Insólito: buscan 2.500 mujeres para que paguen un parto en casa

Una campaña impulsada por la “matriactivista” española Jesusa Ricoy convoca a las mujeres para que ayuden a cubrir los gastos de un parto domicialiario porque el seguro social no lo paga.

Cuesta creerlo pero no es chiste: es una propuesta que está buscando donaciones en España y que pide apoyo de 2.500 mujeres españolas para cubrir los gastos del parto domiciliario de una mujer que no puede afrontarlo. La iniciativa es de Jesusa Ricoy, matriactivista y feminista, que cree que tantas mujeres unidas lograrán demostrar que “se puede” y eso hará que el seguro social comience a pagar los gastos de parir en casa, algo que las sociedades cintíficas rechazan a rajatabla.

Jesusa asegura que el “parto planificado en el hogar y asistido por comadronas” es “lo más recomendable en partos de bajo riesgo”, algo que todos los organismos de salud y sociedades científicas de España desaconsejan, como lo hizo el doctor Juan Gérvas, el presidente de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia: “Yo no le voy a decir a una señora que se opere de apendicitis en la mesa del comedor. Todo parto puede complicarse hasta la muerte”.

En consonancia con otras militantes del parto domiciliario, Jesusa dice que “el hospital tiene ventajas enormes para los partos con complicaciones o si la mujer ha tenido cesáreas, pero es muy intervencionista en partos normales y se generan cesáreas, ecografías y extracciones innecesarias o roturas de la bolsa”.

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Pero la mayoría de las complicaciones no se puede prever y lo recomendable, tanto para la madre como para el bebé, es estar en manos de gente que estudió muchos años para asistir cualquier urgencia: “Parir en un medio no hospitalario o sanatorial, cualquiera que éste sea, es altamente arriesgado tanto para la madre como para el bebé, aún en los partos de bajo riesgo. Yo no puedo asegurar que el bebé llegado el período expulsivo va a salir con total normalidad. La distocia de hombros, por ejemplo, es una condición totalmente imprevisible. Es cuando sale la cabeza del bebé y los hombros se traban. Aún estando en el hospital, en la camilla de partos, con asistencia de personal entrenado aparte del obstetra, cada vez que se nos presenta una es dramático. Dejamos el corazón en ese momento”, explica a Buena Vibra la médica obstetra Leonora Arditti.

“Vemos muchos casos de mujeres que llegan con el bebé en brazos y sangrando porque no se produce el alumbramiento, o sea que la placenta no salió… Hay que hacer el alumbramiento manual, dormir a la paciente y sacar la placenta… Cuando se hace el parto en el hospital estamos en quirófano, se acortan los tiempos y la sangre que se pierde es menos”, coincide una médica de una reconocida clínica del norte del conurbano bonaerense, donde reciben estos casos con preocupante frecuencia.

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El problema es que los casos en que algo sale mal, que no son pocos, se tapan. “Nosotros hemos tenido casos muy delicados en neonatología, e incluso bebés fallecidos o con serios problemas cerebrales, consecuencia de esta moda. No se denuncia porque los padres no cuentan lo que pasó, pero uno enseguida se da cuenta que hubo sufrimiento fetal”, cuenta una prestiosa profesional de unos de los sanatorios más conocidos de Capital Federal.

Jesusa Ricoy vive desde hace más de dos décadas en el Reino Unido, donde el parto en casa está cubierto por la Sanidad Pública. A principios de este año, una barcelonesa de 35 años que sigue el activismo de Jesusa en las redes, la contactó pidiéndole ayuda para que su hermana pudiese dar a luz en su hogar. Así nació ‘Se buscan 2.500 mujeres para un parto en casa’, o mejor dicho, 2.500 mujeres dispuestas a donar un dólar cada una para pagar los elevados costos del parto domiciliario “hasta que consigamos que nuestro derecho a parir en casa sea financiado por la Seguridad Social”, dice Jesusa.

El movimiento a favor de estos partos crece, como crecen los movimientos antivacunas. Más de 12.000 españolas ya han reclamado a través de Change.org que la Sanidad Pública asuma los gatos del parto en el hogar.

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Los planteos son, por lo menos, polémicos: “Cuando lo planteé a mi ginecóloga que quería parir en casa se enfadó muchísimo y me di cuenta de que quería ser la protagonista. Todo lo contrario que las comadronas que asisten en casa, que no te dicen lo que debes hacer sino que te dan opciones para que tú decidas de la forma más natural posible cómo quieres traer a tu hijo al mundo. Parir puede ser un disfrute, aunque hay gente que no lo entiende y te tratan como a una loca por no querer dar a luz en un hospital, como si estuvieras arriesgando tu vida”, dice una militante.

Para Jesusa Ricoy, el entorno es tan importante que puede facilitar un parto normal o generarnos un estrés innecesario y perjudicial para madre y bebé: “Las mamíferas parimos instintivamente en ambientes cálidos, íntimos y seguros, porque durante el parto se segrega oxitocina, la “hormona del amor”, que es responsable de las contracciones uterinas y la producción de leche, y en lugares tranquilos y relajados, como el hogar, el proceso es más fluido. Y al contrario, la adrenalina que producimos en situaciones de estrés puede interferir en un parto y hacer que se estanque o se acelere. Muchas prácticas obstétricas fueron creadas sin tener en cuenta el aspecto fisiológico del parto y lo tratan como una patología. La normalidad de la casa, en cambio, calma a madres y comadronas”, dice.

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Si te queda alguna duda, la Organización Mundial de la Salud lo dice con toda claridad:

 

 

 

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