Aumentan los casos de cáncer asociados al hígado graso

Si bien la cirrosis es una de las principales causas, hay cada vez más casos ligados al hígado graso. Signos de alerta y tratamiento.

El cáncer de hígado o hepatocarcinoma se desarrolla fundamentalmente en pacientes con cirrosis. En Argentina, los principales factores de riesgo son la cirrosis por virus de la hepatitis C y la cirrosis alcohólica. Sin embargo, en los últimos años ha ido cobrando relevancia una tercera causa: la esteatohepatitis no alcohólica, más conocida como hígado graso (acumulación de grasa alrededor de este órgano, producto de una alimentación poco saludable y vida sedentaria). Esta condición, tras 10 ó 20 años de evolución -muchas veces silenciosa y asintomática- puede llevar a la cirrosis y, consecuentemente, a la aparición del cáncer.

Expertos de la Asociación Argentina para el Estudio de las Enfermedades del Hígado (AAEEH) afirmaron que aproximadamente 1 de cada 5 personas que llega al trasplante de hígado por cirrosis presenta asociado el diagnóstico de hepatocarcinoma. Por eso, desde la asociación se destaca la importancia de la vigilancia o monitoreo a estos pacientes cada 6 meses para arribar al diagnóstico del tumor temprano, lo que incrementa las chances de curación.

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Hígado graso y cáncer

“A nivel mundial, se ha observado que las personas con hígado graso que llegan a la cirrosis presentan un riesgo aumentado de desarrollar cáncer de hígado. Por eso, es un factor de riesgo que hoy se tiene cada vez más en cuenta”, señaló la Dra. Beatriz Ameigeiras, presidente de la AAEEH.

El hígado graso no alcohólico es una condición muy prevalente en personas que, a través de los años tienen manifestaciones del síndrome metabólico, es decir, obesidad, diabetes, hipertensión y aumento de los triglicéridos en sangre

“Es un síndrome que suele desarrollarse en forma silente o con pocos síntomas y, luego de muchos años, puede llevar a que un paciente con hígado graso e inflamación del hígado desarrolle cirrosis y cáncer”, sostuvo la Dra. Valeria Descalzi, miembro de la (AAEEH), coautora de las últimas Guías de Diagnóstico y Tratamiento del Hepatocarcinoma que presentó esta asociación.

La esteatosis hepática no alcohólica, más conocida como ‘hígado graso no alcohólico’, se asocia a sedentarismo, mala alimentación y cada vez más se la vincula a largo plazo con el desarrollo de cirrosis y cáncer de hígado.

En la misma línea, el Dr. Federico Piñero, que también fue coautor de las Guías elaboradas por la AAEEH y médico de planta de la Unidad de Hígado y Trasplante Hepático del Hospital Austral, informó que en el hepatocarcinoma, el principal factor de riesgo es la enfermedad hepática crónica en fase de cirrosis de cualquier origen. Las dos causas más frecuentes de cirrosis en el país son la hepatitis C y el consumo crónico de alcohol.

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“Sin embargo, en los últimos años a nivel mundial y también local se observó un aumento de este tipo de cáncer por hígado graso no alcohólico. Dentro de las características epidemiológicas de este tumor, los hombres tienen más riesgo y la mediana de edad para su aparición es entre los 50 y 60 años, dependiendo de la historia de enfermedad hepática previa”, manifestó el experto.

El cáncer primario de hígado o hepatocarcinoma es el sexto en incidencia a nivel mundial, con 840 mil casos nuevos por año en el mundo. Por eso es necesario monitorear cada 6 meses a quienes tienen cirrosis para diagnosticar tempranamente la aparición del tumor

Si bien el cáncer de hígado, según datos recientes de la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC), se ubica sexto a nivel mundial, con 840 mil casos nuevos por año en el mundo, presenta una elevada mortalidad, dado que suele diagnosticárselo tardíamente, convirtiéndose en la cuarta causa de muerte por cáncer en términos globales.

En Occidente es más prevalente el hepatocarcinoma por cirrosis por virus de la hepatitis C. Tanto es así que en un número significativo de los individuos que adquirieron la infección 30 ó 40 años atrás, cuando la incidencia de la misma era elevada, actualmente presentan cirrosis y han desarrollado cáncer de hígado. Por eso es importante curar a tiempo a toda personas con hepatitis C.

