La huella de la abuela materna en nuestro genes

La doctora en Biología Molecular Viviana Bernath nos cuenta porqué se “encienden y apagan” determinados genes y cómo se arma la “herencia” genética que nos constituye.

“Llego a mi casa, cansada, dejo mi abrigo en el living, entro a la cocina a prepararme un café y me encuentro a mi hija cocinando. Un poco de azúcar, unos huevos, chocolate… En unos minutos la mezcla estará en el horno. Ya sabemos que hoy, vamos a comer postre, una torta riquísima. Qué genial. Me encantan los dulces. Me voy a descansar un rato y pienso… salió a su abuela, a mi mamá, porque de mí, a cocinar, seguro que no aprendió. No me gusta y no sé cocinar”.

En estos últimos años, la ciencia nos está proporcionando respuestas a preguntas antes imposibles de responder. Una de tantas es la explicación de por qué heredamos algunas características de nuestras abuelas maternas que nuestras madres no manifestaron. Una de las respuestas está en las marcas epigenéticas que tiene el ADN.

Por otro lado, cuando nosotras -las mujeres- fuimos gestadas en el vientre de nuestras madres, ya portábamos todos los óvulos que íbamos a tener durante toda la vida en forma de ovocitos inmaduros. Estos irían madurando uno a uno para que (en algún momento de pasión) uno de ellos se uniese a algún espermatozoide y diera ese embrión que -luego de 9 meses- saldría a la luz como nuestro bebé. Lo maravilloso es que ese ovocito, que arrancó su ciclo en el vientre de una abuela, va a llevar algunas marcas epigenéticas que se manifestarán cuando ese ovocito cumpla todo su ciclo, o sea, cuando esa mujer que lo llevaba tenga su hijo. De ahí se explican hoy muchos de los parecidos entre nietos y abuelas maternas.

Un caso que se toma como ejemplo para explicar la epigenética es el de la impresionante hambruna que sufrió Holanda en el invierno de 1944 durante la segunda guerra mundial. Las mujeres que estaban embarazadas sufrieron una pésima nutrición que impactó como un gran estrés en los fetos que se estaban gestando (sobre todo si esas futuras mamás estaban cursando el primer trimestre). Estos cambios no fueron mutaciones en el ADN sino cambios en los grupos metilos en esas proteínas, las histonas, es decir epigenéticos. En este caso, el medio ambiente está representado por “la hambruna holandesa”, y ese medio ambiente provocó cambios epigenéticos que afectaron la fabricación de una proteína relacionada con el desarrollo del feto. Lo interesante es que estas marcas epigenéticas provocadas por la hambruna, no solamente se manifestaron en los hijos.

En la actualidad el encendido y apagado de los genes es uno de los temas centrales de investigación, ya que explicaría el origen de muchas enfermedades como la diabetes o las cardiovasculares y también aspectos de la personalidad individual, que hipotéticamente podrían abarcar desde la altura, la obesidad, el gusto por la lectura o la pasión por la cocina.

“¿Acaso, allá lejos y hace tiempo, mientras yo crecía en el vientre de mi mamá, y mi hija estaba en “modo ovocito”, cuando mi mamá cocinaba tortas riquísimas, le estaba transmitiendo alguna que otra marca epigenética a mi futura hija, relacionada con el placer por la repostería?”

Si bien por ahora no hay evidencias sobre cómo, cuándo y cuáles genes se encienden y apagan, es útil tomar un ejemplo ficcionado como el del gusto por la cocina para entender un mecanismo tan complicado como es el de la epigenética.

 

  • Por Viviana Bernath, doctora en Biología Molecular, Directora del laboratorio GENDA y autora del libro “Gente nueva” (Editorial Sudamericana).

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