Hablemos de drogas: cómo detectar si tu hijo consume

Muchas veces los padres no sabemos cómo abordar con los hijos el tema y se abren en la familia silencios peligrosos. La doctora Mariana Lestelle comparte algunas claves para charlar sobre el uso de sustancias y sus riesgos.

La enfermedad adictiva tiene estadios: uso, abuso y dependencia. No importa cuál sea la droga. Tener problemas con la ley, consumir la sustancia aun sabiendo que provoca deterioro físico, consumir e incurrir en situaciones peligrosas, tener disputas continuas con los afectos, incumplir en el trabajo o con las tareas cotidianas, hablan del abuso de una sustancia.

La dependencia se instala cuando, además de lo anterior, se agrega: tolerancia, cada vez se requiere más droga y consumirla cada menos tiempo para obtener el efecto deseado; síndrome de abstinencia, que es un conjunto de síntomas y signos desagradables, en general opuestos a los que produce la sustancia que se consume, y que cesan al administrarse la sustancia nuevamente; y compulsión por obtener la sustancia. La vida solo gira en torno a drogarse.

Cuando se es dependiente (adicto) no hay razón ni voluntad que valga. Puede existir el deseo momentáneo de querer salir de la situación, pero ese deseo es olvidado en la próxima dosis

El NIDA (Sigla en ingles: Instituto Nacional de Abuso de Drogas) habla básicamente de cuatro motivos que llevan a una persona a consumir una droga:

  • Sentirse bien
  • Sentirse mejor
  • Por curiosidad
  • Por presión de pares

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La importancia de decir la verdad

Cuando uno habla de una enfermedad, o de las causas que la provocan hay que decir la VERDAD. La gente consume drogas porque dan placer, el tema es tener la información para saber A COSTA DE QUÉ se produce ese placer.

Cuando se habla con adolescentes, principal población en riesgo, hay que partir de una realidad estadísticamente concreta. Parte del auditorio ha consumido alcohol en exceso el fin de semana, y otros, han probado las drogas o conocen a alguien que ha incurrido en estas conductas.

Si comenzamos diciendo “la droga es mala y te mata”, con el discurso apocalíptico, automáticamente dejan de escuchar

Porque lo más probable es que si consumieron alguna droga la hayan pasado bien. Son pocos los que tienen la suerte de tener reacciones desagradables ante el uso por primera vez: terminan internados, lo que genera alarma en ellos y en sus familias.

Hay que escuchar qué dicen los jóvenes. Si pregunto: ¿qué saben de drogas? Las respuestas de ellos son sorprendentes. En una misma charla me dieron tres respuestas interesantes: “la droga te relaja, te alucina, te desinhibe”; “la droga te quema el cerebro”; “la droga actúa sobre el sistema nervioso”. Dije, “qué bien informados, los tres tienen razón”.

Resulta interesante plantear la metáfora de la computadora. Todos los chicos conocen cómo funciona una PC. Si preguntamos qué pasa cuando entra un virus al sistema, básicamente contestan dos cosas: que la computadora se “muere de una” o que de a poco empiezan a fallar todos los programas.

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Es útil establecer la analogía computadora-cuerpo. Cuando se consumen drogas, nuestro organismo puede colapsar súbitamente, habitualmente por la acción de las drogas sobre el sistema cardiovascular o respiratorio, o puede ir tildando programas de a poco, que se van expresando por los síntomas que les comentaba anteriormente, habitualmente alteraciones de la conducta. Puede haber manifestaciones orgánicas como el insomnio, la irritabilidad, las palpitaciones, el dolor de pecho.

Con esto, básicamente, los jóvenes entienden A COSTA DE QUÉ ES EL PLACER que obtienen transitoriamente consumiendo una droga, sea esta legal o ilegal.

Comprendiendo la adicción como enfermedad, trato de que ejerzan la solidaridad que ejercerían ante otra enfermedad. Les pregunto: ¿si a un compañero le duele la panza, o tiene fiebre, o se siente mal, qué hacen? La respuesta es unánime. Siempre consultan con un adulto porque el amigo puede tener algo serio y se necesitaría la intervención de un médico.

 

Cuando les pregunto qué hacen cuando ven un compañero que falta seguido, que saben que toma mucho el fin de semana o se está juntando con otros chicos que consumen, obtengo como respuesta un silencio espectral. ¿Por qué? Porque los chicos creen que son “buchones” si recurren a un adulto.

Hay que enseñarles que deben actuar de la misma manera, porque las enfermedades no son legales o ilegales, morales o inmorales, son enfermedades y SIEMPRE requieren de la intervención de un adulto para llegar rápidamente a la consulta médica

A los padres, básicamente les doy la misma información. Hay que marcarles la importancia del límite, que un adolescente no puede hacer siempre lo que quiere, que hay que controlarlos, conocer a los amigos, estar despiertos para ver en qué estado llegan a casa. Que hay que estar atentos a los cambios de conducta sostenidos, a los cambios de actividades y de amigos. Que hay que revisar, si hay gotas para los ojos, papeles para armar o restos de algo que parece yerba en la mochila. Y que, ante la duda, hay que consultar tempranamente, al igual que lo haríamos si un hijo tuviese fiebre.

Es el considerar la patología como vergonzante lo que, muchas veces, nos hace mirar para otro lado mientras la enfermedad avanza. Pensamos siempre que le pasa al hijo de otro, pero puede ser el nuestro.

 

  • Publicado en el espacio de Mariana Lestelle en Noticias.

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