Drogas: es más eficaz educar y reducir la demanda que prohibir la oferta

Hablemos de prohibir. Durante la Ley Seca impuesta en EEUU a principios del siglo XX, el alcohol estaba prohibido, pero no por eso dejaba de consumirse y sólo se comercializaba en el mercado negro, siendo de peligrosa calidad y causando decenas de miles de muertes y otros daños permanentes a la salud.

Hoy, 80 años después, tenemos una situación parecida con ‘las drogas’. Los estrictos niveles de regulación sobre varias sustancias psicoactivas, entre las que se encuentran las “de síntesis” que suelen utilizarse en fiestas electrónicas, como el MDMA (éxtasis), genera situaciones de riesgo para la salud de los consumidores que, sin saberlo, compran drogas en el mercado negro que son vendidas bajo el nombre de éxtasis, pero que en realidad son algo totalmente diferente o una mezcla con quién sabe qué.

Es muy probable que lo que consumieron los chicos en la fiesta en Costa Salguero no sea sólo MDMA sino una mezcla con PMMA (para-metoxi-metil-anfetamina, la pasti con el loguito de Súper Man), una droga de gran toxicidad que se suele comercializar como ‘éxtasis’ o utilizada para adulterar las pastillas de MDMA, y quizás algo de alcohol.

Bailar mucho tiempo, mucha gente, poco líquido (agua) o bebidas alcohólicas, una sustancia que aumenta la temperatura corporal y causa alteraciones del ritmo del corazón (MDMA y/o PMMA) ¿Qué puede salir mal?

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La reducción de daños como medida de salud pública entiende que hay personas que desean consumir sustancias psicoactivas y, en lugar de perseguirlos, genera las condiciones para que lo hagan de una manera en la que los usuarios no pongan en riesgo su vida. Por ejemplo, una ONG de Barcelona llamada Energy Control, dispone de stands informativos en fiestas electrónicas masivas, donde además las personas pueden llevar ahí sus drogas y conocer su composición química mediante un rápido análisis.

Podríamos empezar a conocer, educar, informar, buscar más evidencia y usar la evidencia que ya tenemos para diseñar políticas que busquen tanto respetar las libertades individuales como concientizar e intentar minimizar los daños propios y a terceros; podríamos prevenir el consumo y promocionar la salud, tratar de reducir la demanda en lugar de perseguir la oferta.

En cambio, elegimos el prohibicionismo, la penalización y la persecución, que nos llevan a más inseguridad, más inversión inútil del Estado, menos libertad y más pibes dañados o muertos por no tener idea de lo que están tomando.

Lo último que hace la “guerra contra las drogas” es cuidar a las personas.

 

Por Dr. Carlos Damin. Profesor Titular de Toxicología de la Facultad de Medicina – UBA Jefe de la División de Toxicología del Hospital Fernández. Presidente de Fundartox.

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