Las deudas de la gestión matan más que el Covid: las angustias de los especialistas en terapia intensiva

En distintas notas, y en Buena Vibra, médicos intesivistas comparten inquietudes y coinciden en un mismo reclamo: el descuido del capital humano que hoy tiene en sus manos el “deber” de salvar vidas.

Hoy me voy aponer serio… Muy serio. Acabo de leer el artículo escrito por el Profesor Dr. Omar Disanto, médico intensivista de la UNNE. Estoy admirado por la claridad y certeza de su escrito («Sálvese quien pueda»: un médico alumbra la cara chaqueña de la pandemia) y por la valentía de escribirlo en momentos en que las autoridades del Hospital Perrando atacan con armas judiciales a la médica residente Dra. Corina Nerea Acosta, del servicio de Terapia Intensiva.

Me resulta extraordinariamente llamativo que los dos, una en el comienzo de su carrera profesional como Residente y otro en su cúspide como Profesor, estén denunciando exactamente lo mismo.

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En palabras de mi amigo “Chicho” Disanto… “En medicina se sabe que el evento catastrófico tendrá mayor impacto en el menos preparado y es lo que estamos viendo con el impacto del Covid-19 en Chaco”. Las cifras de infectados y muertos lo demuestran.

Yo también soy médico intensivista. Los que alguna vez nos inclinamos por esta especialidad no lo hemos hecho por alguna peregrina especulación… Lo hemos hecho por “vocación”.

En las salas de Terapia Intensiva sucede algo mágico. Sucede el oscilar de una frágil balanza en cuyos platos están nada menos que la vida y la muerte

La inclinación de esa balanza depende en buena parte de las decisiones que tome el médico intensivista. La clave está en esas “decisiones”, detrás de las cuales están largos años de estudio, de noches sin dormir, de libros y más libros, de asistir a cursos y congresos y de poner en cada “decisión” la salud de sus coronarias y su salud mental en juego. Un juego apasionante al que los intensivistas nos entregamos por entero.

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Como lo están haciendo todos los intensivistas del país, entre ellos la Dra. Acosta y el Dr. Disanto en el Chaco, y todo el equipo de profesionales y técnicos que los acompañan. Lo están haciendo con la salvedad de que la palabra “juego” no es ningún juego. Es una batalla en la que tanto el paciente como el intensivista confiado a su cuidado pueden perder la vida, nada más y nada menos.

Dice Disanto en el final de su artículo: “Toda esta tragedia tiene una sola explicación: NUNCA ESTUVIMOS PREPARADOS PARA LA CATÁSTROFE. Y así nos está yendo, improvisando sin rumbo fijo, en un sálvese quien pueda. Reaccionemos. Falta mucho todavía”.

Tanto la apelación de la Médica Residente como la del Profesor nos interpelan a todos los que elegimos esta profesión. Nosotros, los “médicos”, deberíamos REACCIONAR. Yo vivo en Salta, no encuentro otra manera de “reaccionar” que escribir este llamado a la reflexión de toda la comunidad médica, inspirada por el ejemplo de estos dos PROFESIONALES. Dos profesionales de fuste que se merecen que la comunidad médica escuche su llamado y los apoye. Merecen que ¡HAGAMOS ALGO! Por favor, hagamos algo.

Esos dos profesionales merecen todo mi respeto y merecen el apoyo de todos los médicos que compartimos sus angustias, en especial los médicos chaqueños. La pelota está en su cancha, médicos chaqueños. Desde mi lejana posición, quisiera ver cómo la juegan…

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El Chicho Disanto es un amigo mío. Le tengo un cariño entrañable. Alguna vez me confesó que eligió su especialidad inspirado en verme a mí lidiando con los pacientes en la guardia del Hospital Escuela y en su Terapia Intensiva. Me siento en la obligación moral de apoyar su reclamo.

No tengo su contacto. Les pido por favor que, si alguien lo tiene, le reenvíe mi opinión y mi “reacción” a su excelente artículo. Y lo mismo a la Médica Residente Dra. Acosta. No creo que les sirva de mucho, pero sí creo que no es una mala idea que alguien, aunque esté lejos, concuerde con ellos. ¡¡¡GRACIAS colegas!!!

Y gracias a los que estuviesen dispuestos a leer mis catarsis. Esa catarsis es para mí muy importante, porque surge ante mi impotencia de ver el desastre en el que estamos inmersos y de los incompetentes que la están gestionando.

  • Fuente: Dr Rafael Espinoza, médico intensivista.

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