.

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Por ejemplo, si me decido a meditar todos los días, poder elegir un horario del día y el tiempo que voy hacerlo. Esto ayuda a que el hábito pueda irse fortaleciendo con el correr de los días. De lo contrario, si uno, por ejemplo en este caso, cambia el horario en que lo hace continuamente, se corre el riesgo de que ese hábito termine desapareciendo.

Tener objetivos claros nos ayuda a ordenar nuestra mente y a que se vaya fortaleciendo. Además, nos puede ayudar a darnos cuenta si cumplimos realmente con lo que nos habíamos propuesto.

6. Recompensa

Si realizamos la acción, puede ser bueno poder darnos una recompensa por eso. Eso nos puede motivar también a realizar esta acción por más de que ese día no estemos con ganas.

Por ejemplo, si me propongo caminar cinco kilómetros por día, al terminar con esta actividad, me puedo comer una barra de chocolate. Es solo por poner un ejemplo, lo que sí es bueno darnos pequeños alientos que nos ayuden a seguir realizando las acciones.

7. Tener un plan B

Puede pasar que por diversas razones el hábito sea interrumpido. Es bueno para esto contar con un plan B, es decir, con otras opciones viables.

Si caminaba todos los días pero me doy cuenta que ahora no puedo. ¿Cómo puedo cambiar este hábito? ¿Lo puedo intercalar cada dos días? Para esto es importante la creatividad, es decir, buscar opciones alternativas en caso que no puedas seguir desarrollando el hábito como lo había planeado.

8. Prueba de 30 días

Ponernos un plazo muy largo para desarrollar este hábito nos puede generar el efecto contrario, que terminemos dejándolo. Se dice mucho que para generar un hábito se necesitan 21 días. Esto es cierto pero también, algunos estudios hablan de más tiempo.

Para darte cuenta si realmente este hábito te está ayudando y, como escribía antes, el para qué lo estás realizando, si tiene algún sentido, es bueno ponerse el plazo de 30 días seguidos. Puede ayudar ir anotando cada día si ese hábito fue hecho o no.

Crear hábitos que nos ayuden a sentir mejor

Hay acciones repetidas que nos pueden ayudar a estar más saludables y a sentirnos bien con nosotros mismos. Nombro dos ejemplos.

  • Dormir bien: lo aconsejable son ocho horas. En este momento se produce la “limpieza de nuestro cerebro”, es decir, las sustancias tóxicas generadas durante el día son eliminadas en el sueño. Descansar bien nos puede ayudar a rendir mejor en el día y disminuir nuestro cansancio. Puede ser bueno tener algunas técnicas de relajación y evitar el contacto con las pantallas, es decir, evitar los estímulos visuales.

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  • Hacer ejercicio: a veces el trabajo o nuestro ejercicio mental son muy grandes y necesitamos poder descargar con el cuerpo. Al estar abrumados con lo que hacemos, poder tomarnos un tiempo para hacer deporte nos puede ayudar a volver más renovados a las tareas.

Conclusión

Sabemos que crear hábitos sostenidos en el tiempo puede resultar difícil, pero si uno sabe por qué los está haciendo, puede ayudarnos a seguir continuando. Es verdad que se necesita de una gran voluntad, pero hay que tener en cuenta que una vez que hayamos logrado un buen plazo repitiéndolos, nos va a costar menos hacerlos porque los hemos internalizado.

Algo que antes nos podía costar un montón, ahora es parte de nuestra vida, como puede ser el caso de bañarnos, lavarnos las manos o los dientes. Si pasa eso, felicitaciones, haz incorporado un nuevo hábito a tu vida.

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