Coronavirus: cómo evitar tocarse la cara 30 veces por hora

Tocarse la cara es un acto reflejo que hacemos aproximadamente 500 veces por día. Cómo evitarlo en tiempos de COVID-19 y La opinión de expertos.
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Distintos expertos en comportamiento hablan sobre los hábitos que debemos adoptar o cambiar en este momento que nos toca atravesar la pandemia por el coronavirus. Ellos proponen herramientas que nos muestran cómo hacer lo correcto y enfatizan en decir que esta es la nueva normalidad.

Sabemos que el coronavirus se puede propagar a través del contacto con superficies contaminadas. Por eso la OMS llama a evitar tocarse la cara. Pero no es fácil, ya que se trata de una conducta repetida e inconsciente durante el día. Y ante la advertencia de no tocarse la cara ya que es peligroso para la salud y para combatir la pandemia de COVID-19, es lógico que todos estemos de acuerdo. Pero aún así, todos nos tocaremos los ojos, la nariz o la boca varias veces antes de terminar de leer esta nota.

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¿Por qué ocurrirá esto?

Porque así es el comportamiento humano, aunque nos repitamos una y otra vez que no hagamos algo y estemos convencidos de eso, no dejaremos de hacerlo tan fácilmente.

Todos tenemos grandes dificultades para cambiar de hábitos, aunque involucren un perjuicio para nuestra salud, un claro ejemplo son los fumadores que ante tanta evidencia científica del mal que provoca el cigarrillo, no es fácil que dejen el hábito de fumar. En el contexto que vivimos hoy, en medio de la pandemia por coronavirus, hasta que se encuentre un antiviral o una vacuna, tenemos claro que nuestro comportamiento es lo único que nos va a salvar.

Se calcula que cada persona se toca la cara alrededor de 500 veces al día

Como dicen los médicos y demás expertos, las únicas herramientas que tenemos a mano para luchar contra el virus, son del siglo XIX o antes:

  • Ponernos correctamente el tapa boca y nariz.
  • No tocarse la zona T de la cara (ojos, nariz, boca).
  • Mantener la distancia física de al menos 1.5 mts.
  • Restringir las salidas.
  • Impedir las visitas en casa.
  • Toser en el interior del codo
  • Lavarse muy bien las manos con agua y jabón.

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Estos nuevos hábitos, que hoy son nuestro único método de prevención, podríamos fácilmente incorporarlos en nuestra rutina diaria. ¿Qué opina la ciencia sobre este tema?

Cómo incorporar nuevos hábitos saludables

Robert West, de la University College de Londres (UCL), indica que “Debemos aumentar la atención que prestamos a los comportamientos que las personas pueden adoptar para protegerse a sí mismos y a los demás”, explica este especialista en ciencia del comportamiento aplicada a la salud. “No podemos pensar que será suficiente solo con contarle esto a la gente; necesitamos ir mucho más allá en la capacitación y el apoyo de las personas para que hagan estas cosas de manera efectiva”.

Así también cuando se le propone a una persona que padece obesidad que lleve una alimentación saludable, tanto la comida sana como la adhesión al cambio de hábito debe mantenerse en el tiempo. Pero no es tan fácil incorporar el nuevo hábito.

Y cuando hablamos de cambios de comportamientos implica una exigencia profunda que conlleva hacer cambios en nuestra forma de ser y de socializar. Veamos unos ejemplos:

  • Lavarse las manos es una acción concreta y positiva en la actualidad, por lo que será más fácil de incorporar.
  • Toser y estornudar en un codo se puede practicar hasta incorporar el reflejo.

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Cómo incorporar hábitos de no-acción

Pero es casi imposible incorporar mentalmente una no-acción como no tocarse la cara, cosa que hacemos entre 10 a 35 veces por hora, porque para lograrlo se deben utilizar comportamientos que la frenen o sustituyan. Un estudio del Behavioural Insights Team, dió como resultado por ejemplo practicar estos comportamientos:

  • Tener siempre pañuelos limpios a mano.
  • Usar el revés de la muñeca para rascarse.
  • Acostumbrarse a meter las manos en los bolsillos.
  • Entrelazar los dedos o cruzarse de brazos con las manos bajo las axilas.

Después de la epidemia de Gripe H1N1, algunos hábitos como lavarse bien las manos y toser en el pliegue del codo fueron quedando registrados en la mayoría de la población. Pero hoy estamos frente a la mayor crisis sanitaria mundial y nos cuesta entender la importancia de que la solución a semejante problema por ahora sólo está en nuestra mano y sencillamente se trata de no tocarnos la cara.

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Según la especialista Susan Michie (UCL) y Richard Amlôt, jefe de Ciencia del Comportamiento en la Salud Pública inglesa, la capacidad de llevar a cabo comportamientos de protección personal requiere básicamente que las personas comprendan:

  • Lo que debe hacerse.
  • En qué circunstancias precisas debe hacerse.
  • Cómo hacerlo.
  • Por qué es importante.

También requiere el desarrollo de habilidades y técnicas apropiadas, como por ejemplo aprender determinadas rutinas de limpieza o colocación de mascarillas. Para que esto de resultado las entidades de gobierno y salud deben transmitir a la población las pautas a seguir, y además es fundamental la motivación, es decir que las personas deben sentir una gran necesidad de hacer la prevención por sí y porque de eso depende el bien común.

Entra en juego el factor social y el reproche social. Ver a todo el grupo social realizar las mismas rutinas de prevención, impulsan a cada individuo a hacerlo también

“Es necesario resaltar y mostrar a las personas que hacen lo correcto y enfatizar que esa es la nueva normalidad”. “Los humanos tienen mecanismos incorporados para imitarse unos a otros. Es decir que cuanto más mostremos a las personas realizando los  comportamientos que queremos promover, más personas seguirán automáticamente este liderazgo”, explica Robert West.

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Y sigue diciendo que el estudio señala que diferentes comportamientos de protección personal parecen requerir diferentes tipos de intervención, como por ejemplo:

  • La persuasión para motivar, también ayudas, incentivos y castigos.
  • Es fundamental la confianza y credibilidad en la autoridad que recomienda estas acciones.
  • La polarización y la desinformación pueden socavar esa respuesta responsable del público.

Y da como ejemplo lo que ocurrió durante la crisis del ébola, las recomendaciones sanitarias se pusieron en manos de los líderes religiosos de las comunidades de Sierra Leona, después de que los expertos extranjeros lo intentaran sin éxito.

“No podemos pensar que será suficiente solo con contárselo a la gente; necesitamos ir mucho más allá en la capacitación y el apoyo de las personas para que hagan estas cosas de manera efectiva”

La ciencia del comportamiento humano, ha avanzado mucho durante los últimos 100 años cuando en un brote de gripe el distanciamiento social y el uso de mascarillas no se consideró preventivo, pero hoy sí nos proporciona herramientas que nos ayuden a no cometer aquellos errores.

Esa fuerza de lo colectivo también se puede notar en cada comportamiento de protección, asegura Reicher: “La clave con las mascarillas es que no te protegen a ti de los demás, protegen a los demás de ti”.

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