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La importancia del monitoreo

Como en la gran mayoría de los tumores, el diagnóstico tardío de este cáncer se asocia a un peor pronóstico, por lo que se recomienda llevar adelante un programa de vigilancia en personas con cirrosis.

“Así como las mujeres tienen un programa de vigilancia en cáncer de mama, en cáncer de hígado también existen programas para diagnosticarlo en etapas tempranas, lo cual ofrece una mejora en la sobrevida. Dicho programa es recomendado para todos los pacientes con cirrosis y en aquellos con hepatitis B crónica, hepatitis C con un grado de fibrosis alto y también para personas con historia familiar de este cáncer”, sostuvo el Dr. Piñero.

Es fundamental abordar el tratamiento de la hepatitis C para curar a tiempo a todas las personas que tienen esta enfermedad y así evitar que desarrollen cirrosis e incrementen su riesgo de cáncer. También es importante crear estrategias para disminuir el consumo de alcohol, instaurar programas para el manejo del síndrome metabólico, algo en lo que pueden intervenir no sólo los especialistas en hepatología, sino también diabetólogos, cardiólogos, y nutricionistas. Las guías de manejo de hepatocarcinoma publicadas recientemente por la AAEEH no sólo tienen lineamientos para los socios, sino para toda la comunidad médica en general, para que se monitoreen factores de riesgo en pacientes que pueden llegar a desarrollar hepatocarcinoma, se implementen adecuados métodos de vigilancia y, una vez detectado el cáncer, se instauren la mejores estrategias de tratamiento disponibles”, detalló la Dra. Descalzi, jefa de Hepatología de la Unidad de Hepatología y Trasplante Hepático del Hospital Universitario Fundación Favaloro.

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Tratamiento del cáncer de hígado

El abordaje de este cáncer varía de acuerdo con el estadio en que el paciente sea diagnosticado, con el grado de enfermedad hepática concomitante y si tiene o no una cirrosis descompensada.

“En estadios tempranos, se puede optar por tratamientos locales como la ablación por radiofrecuencia, que quema el tumor, o la resección quirúrgica en algunos pacientes con enfermedad hepática compensada e incipiente. El trasplante también es una alternativa que puede ser aplicada tanto en pacientes con enfermedad hepática compensada como descompensada. En pacientes en estadios intermedios, que no son candidatos ni a una operación ni a trasplante, se puede aplicar quimioterapia local, directamente hacia el tumor, es un tratamiento endovascular. Por último, en estadios avanzados se usan fármacos de primera y segunda línea”, concluyó el Dr. Piñero.

¿Qué es la enfermedad por hígado graso?

El hígado es el órgano más grande dentro del cuerpo. Ayuda a digerir los alimentos, almacenar energía y eliminar las toxinas. La enfermedad por hígado graso es una condición en la que se acumula grasa en el hígado. Hay dos tipos principales: enfermedad del hígado graso no alcohólico y enfermedad del hígado graso por alcohol, también llamada esteatosis hepática alcohólica.

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La enfermedad del hígado graso no alcohólico es un tipo de hígado graso que no está relacionada con el consumo de alcohol. Existen dos tipos: hígado graso simple (hay grasa en el hígado, pero poca o ninguna inflamación o daño en las células del hígado) y Esteatosis hepática no alcohólica, donde existe inflamación y daños en las células del hígado, y grasa.

La enfermedad por hígado graso afecta a cerca del 25 por ciento de la población en el mundo. Así como las tasas de obesidad, diabetes tipo 2 y colesterol alto están subiendo en el mundo, lo mismo ocurre con la tasa de enfermedad por hígado graso

Síntomas del hígado graso

En general, tanto la enfermedad de hígado graso como la enfermedad del hígado graso por alcohol son condiciones silenciosas que tienen pocos o ningún síntoma. Si presenta síntomas, puede sentirse cansado o tener molestias en el lado superior derecho del abdomen.

A la vez, su médico puede sospechar si obtiene resultados anormales en pruebas del hígado. En general puede verse en análisis de sangre y de imágenes, y a veces en una biopsia.

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